El antes y el después de una laguna emblema de Mendoza
Sequía, calentamiento global, desertificación, cambio climático. Son todas abstracciones, cosas que le ocurren “al planeta”, esa bola celeste y verde que se ve en fotos sacadas por satélites. Hasta que tomás una huella de La Primavera (Guaymallén, cerca del límite con Maipú), en el cordón de producción hortícola del Gran Mendoza y te encontrás con los recuerdos de una laguna. La ilusión de llegar justo para ver los flamencos rosados, patos y otras aves migratorias, además de las autóctonas, de todos colores. También nutrias, liebres, zorros. Había carpas en la Laguna El Viborón y un club de pesca que fue creciendo en socios y conciencia ambiental. Llegar y solo encontrar yuyos muertos, la cáscara del fondo, blanca y agrietada. El viento que hace remolinos, trae polvo hacia la orilla.
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El candado del Club de Pesca Cristóbal Colón está abierto. A la sombra de los eucaliptos siguen las mesas de cemento que supieron reunir a las familias o grupos de amistad en vacaciones, escapadas de fin de semana y fechas patrias. También aparecen el salón, la cantina, los baños, la pileta de riego y una de natación que están construyendo, al lado de unos paneles solares grandes. Enfrente del pozo de la laguna está el café, ese primer boliche donde nació la idea del club hace unos 90 años. La puerta da al muelle de donde salían los botes de pesca. Ahora es una escalera que baja a la nada.
En el fondo vive con su familia Cecilia Salvatierra (29), casera del lugar. Ella es la cuarta generación unida al club, que se emplaza dentro la Reserva Natural Laguna El Viborón.
Por qué se secó la Laguna El Viborón
La laguna es parte del sistema de Guanacache y del Arroyo Leyes, en el que hoy quedan solo dos espejos de agua, también corren riesgo: la Laguna de Soria, en el departamento de Lavalle y la Laguna Las Palomas, en el norte de Maipú. Más al sur, la Laguna de Pancho Coll, había sido la última en desaparecer. En la Asamblea Maipucina por el Agua Pura sostienen que hay falta de voluntad política para el cuidado y conservación del humedal. Incluso el Colector Cloacal Paramillos II fue diseñado para pasar por medio de La Paloma. La Asamblea intervino y exigió que una nueva traza, que ahora se está construyendo por el costado de una calle. Sin embargo, el espejo y su entorno que es refugio de aves migratorias no es zona de reserva y vive amenazado por loteos ilegales que crecen, a 200 metros de esa laguna.
Desde la Dirección General de Irrigación, Aníbal Manzur aclaró que "acá no hay una mirada simple, como sería alguien cortó el agua. Nadie cortó el agua". El Director de Gestión Ambiental del Recurso Hídrico sostuvo que desde 2021 existen reuniones mensuales en las que participan organizaciones del estado provincial y municipales que abordan el problema de los humedales. En este sentido un informe de Irrigación afirma: "Nuestras posibilidades de intervención y regulación están limitadas a lo establecido en la Ley General de Aguas, destacando que el colector Leyes-Tulumaya no forma parte del sistema de distribución de aguas administrado por el DGI".
María Marengo, de la Asamblea Maipucina por el Agua explicó que, además de "cuestiones políticas" que privilegian la producción agrícola sobre la preservación del caudal ecológico, "hay una realidad de una gran sequía, un avance de emprendimientos inmobiliarios y de otro tipo que han generando una pérdida del caudal. Son humedales que crecen desde las napas subterráneas en gran parte. Al bajar el caudal del río Mendoza y menos llegado en esa instancia de poder recargar el acuífero que está debajo, vamos viendo las consecuencias". Desde el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Elena Abraham, investigadora en desertificación, también menciona el avance de la ciudad sobre tierras fértiles, y el contexto que presiona para obtener bienes y servicios en esas tierras ya degradadas. A tal punto llega el avance de la sequía que pocos kilómetros hacia el sureste del humedal crece un incendio subterráneo, contenido apenas por las fincas irrigadas en su contorno.
