Manuel Belgrano en el bronce
Al margen de nuestro centro de interés, pero insoslayable por la gravedad de la afrenta no podemos dejar de recordar que fue el pueblo de Jujuy, el mismo ahora agredido, el que acató patrióticamente la retirada ordenada por Belgrano hace 211 años, en un episodio crucial de la gesta de la Independencia, que la historia recuerda como el éxodo jujeño. Yendo a lo nuestro, seguimos con la saga de las esculturas ecuestres con el “Monumento de dos mundos”
- El Belgrano de Génova y Rosario
Por el lado paterno el creador de la bandera desciende de una antigua familia itálica. Según registros históricos el linaje de los Belgrano en la península se remontan a fines del siglo XVI. Su padre, Domingo Belgrano Peri, era originario de Oneglia, pequeño poblado de la Liguria a pocos kilómetros de Génova y de la frontera con Francia. Ya en el siglo XX, a partir de los fuertes vínculos con la Argentina, se había enraizado en aquella comunidad una devoción por Belgrano, que Ángel Gallardo, por entonces diplomático argentino no desaprovechó.
Cuando dejaba la Italia monárquica para asumir como ministro en la presidencia de Alvear, en su banquete de despedida (1922) convocó a erigir un monumento a Belgrano, como símbolo concreto de consanguinidad y fraternidad ítalo-argentina. Se formaron entonces dos comisiones en paralelo, la primera en Génova y la segunda en Rosario (destino principal de la emigración lígure) para recaudar fondos y avanzar con el proyecto. El ingeniero Luigi Luiggi y el señor Santiago Pinasco (ex alcalde de Rosario) que estaban presentes, encabezaron cada una de ellas.
Contrataron entonces al escultor florentino Arnoldo Zocchi (1862-1940) quien había ganado fama entre nosotros tras el emplazamiento de su Cristóbal Colón frente a la Casa Rosada de Buenos Aires. Para 1924 Zocchi ya había modelado tres bocetos para un Belgrano ecuestre que tendría más de 4.5 metros. La comisión eligió aquel en que el General enarbola la bandera flameante montado sobre sobre un brioso caballo parado sólo en sus patas traseras.
Al año siguiente en Génova con la presencia del Rey Vittorio Emanuele III se colocó la piedra basal del futuro monumento. La obra fue fundida en bronce, a la cera perdida en Nápoles. El gobierno argentino, en una iniciativa llena de contenido histórico, envió a tal fin el metal de un cañón que Belgrano había tomado a las tropas españolas en la Batalla de Salta. La inauguración se llevó a cabo el 12 de octubre de 1927. En el puerto de Génova estaba anclada la Fragata Sarmiento, un dirigible sobrevolaba el acto al que asistió una gran multitud encabezada por el Rey y el Papa venido especialmente de Roma.
Un año después se inauguró en Rosario, otro “cast” de la misma escultura. Primero estuvo ubicada en donde actualmente se encuentra el Monumento a la Bandera para trasladarse más tarde al Parque Independencia en la intersección del Bv. Oroño y la Av.
Lugones. Allí luce todavía en la actualidad. Fue fundida también a la cera perdida en Nápoles y el basamento está recubierto de
granito rojo proveniente de Sierra Chica de Tandil.
Comparando la obra de Zocchi con la Carrier-Belleuse de la plaza de Mayo se puede establecer algún parentesco. De hecho Belgrano presenta el mismo uniforme (heredado, como dijimos, del grabado de Géricault), la fisonomía del prócer es similar y el tipo del equino no difiere mucho. Seguramente el florentino, que estuvo en Buenos Aires para la instalación del Monumento a Colón en 1912, conoció la obra del francés y la tuvo en cuenta.
Ambas esculturas presentan un dinamismo, que en el caso de la de Zocchi podría lindar lo romántico. Esto se hace evidente si se contrastan con otros retratos ecuestres famosos como el Marco Aurelio del Campidoglio o el Gattamelata de Donatello que vimos recientemente. De ambas obras me inclino a preferir la del francés. La crítica y el mercado también le dan preminencia a Carrier sobre Zocchi.
Independientemente de ello, las dos esculturas son elogiables, han cumplido y seguirán cumpliendo su cometido: que el arte contribuya a conformar una identidad nacional homenajeado a sus constructores fundacionales y a reforzar las virtudes republicanas de aquellos que, dicho de nuevo, hoy tanto necesitamos.
* Carlos María Pinasco es consultor de arte.
carlosmpinasco@gmail.com