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Una monja rompe el silencio y se renueva el escándalo en el convento salteño

Hace un año, dos religiosas denunciaron ante la justicia que se les impedía abandonar el convento San Bernardo. Lograron salir del encierro por una orden judicial. Ahora, en una ampliación de su testimonio, una monja describió maltratos y detalló la influencia de personas “ajenas al claustro".

Desde hace aproximadamente un año, el convento de San Bernardo, ubicado en la provincia de Salta, es centro de un escándalo por la denuncia de privación ilegítima de la libertad que realizaron dos monjas de clausura de la orden religiosa Carmelitas Descalzas.

Las mujeres recriminaban que las autoridades, les impedían abandonar el claustro tras el pedido realizado ya que ambas se encontraban enfermas, una de ellas de gravedad. En el marco de la investigación judicial impulsada por sus familiares, señalando que se les impedía el contacto, se determinó un allanamiento del convento para “rescatarlas” porque las religiosas decían ser retenidas en el lugar sin su consentimiento y solicitaba acceso a atención médica.

Ambas recuperaron la libertad en diciembre pasado, y lo que vino después destapó una polémica situación porque la priora del Carmelo denunció por violencia de género al arzobispo Mario Cargnello, al obispo emérito Martín De Elizalde, al cura Lucio Ajalla, y al juez único del Tribunal Eclesiástico de la arquidiócesis. Al mismo tiempo, se iniciaron otras investigaciones en la Fiscalía de Delitos Económicos contra los administradores del convento.

Pero también por una seria sospecha que hizo evidente el cura de la localidad de San Lorenzo, Oscar Ossola, durante una misa que brindó. En ella, comentó que la tensión entre el arzobispo y las integrantes del convento se inició cuando ellas le pidieron a Cargnello dejar de ser carmelitas para pasar a ser “las primeras monjas de la Virgen del Cerro”.

Las monjas del convento denunciaron el año pasado por violencia de género al arzobispo Mario Cargnello. Foto: Télam

Los vínculos del Carmelo con la Virgen del Cerro

Hace aproximadamente un mes, la denuncia por retención ilegítima de la libertad de las monjas fue archivada por la Justicia. En la ocasión, el fiscal Ramiro Ramos Osorio explicó que esto ocurrió porque las religiosas señalaron que no querían irse sin tener la “dispensa episcopal”, la cual terminaron recibiendo.

En enero, en medio de la feria judicial, las dos monjas se presentaron ante el Juzgado de Feria un escrito donde pedían el levantamiento de las medidas de restricción que pesaban sobre el arzobispo Mario Cargnello, en virtud de la denuncia de la priora por violencia. La solicitud pasó a la jueza de Violencia de Género, María Carolina Cáceres Moreno, quien pidió a las religiosas que habían abandonado el claustro ampliar su declaración. Solo se presentó una de las mujeres, ya que la otra está grave como consecuencia de su enfermedad.

Acompañada de la abogada Florencia López y de la hermana de la religiosa enferma, la monja fue interrogada sobre diferentes aspectos de la relación entre el Arzobispo y las carmelitas del claustro.

Allí, la mujer se refirió al hecho que originó la denuncia de las monjas contra Cargnello y se remontó a una situación tensa que se vivió hace un año, después de la muerte de la hermana superiora. Al parecer fue por un episodio de violencia física que se habría dado con la priora porque el arzobispo vio que había una imagen de la Virgen del Cerro en el féretro de la fallecida, y pidió retirarla.

En ese momento, se produjo un intercambio de palabras que fue grabado por una de las monjas. Esto molestó a Cargnello, por lo que se habría producido un forcejeo que incluyó golpes. “Se enojó cuando el padre Ajaya le advirtió que lo estaban filmando con una cámara debajo del escapulario”, describió.

