El impactante dato que revela la importancia de las duchas frías
En verano, es uno de los placeres más grandes si es que de calor se trata. En invierno, es casi utópico pensar en la posibilidad de utilizarlo, salvo que seas deportista. El baño frío es tan amado como odiado, pero lo cierto es que trae un sinfín de beneficios físicos.
Según expertos, se recomienda establecer protocolos de inmersión en agua fría durante 10-15 minutos a temperaturas de 10-15 °C después del entrenamiento, lo que provoca una bajada de unos 6 °C en el temple muscular y una reducción de entre el 20 y 30% de la permeabilidad vascular, mejorando los procesos de recuperación.
En cuanto a los beneficios físicos, es sabido que los deportistas utilizan las duchas frías para aliviar el dolor muscular y la fatiga, luego de un evento deportivo o un entrenamiento muy exigente a nivel corporal.
Así lo explica Luciano Carrizo Sturniolo, Kinesiólogo y Fisioterapeuta; especialista en Traumatología deportiva kinésicas, y técnico profesor de alto rendimiento deportivo, quien explica que el baño frío es uno de los métodos más populares de descanso. “Ya sea en una piscina creada para ello en centros de fitness o también en la bañera de casa. Todo ello favorece modificaciones psicológicas, ya que reduce la fatiga, y fisiológicas, porque mejora el cambio del líquido intracelular-intravascular, reduce el edema muscular, aumenta el gasto cardíaco, el flujo sanguíneo y el transporte de nutrientes y desechos a través del cuerpo”, destacó.
El kinesiólogo y fisioterapeuta comenta que este método de aplicación de agua o hielo en el cuerpo fue creciendo a lo largo de la historia, así como también lo hicieron los efectos fisiológicos del agua fría sobre la temperatura corporal, tales como el pulso, la respiración, la presión sanguínea y el sistema nervioso: “De hecho, la aplicación de hielo fue un método empleado por el cirujano de Napoleón, quien usaba hielo o nieve para ayudar a reducir el dolor a los soldados amputados o durante las operaciones”.
Además, Carrizo Sturniolo asegura que hay tres maneras destacadas de llevar a cabo este método de recuperación, y son las siguientes:
- Crioterapia: inmersión en agua fría, generalmente por debajo de los 15°C. El deportista sumerge las piernas durante 15-20 minutos en una bañera con bolsas de hielo.
- Terapia de contraste: alternando baños de agua caliente a fría, y viceversa, durante 30 a 300 segundos en un tipo de agua; e inmediatamente después, el mismo tiempo en el agua que contraste. El proceso se repite varias veces durante entre cuatro y 30 minutos.
- Terapia termoneutral: inmersión en agua a temperatura ambiente, entre 16 y 35°C, durante cinco a 30 minutos, en los se produce el efecto de la presión hidrostática.
Luciano asegura que el baño frío o templado es de los más beneficiosos, aunque “la temperatura, el tiempo de inmersión y el ejercicio previo condicionarán su uso”. Por lo tanto, aconseja consultar y seguir los consejos de los profesionales médicos y educadores físico-deportivos en su empleo: “Todo hay que plantearlo de manera individualizada y planificada, dependiendo del tipo de entrenamiento y de que se persiga salud, recuperación post ejercicio o rehabilitación tras una lesión”.
Asimismo, el kinesiólogo recuerda que en algunas circunstancias estas prácticas no son recomendables, ya que el agua muy fría (inferior a 5°C) puede resultar perjudicial después de ejercicios de alta intensidad, con periodos muy cortos entre entrenamientos, y también cuando las crioterapias se plantean de manera muy frecuente llegan a reducir los beneficios de las adaptaciones musculares a largo plazo del entrenamiento de resistencia.
Las duchas frías son un método muy efectivo para reducir la fatiga, el cansancio y alentar a la posterior recuperación muscular. Si bien es cierto que estamos en invierno, el agua fría aporta impactos positivos para nuestro cuerpo.

