ver más

¿Quiénes somos para juzgar a otros padres?

Cada vez que nos enteramos que algo le sucede a una familia amiga o conocida, siempre nos colocamos en la función de opinólogos, hasta que en algún momento eso que criticamos nos sucede en carne propia.

Muchas veces en todos los ámbitos, educativos, salud, o en la cotidianidad de nuestros vínculos diarios, nos aparece con mucha liviandad pero seguramente sin malicia, juzgar lo que hacen o dejan de hacer los otros. Y decimos y escuchamos comentarios o pensamientos como: ¿No se dan cuenta? Es obvio que a su hijo le pase eso conociendo a sus padres. Son muy violentos rígidos o demasiado permisivos.

Si fuera mi hija, deberían haber hecho esto o aquello, entre tantos y miles de otros comentarios parecería que uno tiene la posta cuando se trata de otros. En esos casos somos, médicos, psicólogos, especialistas que sabemos que se debería haber hecho, qué hacer, y por supuesto también hacemos futurología.

Opinar desde cualquier lado siempre parece fácil, somos genios opinando, qué hacer y qué estrategias usar, pero sin embargo, en la vida real, en nuestra casa, puertas adentro también suceden cosas, tan obvias y tan dramáticas como las otras. Entonces ahí mismo viene bien la pregunta:

¿Somos buenos padres? 

¿Nosotros como padres hacemos todo bien, o nos equivocamos?

Seguramente todos podamos dejar de enfocar con la linterna a los otros y mirar hacia adentro. Es entonces donde podemos experimentar que nada es tan fácil. Que lo que parece una pavada, o algo sin tanta importancia, pero cuando te pasa a vos cuesta un montón. Y ahí es cuando necesitamos que nos escuchen, que nos ayuden, que no te juzguen. Sentir que los demás son arte y parte de las soluciones y no quienes hacen leña del árbol caído.

Cuando nos pasa a nosotros, no es tan fácil, no es tan obvio, no nos sale espontáneamente, y no funciona el sentido común. Por eso es positivo pensar querer y hacer una reflexión y aprender poco a poco a moderar lo que digo y lo que  pienso. Y cuando hablemos de otros, se trata, en vez de buscar causas culpables y consecuencias busquemos soluciones.

¿O acaso no queremos todos lo mismo? que nos traten con amor, respeto y empatía, juzgar es propio de los humanos pero ayudar también. Elegimos cada día, que alimentar. Claro que es difícil pero no imposible.

* Lic. Erica Miretti, psicóloga. Neuropsicoeducadora. Docente.