Día de la Independencia: “Si somos libres, todo nos sobra”
Hoy se conmemoran 207 años de la declaración de la independencia de nuestra Nación Argentina. La misma representó una arriesgada jugada por parte de los diputados que habían asistido al Congreso que se realizó en la ciudad de San Miguel de Tucumán en 1816. Decimos arriesgada porque, en ese momento, la gran mayoría de los movimientos revolucionarios se
hallaban en su punto más bajo, desde México hasta Chile, los patriotas habían sido derrotados por los realistas. Buenos Aires y su revolución, iniciada el 25 de mayo de 1810, era el único bastión que se mantenía en pie.
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A esto se le sumaba el hecho de que, Gran Bretaña ejercía su influencia en la región y les sugería a los revolucionarios que aún no era tiempo de proclamar la independencia de la metrópoli. Es en este contexto desfavorable, en 1816, y con el Congreso sesionando en pleno, que San Martín, desde su cargo de Gobernador Intendente de Cuyo ejerció su influencia sobre la Asamblea, a través de la correspondencia que intercambiaba con el diputado por Mendoza en el Congreso: Don Tomás Godoy Cruz, que era su hombre de confianza, incitándole a convencer a los diputados de la imperiosa necesidad de declarar la independencia.
Ejemplo de esto son las siguientes palabras del Gran General, escritas en una carta a Godoy Cruz: "Preciso es que nos
llamemos independientes para que nos conozcan y respeten…”, en otra , del 19 de enero de ese año 1816, se quejaba por la demora del Congreso en instalarse: "…cuándo empiezan ustedes a rendirse! Por lo más sagrado les suplico hagan cuantos esfuerzos puedan en lo humano para asegurar nuestra suerte…".
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En otra ocasión San Martín afirmaba que si él fuese diputado al Congreso, le haría notar a ese cuerpo como "americano, republicano por principios e inclinación, porque sacrifica estas mismas por el bien de su suelo..." que: "…El objetivo de la Revolución Americana fue ,desde un principio, independizarse del mando español..”. “… ¿Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra
independencia? ¿No es cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y escarapela nacional y, por último, hacer la guerra al soberano de quien se dice dependemos, y permanecer a pupilo de los enemigos?...”.
Fue por tal motivo que la fórmula del juramento de la Independencia, aprobada por el Congreso de Tucumán el 9 de julio de 1816, decía: "…Juráis por Dios Nuestro Señor y esta señal de la cruz, promover y defender la libertad de las Provincias Unidas en Sud América, y su independencia del Rey de España, Fernando VII, sus sucesores y metrópoli…?". No obstante ,y para disipar toda sospecha de querer independizarnos de España para luego ofrecer nuestro territorio a los ingleses, a los franceses o , incluso, a los portugueses, fue que en sesión secreta, el diputado por Buenos Aires, Pedro Medrano, pidió que en el Acta de la Independencia, se agregase a la fórmula del juramento, después del párrafo "…Fernando VII sus sucesores y metrópoli…", la aclaración "…y de toda dominación extranjera…".
El diputado basó su propuesta (la cual fue sancionada por el Congreso) en que así se conseguiría eliminar el rumor de que el Director Supremo y algunos diputados se proponían entregar el país a los portugueses. La presión constante, por parte de San Martín, sobre el Congreso se debía a que para poder concretar su ideario emancipador era necesario que la declaración de la independencia se proclamase de una buena vez, para que él pudiese llevar a cabo el cumplimiento de su Plan Continental de
emancipación de los actuales territorios de Argentina, Chile y Perú de la dominación hispana. Otro aspecto sobre el cual el libertador ejerció influencia sobre los miembros reunidos en Tucumán, fue el espinoso tema de la forma de gobierno a adoptar para la futura nación.
Si bien San Martín se proclamaba republicano, no obstante era consciente , al igual que Belgrano, que la nueva situación imperante en Europa, donde la “ moda” era “…monarquizarlo todo…” , determinaba que nuestra naciente nación argentina debería adoptar una forma , transitoria, de monarquía atemperada, es decir moderada por una constitución, al igual que había sucedido en España con la sanción de la Constitución Liberal de Cádiz de 1812, que buscaba limitar el carácter absolutista que había imperado en ese reino y en sus colonias, hasta el derrocamiento del rey Fernando VII y su posterior cautiverio, por parte del monarca francés Napoleón Bonaparte.
Como vemos, las cosas no eran sencillas para los congresales que pretendían erigir en 1816, en tal coyuntura, un nuevo país libre e
independiente, en el concierto de las naciones libres del mundo. El objetivo era difícil, mas no imposible. Y eso lo demostró el Congreso, al llegar al momento decisivo de votar la independencia y jugarse el todo por el todo, es decir, sus fortunas, personas y honras personales. Esto no haría más que demostrar que las proféticas palabras del libertador estaban en lo correcto, al decir que: “…¡Si somos libres, todo nos sobra… ” porque “… Para los hombres de coraje se han hecho las empresas!’.
* María Amali Mashad y Pablo Andrés Escribano son Profesores de Historia egresados de la FFyL de la UNCuyo.

