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En tiempos duros, la familia es nuestro escudo

Muchas veces nuestros hijos nos dejan pensando con esas frases que suelen decir al pasar y María Cecilia Bordón, politóloga, resalta en MDZ ese momento de un corto dialogo con su pequeño hijo Pedro y que resalta en esta columna de opinión.

El otro día hablando con mi hijo de 8 años, prontamente a cumplir 9, nos pusimos a conversar sobre cómo había sido su día, y entre tanta conversación me compartió una definición que me pareció extraordinaria. Cuando le pregunté qué era para él la familia se quedó pensando y me dijo: “pienso que sería como un escudo”. A mi repregunta de por qué, muy seguro me dijo: “porque cuando jugamos con los amigos, el que tiene el escudo está seguro”. Tanta bibliografía que uno lee sobre estas cosas, y una definición tan sencilla motivó la escritura de estas líneas.

Según la Real Academia Española un escudo es “un arma defensiva, que se lleva embrazada, para cubrirse y resguardarse de las armas ofensivas y de otras agresiones". Creo que tanto los lectores, como los que en algún momento del día ven la televisión, los que salen a comprar o los que tenemos contacto por alguna u otra razón con el contexto social, advertimos que la realidad aparece como un tsunami que arrasa con todo.

La familia nuestro escudo.
Foto: Blogspot

La pobreza que va en aumento y que supera cualquier índice; los trastornos de salud mental que invaden todas las edades, cuyas consecuencias muchas veces ni las percibimos y hasta se naturalizan; la droga, que va silenciosamente penetrando todo lo que se interpone, que es un verdadero flagelo, una verdadera tragedia para el que padece la adicción, para su familia y la sociedad
entera. Un solo elemento, millones de aristas y personas afectadas, rotas. Y esto es solo para mencionar algunas de las cosas a las que día a día nos enfrentamos directa o indirectamente y es una realidad que atravesamos.

Las soluciones seguramente no sean fáciles ni inminentes, pero está claro que no puede venir de un solo lado de la sociedad. En el mientras tanto, y en lo que quizá esté a nuestro alcance, engrandezcamos nuestro escudo, fortalezcámoslo, démosle tiempo de creación, de calidad. El escudo que nos toque, el de sangre o ese que forja lazo como el de sangre, y que se convierte en esa institución del barrio, de la Iglesia, del club; ese lugar de pertenencia, sano, en el que me siento seguro.

Con un buen escudo, pasar la batalla, no sé si será más fácil, pero como dijo mi Pedrito, estaremos seguros de atravesarla.

* María Cecilia Bordón, licenciada en Ciencias Políticas

@cebordon