Hace dos veranos en El Viborón aún había peces. Pero los canales de desagüe de las fincas vecinas dejaron de llevar agua. La cota empezó a bajar y bajar. Tanto que en las carpas empezaron a morir en la laguna, debido a la alta salinidad del agua que quedaba. Poco antes se había armado una movida en las comunidades vecinas, un histórico “baldazo”. Desde Corralitos, la Primavera y alrededores llegaban camionetas con tachos de 200 litros llenos de agua, otras personas con bidones y botellas. Fue una acción simbólica que también se acompañó con reclamos en la Municipalidad de Guaymallén y de Maipú, en Recursos Naturales de la Provincia y el Departamento General de Irrigación. Una oficina decía que la responsabilidad era de la otra, la otra de la otra y la otra de la otra.
El club intentó rescatar la laguna bombeando agua de pozo. Pero la esponja deshidratada del humedal chupó todo. No llegó al verano siguiente. Entonces era María Cristina De Huin quien hablaba con los medios y reunía voluntades, con las Asambleas por el Agua y hasta la Comisión de Reinas de la Vendimia. Ahora la mujer está haciendo reposo. Cecilia, su hija, recibe a MDZ.
—¿Qué le pasa a tu mami?
—Tiene depresión. Ahora le cambiaron las pastillas… vamos a ver.
—¿Qué hacen ustedes?
—Nos hemos quedado acá, era un proyecto de trabajo. Nos costó mejorar los servicios para que la gente viniera. Después vino la pandemia y después otra pandemia para nosotros. Pasó esto que no lo esperábamos.
—¿Qué ofrece el club desde que no hay pesca?
-—Hemos hecho senderos nuevos (para visitar la reserva). Recibimos a las escuelas, vienen vecinos al camping. Hacemos promociones de desayunos y medias tardes. Lo mínimo. Viene la gente a caballo a comerse un pastelito y también los ciclistas.


Recuperar la Laguna El Viborón
Recuperar la laguna, de eso conversa Cecilia con otros socios del club. Ya no piensan en la pesca, sino en las especies de animales y plantas que sólo subsisten en los humedales. Mientras tanto, los caseros mantienen limpio un camino que costea el arroyo seco. Es una atracción para grupos que lo recorren en bicicleta y a caballo, uniendo el circuito de lagunas. “Hay que ir después de que llueve, porque está pesado, hay mucha arena”, cuenta un vecino de Corralitos que gusta andar en bici por el lugar.


La investigadora en desertificación, Elena Abraham explicó a MDZ que una vez seco el humedal (esa esponja natural imprescindible) la consecuencia para la tierra de sus alrededores es lo mismo que ocurrió en Lavalle con las Lagunas del Rosario, también conocidos como Guanacache. Hoy desierto.
Cecilia señala la laguna y el monte de tamarindos que han estado arrancando con su marido Sergio y su papá, Fabián. Urge sacar esa especie invasora antes de que se haga demasiado grande. Es que si lograran llenar de nuevo la laguna esas plantas la absorbería por completo. Arriba, en el club, hay árboles jóvenes con riego a goteo.
En Irrigación, Manzur, el Director de Gestión Ambiental del Recurso Hídrico cuenta qué podría ocurrir si se revierte el ciclo de escasé hídrica: "Por un lado en las épocas de sequía puede haber desagues que no tengan el debido mantenimiento, esto es sobre el agua superficial. Pero este ciclo para revertirlo requiere de varios años, porque tenemos un sistema subterráneo que está deprimido, no es tan inmediato recuperarlo". En cuanto al aporte de un caudal ecológico de Irrigación, como pidieron organizaciones no gubernamentales, para proteger los humedales, el funcionario dijo que no existe "una planificación ni una recomendación del sector científico ni de otros sectores de que (las lagunas) deban recibir una aporte extra". .
Recuerda Cecilia los últimos cuatro flamencos que hicieron nido junto a la laguna y las nutrias con crías que nadie sabe si encontraron refugio. “Si vuelve al agua, ahí en la orilla hay que volver a poner totora”, continúa la casera, al lado de la gigante mancha blanca que se observa en la vista aérea de Google.

