Raúl Alonso, un mundo de belleza, en el centenario de su nacimiento y a tres décadas de su partida
Creció rodeado de intelectuales y artistas. Inició estudios de arquitectura, pero al fallecer su padre se ve obligado a dejar la facultad para mantener el hogar. Dibujante precoz se dedicó a la ilustración. Durante décadas fueron famosas sus tapas de la Revista Claudia que firmaba con el pseudónimo “Kali”. A la par presentaba sus dibujos en salones nacionales y provinciales. En 1948 gana el Premio Comisión Nacional de Cultura en el IV Salón Anual de Dibujantes En 1950 se casó con una francesa encantadora, Daniele, con quien tuvo un par de gemelos (Claude y Serge) y luego a Marianne que siguiendo la tradición familiar devino en destacada ceramista.
A mediados de la década del sesenta presenta su primera exposición en la galería Véneto. Más tarde en Gradiva muestra óleos con gran suceso. A principios de los setenta estando de viaje en Londres lo afectan serios problemas motrices. Vuelto a Buenos Aires enfrenta una complicada operación que lo postra seis meses en cama y otros seis más en silla de ruedas.
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En su lenta recuperación se dedica de lleno al dibujo. En julio de 1973 inaugura una consagratoria exposición en la galería Bonino. Las 21 tintas presentadas resultaron rápidamente vendidas. Al año siguiente obtiene el Premio Adquisición en el Salón de Santa Fe
y el Segundo Premio en el Salón Nacional con sendas tintas.
Inconformista como era, sus éxitos en dibujo no lo detienen. Con su salud mejorada comienza a trabajar en pastel, convirtiéndose al poco tiempo en el más importante pintor argentino en esa técnica. En 1975 presenta en Bonino una nueva exposición que incluye 20 tintas y 9 pasteles. Nuevamente el éxito es total. En octubre de ese año recibe el consagratorio Gran Premio de Honor en Dibujo del Salón Nacional.
En el `77 expone su serie “Los Siete Pecados Capitales”, tintas que acompaña con 21 pasteles. Se repiten las exposiciones siempre aclamadas hasta que la muestra de 1979 incluye como novedad cuatro óleos. Se suceden exposiciones y premios. Expone en Madrid, Japón y China. Presenta “Los Diez Mandamientos”. Se presenta en Rubers en conjunción con Alberto Girri, viaja a Alemania con Presas, Barragán, Badii y otros.
En septiembre de 1989 tuve el honor de inaugurar su primera exposición en Colección Alvear. Desde entonces y mientras estuvo con nosotros en esa sala expuse en forma bienal sus obras y cuando nos faltó, el 31 de julio de 1993 en cinco oportunidades más. Cada muestra tenía su rito preparatorio. La visita a Vicente López mezclaba rutinas y sorpresas. En su atelier, arriba del garaje, Raúl Alonso abría una inmensa cajonera y desplegaba, con cariño y un dejo de solemnidad sus magistrales pasteles. Vistos en sucesión provocaban un efecto “in cressendo”, se potenciaban unos con otros, al punto que cuando llegaba el momento de elegir los que íbamos a exponer, ninguno parecía descartable.
Sus inauguraciones fueron siempre multitudinarias. Poetas, críticos, escritores, pintores, escultores y gente del común honraban su arte y su amistad. A lo largo de las muestras Raúl venía regularmente a la galería luciendo su coqueta elegancia que rara vez incluía una corbata y nunca obviaba un bastón.
Charlista ameno y culto, fino observador del mundo del espíritu y del espíritu de las cosas mundanas, galante y seductor, su compañía gratificaba siempre, aún cuando alguna sinrazón hacía aflorar su costado gruñón.
Fue un grande del Arte Argentino. Clásicos en su paleta y composición, sus obras sugieren sin decir, en un clima extraño que por momentos llega a convertirse en misterioso. En sus pasteles pintados sobre papel Montgolfier pesado y de grano grueso, las imágenes juegan en el deslinde de la figuración y lo abstracto.
En el centenario de su nacimiento y a tres décadas de su partida, homenajeamos a un ser humano excepcional, creador de un mundo de belleza.
* Carlos María Pinasco es consultor de arte.
carlosmpinasco@gmail.com