Cambio climático: los desafíos de los agricultores ante la alarmante crisis ambiental
Las reglas del juego han cambiado. El cambio climático avanza, y el mundo está viviendo una crisis durísima en términos ambientales. Las temperaturas suben poco a poco, y la situación empeora cada día más. Sin ir más lejos, julio fue considerado el mes más caluroso de la historia, y se espera que la situación empeore a futuro.
En ese contexto, uno de los sectores que más sufre la presencia del cambio climático es la agricultura, un rubro que depende mucho de las contingencias climáticas, y que en el último tiempo ha tenido que sacar a relucir su ingenio para cultivar de manera óptima.
Para ello, los profesionales de la agricultura tienen diferentes formas de atravesar esta crisis, y una de ellas, es elegir un tipo de plantación que se adecúe al lugar o a la zona en donde desarrollan su actividad comercial.
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En diálogo con MDZ, el ingeniero agrónomo Miguel Cerezo explicó detalles de esta estrategia: “Obviamente, te va a limitar la superficie que vos puedas implantar. Otro de los temas es el agua, y ahí hay que fijarse que cultivo insume una cantidad de agua acorde a la disponibilidad climática que hay en el lugar”, señaló.
En esa sintonía, Cerezo contó que, debido a la profundización del cambio climático, las lluvias son cada vez menos, y por ende, la sequía es de mayor magnitud. Este panorama limita totalmente a zonas donde se planta soja, por ejemplo.
La zona por excelencia para este tipo de cultivos, es la pampa húmeda, que necesita un promedio de 1.300 milímetros de agua anuales. Sin embargo, el cambio climático afectó en las temperaturas, y ahora están atravesando por una sequía.
Sin embargo, el agua es indispensable para los cultivos, y no tenerla es un condicionante para los productores. Así lo desarrolla Miguel Cerezo: “Muchos agricultores tienen el agua por turno o la tienen que bombear. Vos necesitás usar el agua, pero las facturas de luz también son muy importantes”, señaló, y por lo tanto, son limitantes que conllevan a trabajar con más tecnología, con más eficiencia de riego, y así tener menos pérdida de agua, regando puntualmente la planta y no todo el suelo, según cuenta Cerezo.
El inconveniente es que realizar este trabajo requiere de mucha inversión, y es dinero con el que no todos los productores cuentan, y eso provoca que los agricultores se decidan por poner un cultivo invernal, como es el caso del ajo, que se planta en otoño, dura todo el invierno y llega hasta la primavera o verano, época en donde se cosecha.
Por ese motivo, Cerezo comenta que hay una serie de factores a tener en cuenta antes de cultivar, y los mismos tienen que ver, no solo con dinero, sino también con el clima, como se mencionó anteriormente, que están sufriendo una crisis mundial.
El cambio climático avanza a una gran velocidad, y ante este panorama tan complicado para la sociedad mundial, los agricultores deberán ingeniárselas para poder mantener de pie a su negocio. La naturaleza les ofrece una serie de variantes ante esta crisis, y los productores intentan aprovecharlas.

