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Crimen de Joaquín: reflexiones sobre el conmocionante homicidio

El crimen de Joaquín S, de 14 años, en Laboulaye a manos de su mejor amigo de 13 años, según propia confesión, nos deja atónitos. Más allá del análisis criminalístico o las conclusiones legales de las que se ocuparan los abogados y jueces, es de interés reflexionar en otros aspectos.
Joaquín Sperani. Foto: Facebook familia Speroni
Joaquín Sperani. Foto: Facebook familia Speroni

Tanto éste caso, el de Joaquin, como aquel de Carmen de Patagones, Villa Gesell, el actual de Chaco, como el de tantos otros, irrumpen en nuestra cotidianeidad por las noticias de los medios de comunicación. Y los medios reproducen estos hechos en consonancia con una cultura actual de niños, jóvenes y adultos jóvenes de consumo de violencia; en juegos on line, en retos de TikTok, etc. Hay cierto disfrute en difundir lo macabro, sin ningún lugar para la reflexión acerca de la responsabilidad de la difusión, de la permanente repetición del evento fatal, de la tragedia sin el dolor que esto implica. Sin la consternación que provoca.

Se habla de cómo fue, qué dijo, dónde se encontró. Se habla de la cosa, del objeto, del cuerpo, sin lugar a los sentimientos, a lo más humano, sin lugar a los efectos que se causa en la población. Se insiste tanto en un tema que se banaliza y la gente queda paralizada, anestesiada. Esta situación ocasiona que niños, púberes y adolescentes que aún no tienen la madurez necesaria para
procesar emociones, se desensibilicen y así se amplíe la cultura de la mortificación y el desecho que no nos deja sentir ni pensar.

Esto compromete a toda la sociedad para tener reglas de conductas sociales y de consumo de noticias, de difusión con cuidado para no ser intoxicados. Que se dé la noticia pero que también se comente el dolor que ocasiona tanto a las víctimas y a su contexto, al agresor y a su contexto, a los oyentes y población general. Pienso en los compañeros de esos niños. En todos los niños que como ellos ven las noticias, cómo perciben el aniquilamiento de un par por otro par.

La imágen de los padres de Joaquín.

Se destroza el concepto de amistad, de intimidad, de confianza ya que hace posible que aquél que más quieres puede ser tu asesino. Lo vincular queda denigrado como valor a una edad dónde se necesita romper con el mundo de los padres para identificarte con los pares. Esto no se considera, es más, se pide justicia desde un lugar de ajusticiamiento, de aniquilación del otro,
reproducción de la misma violencia padecida en vez de proponer un homenaje a la vida del que se fue.

¿Qué secuelas deja esto? Cómo un asesinato (el hecho en sí) mata la sensibilidad de los espectadores. Todos sentimos pena por el niño que murió, pero también debemos sentirla por el niño que mató. ¿Qué nos pasó como sociedad que no pudimos ayudar a
ninguno de ambos? ¿Qué responsabilidad tenemos como adultos en la forma que damos a conocer estos hechos y que permitan a la sociedad crecer? ¿Qué derecho tenemos en vulnerar la identidad del otro?

Ese otro que queda como el asesinado o el asesino y pierde la identidad de quien fue. Hay un homenaje a la muerte y no a la vida. Pasa a ser importante porque se murió y no por lo que hizo, por lo que amó. ¿Qué nos pasa que nos volvemos ciegos a lo que le pasa a otro, a quien es el otro? ¿Qué pasa con nuestra capacidad empática? Estos hechos suceden alrededor de las escuelas, ese ámbito que es el escenario de lo que les sucede a los niño y jóvenes.

Repensar la escuela, pensar en dispositivos de socialización saludables, deportivos, artísticos. Repensar qué les brindamos a nuestros niños/as y jóvenes para que tengan experiencias de cuidado de sí y de otros, de expresión emocional, de vida en comunidad. Los inundamos de tecnología indiscriminada, de consumismo y no los estimulamos a sentirse valorados y valiosos, en desarrollar vínculos positivos, solidarios. Un mundo adulto que habla de hechos y no de contexto. ¿Dónde estaban los adultos de referencia?

Para que ocurra este hecho de violencia, para que el otro sea alguien a quien eliminar, destruir, dañar o dominar, para que ese otro
no exista para mí, es probable que yo tampoco exista para mí mismo. Que no me haya podido armar con la mirada de otro que me haya mirado tiernamente me haya dado identidad. Rescatemos como sociedad a esos niños. Rescatar del odio, la discriminación, el hostigamiento. Es responsabilidad de todos.

Silvia Baetti.

* Dra. Silvia Baetti, psiquiatra infantojuvenil.
Ig. @silviabaetti