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La escultura ecuestre y su importancia

En la vereda de enfrente de los recientes ejemplos de anti-arte que aparecieron en estatuas públicas, hacemos en la columna de esta semana un repaso de obras que e inscribieron en el pináculo de la escultura de todos los tiempos. Por una preferencia personal repasamos los retratos ecuestres.
El Marco Aurelio de Roma. Foto: CMP
El Marco Aurelio de Roma. Foto: CMP

Género difícil como pocos, si se considera que al dominio de la figura humana, el parecido con personaje y la captación de su carácter debe sumarse el desafío de la representación del animal (de anatomía nada fácil) y la armonización del conjunto.  Comenzamos con Marco Aurelio, el emperador romano del siglo II admirado en su época y consagrado en la historia como líder sabio y humanista que gobernó con justicia en la búsqueda del bienestar general.

El Marco Aurelio de Roma

Su estatua ecuestre que lo representa a caballo data seguramente de aquel siglo y se desconoce su autor. Está fundida en bronce y en un principio estuvo en el Palacio de Letrán en Roma. En 1538 fue trasladada a la Plaza del Campidoglio, durante el rediseño realizado por Miguel Angel por encargo del papa Pablo III. En la actualidad a fin de preservarla se exhibe en el vecino Palacio
 de los Conservadores del Museo Capitolino, mientras que en la plaza se encuentra una réplica cuidadosamente realizada.

La obra, de las pocas que se conservan de la época (debido a que la mayoría fueron fundidas en el Renacimiento, para dar otros
destinos al bronce) es considerada un logro excepcional en la representación ecuestre del arte clásico y tuvo una influencia fundamental en el género a lo largo de los siglos.

Los caballos de Venecia.

Es notable asimismo la similitud del animal con los de la de los caballos del Duomo de Venecia. Aunque estos proceden de
Constantinopla y fueron traídos a la península sólo en el S XII después del saqueo de la cuarta cruzada, estudios recientes han
determinado que son contemporáneos y que serían de origen romano.

El Gattamelata de Donatello en Padua.

Del admirado Donatello, ya nos hemos ocupado en estas páginas. Una de sus obras cumbre es el monumento ecuestre de Padua conocida como Il Gattamelata. Se trata de un bronce de mediados del siglo XV en honor al condotiero Erasmo de Narni ubicada en la Plaza del Santo de esa ciudad.

Unos pocos años posterior al emplazamiento en Padua de la escultura de Donatello, en la no lejana Venecia se erige el Monumento ecuestre de Andrea del Verrocchio en homenaje a Bartolomeo Colleoni.

Il Collioni de Verrocchio

Verrocchio (ojo certero) fue discípulo de Donatello en la Florencia en que estaba naciendo el Renacimiento. También acá el homenajeado es un mercenario al servicio de la ciudad, que comandaba un ejército (las repúblicas de la península, por entonces tercerizaban el servicio) La obra fue modelada en arcilla primero en una escala menor y luego llevada al tamaño definitivo. Sin embargo antes de la fundición en bronce (según la técnica de la cera perdida) el artista falleció y fue Alessandro Leopardi quien concluyó la tarea en 1490.

Actualmente sigue emplazada en la plaza donde originalmente se le colocó, el campo de San Giovanni e Paolo, donde se encuentra la Scuola de San Marco de la ciudad de Venecia. Para terminar introducimos una obra que nos es especialmente cercana: El Monumento a Alvear de Antoine Bourdelle (1861-1929)

El Alvear de Bourdelle

Encargado por Marcelo Torcuato al escultor para homenajear al general de nuestra Independencia Carlos María de Alvear la
escultura fue considerada por el propio artista como su obra maestra dentro de los grandes monumentos. El autor demoró diez
años en terminarla. Una vez acabado el monumento fue enviado a Buenos Aires desde Francia en el año 1925. El monumento se
encuentra en su ubicación actual (en el nacimiento de la Avenida Alvear en la Recoleta) desde el 16 de octubre de 1926.

Carlos María Pinasco es consultor de arte.

[email protected]