Admitió que ella no estaba en el lugar, pero que supo que el arzobispo intentó recuperar la cámara y golpeó en el brazo a la priora en lo que la testigo calificó como “un impulso” pero que se convirtió luego en una denuncia.

El año pasado se realizó un abrazo simbólico al convento San Bernardo en apoyo a las monjas que denunciaron al arzobispo de Salta. Foto: Télam

Fue entonces cuando describió que los problemas dentro del claustro ocurrieron con la influencia que comenzó a ejercer María Livia Galliano, quien dice haber vivenciado apariciones de Virgen del Cerro, lo que dio origen a una devoción no reconocida por la Iglesia.

Personas “ajenas al claustro”

Ante la pregunta de la jueza Cáceres Moreno, la monja que recobró la libertad contó que desde agosto del 2014, cuando murió la priora María de los Ángeles, comenzó a observar la "influencia de personas ajenas al claustro”, en referencia María Livia Galliano y su esposo Carlos Obeid, síndico del convento. “Desde entonces comenzaron con estas acciones de grabar” a los demás.

La religiosa, en su declaración, sostuvo que sufrió “violencia” por parte de la priora María Inés de Jesús Hostia y de quien la sucedió. Y dio cuenta de que Galliano visitó el convento y que, incluso, hacía comentarios sobre las elecciones de las prioras señalando que “era la madre que la Virgen del Valle había elegido”.

La mujer agregó que la denuncia de supuesta violencia de género y económica se radicó “por influencia” de Galliano “ya que el día que firmaron el acta notarial estaba presente junto al contador Carlos Obeid y el escribano Federico Alurralde”.

La testigo aseveró que, si bien ella cree que la Virgen del Cerro “se le manifestó a María Livia”, también “cree que se perdió la gracia de la Virgen, por las actitudes de “mandar a poner grabadoras por todos lados”.

Incluso, planteó que decidió salir del convento con la otra monja porque “le habían prohibido que el médico de cabecera” la siguiera atendiendo. Y dijo “dejó de ser médico” del San Bernardo por “una acusación que le hicieron por opinar que el convento no estaba como antes, lo que llego a oídos de María Livia y de la priora”.

El convento de San Bernardo en el centro de una investigación de la Justicia. Foto: Salta Ciudad Travel.

El testimonio que reaviva el escándalo

En la ampliación de declaración, presentada por la abogada Florencia López, la monja que llevaba el nombre María Belén del Niño Jesús entró en una serie de precisiones respecto a los tipos de violencia vividos en el convento.

Según precisó el diario La Nación, en una oportunidad las madres del claustro “la revisaron” como un cacheo para ver si ocultaba el celular o un grabador. Y que querían saber si pasaba información sobre lo que pasaba en el claustro al exterior. La religiosa aseguró en su relato: “Sentí la acción como un ultraje a mi cuerpo y a mi alma consagrada, sabiendo que la sola duda ya es una ofensa y no es una actitud cristiana ni de hermanas”.

“También en varias ocasiones tuve miedos y dudas en la confesión por las constantes grabaciones", dijo. Y aclaró que no solo vio “personalmente los grabadores en el locutorio (lugar donde nos confesábamos)”, sino que también cuenta que a una religiosa que estando conversando con su familia vio que el “grabador se cayó delante de ella”. Añadió que los protagonistas de esa situación “inmediatamente” llamaron a la priora para pedir explicaciones y que ella les dijo que dos monjas habían puesto “hace mucho esos grabadores”.

Además, la monja le pidió a la jueza que atienda sus planteos y que investigue lo que ocurre en el convento San Bernardo. Según consideró, era para ella “un deber” hacer la presentación “por mis hermanas carmelitas, debido a razones elementales de humanidad y solidaridad, a fin de que se terminen estos maltratos, abusos de autoridad y abandono de personas ejercidos por la señora María Livia (Galliano) y su marido (quienes concurren diariamente al convento violando las reglas de la clausura) y por la madre priora y la madre superiora”.