Experiencia MDZ

Ser padre, ese desafiante rol generador de anécdotas insólitas

Los hijos nos interpelan cuando menos lo esperamos y muchas respuestas que nos exigen nos suenan más a la voz de nuestros padres que a la nuestra propia.

Francisco Rivarola miércoles, 16 de agosto de 2023 · 09:00 hs
Ser padre, ese desafiante rol generador de anécdotas insólitas
Padre e hijo.

Vengo de una familia sumamente conservadora donde la educación que recibí de chico tuvo más similitudes con la que recibió mi tatarabuelo que con la que yo intento darle a mis hijos, donde las cosas eran “porque sí” o “porque no” y punto, sin dejar asomar algún atisbo de debate.

Un tema tabú en mi familia era la educación sexual o “la charla”. La que me tocó a mí, nuevamente, fue muy parecida a la que mi abuelo le dio a mi papá y que mi papá replicó cuando su rol lo requirió.

Hace pocos años, estaba una tarde de verano con mi papá charlando de la vida y salió el tema de “la charla”, con algún tipo de reprimenda de mi parte hacia él. Su respuesta me sorprendió: “¿Vos sabés cómo fue la mía?”. Por supuesto que nunca me había planteado eso, así que lo dejé hablar. Resulta que mi abuelo lo llevó a mi papá a su cuarto un día y le dijo, “Hijo, quiero hablar con vos de hombre a hombre”. Lo sentó en la cama -notablemente incómodo con la situación- y le tiró sin ningún tipo de anestesia: “¿Vos sabés cómo vienen los bebés al mundo?”. Según el relato de mi papá, lo miró a los ojos y con un impulso que nunca supo de dónde salió le respondió un tajante “Sí”. Mi abuelo lo miró y dio por terminada su misión educadora. 

Luego de una breve pausa mi papá me miró y me dijo con los ojos bien abiertos como los de un chico contando una macana: “Por supuesto que yo no tenía ni idea…”.

El cuento sigue. Cuando fue el turno de mi papá de tener “la charla” con mi hermano mayor, repitió el mismo procedimiento. Le dijo a mi hermano que era momento de charlar de hombre a hombre, lo sentó en la cama y le preguntó: “¿Hijo, sabes cómo vienen los bebés al mundo?”, entendiendo que tenía la sartén por el mango y que solo quedaban unos segundos para terminar su misión educadora. “No” le contestó mi hermano destruyendo con dos letras todo rasgo de seguridad de mi papá, que automáticamente no supo cómo seguir. Había saltado al vacío, pero no encontraba su paracaídas. Mi hermano seguía ahí mirándolo, esperando algo que no iba a llegar nunca. Finalmente, pudo hilvanar un par de ideas y mi papá le dijo “¿Viste como los pajaritos?”, creo que la precoz sabiduría de mi hermano -que luego lo llevaría a ser psicólogo- lo hizo escapar de ese papelón y le tiró una soga a mi papá con un simple y dubitativo “Si, pa…”, “Bueno, así”, le volvió a responder él y huyó del cuarto y de la situación. 
Cuando fue mi turno, optaron por ir al videoclub del barrio y alquilaron “¿Qué me está pasando?”.

Hace algunos meses, durante un desayuno, me encontré con los ojos bien abiertos de mi mujer que sin pestañear me decía que los chicos estaban en una etapa de exploración hogareña y que ya varias veces había encontrado al de 8 revolviendo mis cajones. La advertencia venía por el lado de que al fondo de uno de esos cajones hay unos paquetitos plateados que pueden parecer chicles y que podían llamarle la atención a los chicos. El pedido de mi mujer claramente era que los tenía que cambiar de lugar. Obviamente, le prometí revisar y arreglar la situación, pero a los 3 minutos me olvidé y el peligro seguía latente.

Un buen día iba en el auto solo con Alejo y de la nada me pregunta: “Papá, ¿qué es Prime?”. Se me heló la sangre y lo único que podía ver eran los ojos de mi mujer bien abiertos con el inoxidable eslogan de pareja que acompaña cada una de mis omisiones: “Te lo dije”.

No estaba preparado para “la charla” y definitivamente quería cortar con el modus operandi de los hombres de mi familia en torno a esa situación. No sé bien de dónde emergió un “¿De dónde lo sacaste hijo?”, esperando ganar algo de tiempo mientras imaginaba su respuesta apuntando al cajón de mi mesa de luz…). “De ese cartel que dice Prime Video”, cotestó. Respiré, fui feliz y pude cerrar esa charla con un “Ahhh, como Netflix”. 

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