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Por falta de espacio en la escuela, armaron un aula debajo de los árboles

Una secundaria técnica de Misiones continúa funcionando gracias a la creatividad del equipo docente y directivo que se las arregla con poco.
Algunas clases de apoyo usan el aula a la intemperie Foto: Gentileza
Algunas clases de apoyo usan el aula a la intemperie Foto: Gentileza

Desde hace diez años una escuela pública secundaria de Misiones, muy cerca de la frontera con Brasil, espera la construcción de nuevas aulas. Por ahora, un salón de usos múltiples dividido en tres son las aulas, es un edificio colapsado donde reciben educación técnica siete cursos. Por eso decidieron habilitar un aula más, sin paredes ni pisos. Los árboles son el único techo y los bancos nacen de palos clavados en la tierra.

Desde una mirada romántica de la conexión con la naturaleza, es un sueño estudiar y dar clases en ese aula, rodeada de selva. Algunos profesores incluso la prefieren en tardes de verano, cuando es mucho más fresco estar afuera, a la sombra. Aunque lo cierto es que esta opción es fruto de una creatividad obligada, por el crecimiento de la matrícula de estudiantes y la falta de recursos de la Escuela Provincial de Educación Técnica (EPET) 39, en la localidad de El Soberbio. El gobierno de Misiones licitó la construcción de un edificio para dictado de los talleres; pero hubo un problema con la empresa contratada y el proyecto cayó en manos de los tiempos judiciales.

Los estudiantes eligieron usar madera para armar los bancos.

Promesa de inicio del edificio escolar

Por eso la EPET 39 espera la construcción de un edificio desde que comenzó a funcionar, en 2013. Se había instalado un zoom (salón de usos múltiples) como edificio provisorio, pero “la matrícula de la escuela fue creciendo. Albergaría no más de 80 u 90 alumnos máximo y estamos recibiendo a 164 alumnos”, contó su director, Sergio Vallejos, a MDZ.

“Hay veces, en determinados horarios que no hay dónde dar clases. Entonces armamos unas tribunitas de madera a la sombra que fueron pensadas para el verano y muchas veces tenemos que dar clase así, porque no hay espacio. Le llamamos nuestra aula verde”, agrega Vallejos. Sobre el material de los bancos, el director cuenta que fue idea de los mismos estudiantes, “para darle ese toque ecológico”. Si bien la escuela tiene orientación electromecánica, “los chicos se interesan bastante en la ecología”, explicó.

Hoy iniciaría la construcción del nuevo edificio escolar.

Como toda escuela técnica, allí se cursa hasta sexto año, pero la matrícula ha crecido tanto que este año se abrieron dos primeros años. De ahí que haya siete cursos que ocupan el edificio mañana y tarde. En 2024 tendrán que abrir otro segundo año y la situación será aún más complicada.

Además de las tres aulas, cuentan con una sala pequeña que hace de dirección, secretaría, biblioteca y sala de profesores. Todo junto. Aparte hay un pequeño edificio donde se imparten los talleres. Ese mide 6 metros por 4 metros, detalla el director.  Allí a veces “meten” dos cursos; pero el día que asisten todos los estudiantes, uno de los grupos queda obligado a recibir clase teórica en el “aula verde”. Después de toda clase de protestas y reclamos en los medios locales, recibieron la promesa de que hoy, 4 de julio, será el inicio oficial de obra del nuevo edificio.

El edificio de los talleres ha quedado chico.

La creatividad como motor y el superclásico de octubre

La EPET 39 es conocida en El Soberbio por la creatividad de su equipo directivo y docente para incentivar la continuidad y el estudio. “Estos gurises son de los barrios periféricos, la escuela es pura contención con deporte, con trabajos extracurriculares, con eventos de tipo folclóricos”, cuenta Sergio Vallejos y detalla el programa de incentivos, que incluye días de picnic, excursiones y “el bailable”. Se trata de una especie de matiné que organiza la misma escuela. Explica el director: “A algunos nos toca estar en el portón (tienen un archivo drive compartido entre profesores) y decirle ‘si tenés 7 mínimo para poder entrar’. La apuesta se va subiendo para alcanzar los incentivos. Los mismos chicos que crearon este programa”.

Aunque el evento más esperado del año es el superclásico. Un partido en el que juegan dos equipos, uno de river y otro de boca, en el que solo participan chicas y chicos que hayan cumplido con las notas mínimas, pasar un examen, leer un libro y tener el 80% de asistencia. Vallejos cuenta cómo surgió la idea de esta tradición escolar: “Cuando abrió la escuela, todos los alumnos eran hinchas del Inter de Porto Alegre o del Gremio de Porto Alegre. Entonces con los profesores (todos técnicos, que venían de otras localidades misioneras) empezamos a inculcar la cultura del futbol argentino”. Así, el próximo 27 de octubre se jugará el superclásico en El Soberbio. Como cada año, habrá concentración de una noche (el equipo sorteado duerme en la escuela y otro en unas cabañas), camisetas correspondientes y hasta conferencia de prensa antes del partido. Quien gana levanta una réplica de la Copa Libertadores.