2 de abril, la historia está viva
Cuando el 1 de abril Guillermo Sánchez Sabarots desembarcó, de la Santísima Trinidad en una solitaria playa del sur de la zona de puerto argentino, junto al primer caído en combate de la gesta de Malvinas, Pedro Edgardo Giachino, un nuevo capítulo grande de la historia de nuestra querida Argentina se estaba por escribir. Un capítulo de la historia de la Argentina, pero el capítulo central y fulminante de miles de argentinos que fueron parte de la guerra occidental más cercana del territorio americano en el siglo 20 después de la segunda guerra mundial.
Vidas como la de Guillermo Sánchez Sabarots, fundador de los Comandos Anfibios de la Armada Argentina, fundada por Guillermo Brown, o la de Aldo Eugenio Franco, subteniente del Ejército Argentino fundado por el General Don José de San Martin, o la de Carlos Alfredo Rinke, sagaz halcón de la Fuerza Aérea Argentina, sucesor de Jorge Newbery, no pueden ser olvidadas ni perdidas en la desidia del falso modernismo.
La pascua de nuestros 649 argentinos, caídos en las acciones que llevaron a la recuperación momentánea, pero fundamental, de nuestras Islas Malvinas, es testimonio de la fuerza interior, y la grandeza de los habitantes de nuestra patria. En esa pascua, nuestros muertos en combate, dieron el testimonio final de lo que la cultura cristiana occidental entiende como el acto humano más heroico, dar la vida por los demás. Para los que volvieron en es 14 de junio, la pascua se invirtió. Después de la guerra, los
esperaba un desierto arduo. Un doloroso desierto social de décadas. No vino la “resurrección y la gloria”, en cambio la lucha dura de los escritorios y las intrigas de la política.
Foto: Blogspot.
Fue así como el Sargento Manuel Ángel Villegas, deambulo deshonrado por la administración castrense, que nunca definió ni trato las heridas ni las necesidades de post guerra de un héroe vivo de nuestro país. Manuel recibió un disparo de un francotirador en
las cercanías de Wilress ridge después de haber cruzado el Moody Brook. El disparo fue limpio en la zona del abdomen para que fuera una carga para sus camaradas. Aparte de las hazañas humanas como el rescate del Sargento Villegas, en brazos del
enorme Dragoneante Esteban Tries y el soldado Serezuela, ocurrieron hazañas militares. Por ejemplo esa sección especial del subteniente José Vázquez, un intrépido cordobés, con el coraje de decenas de soldados, que derribaron Sea Kings con el fuego reunido de sus FAL.
Hazañas como las de Carballo y Rinke, y decenas de pilotos y soldados de la Fuerza Aérea, son estudiadas en todas las academias militares de la tierra. Pilotos retirados como Julio Semeria de la aviación naval, aterrizaban los aviones de línea de la gloriosa Aerolíneas Argentinas, llenas de soldados del ejército, la armada y la fuerza aérea, que dejaron parte de su vida y su salud mental y física por defender una parte fundamental de nuestra Soberanía Nacional. Es un deber recordar a personas que aún están entre nosotros y conmemorarlas y acompañarlas en su Vigilia personal, como todos los 1 de abril en ciudades de nuestro país como San Andres de Giles, actúan como Santuarios a cielo abierto.
Acompañar en su camino a Juan José Gómez Centurión quien con apenas algunos años de mayoría de edad, se plantó contra los soldados profesionales más entrenados y peligrosos del mundo. Junto con su soldado Oscar Ledesma con escasos 19 años a
quienes les tocó enfrentarme con el Regimiento 2 de Paracaidistas Británicos la mañana del 28 de mayo de 1982, en el combate de Darwin Hill. En ese combate cae abatido el Teniente Coronel Herbert Jones por una ráfaga de la ametralladora que disparó Oscar.
Actos de guerra que no son gratis para el que los vive. Oscar, años más tarde, le escribió una carta a la viuda de Jones.
Pero lo realmente impactante de una guerra, es volver a casa. Es un calvario difícil de llevar y además, con una derrota en la espalda. Un pueblo murmurante, aturdidos por la indiferencia ante lo que para ellos fue, el periodo de sus vidas más fulminante, el regreso a casa para algunos fue la batalla más dura. En esa batalla cruel de la postguerra, el Veterano de la guerra de Malvinas Esteban Vilgre Lamadrid, fue al frente junto con otros y lucho por poder darle a los veteranos ayuda psicológica y atención medica, muchas asociaciones de veteranos lograron desarmar el cerco de silencio que se había tejido en las Fuerzas Armadas y también entre los apaleados argentinos gloriosos soldados de nuestra patria, que fueron escondidos durante décadas, por autoridades y por el pueblo que no despertó de esa ingrata indiferencia hasta que la llama se volvió a prender.
En los corazones de los argentinos de bien, y con veteranos como candeleros, cansados de renegar con una historia oficial “iluminada por el fuego” de la mentira, los veteranos volvieron a juntarse esta vez para luchar por volver a sostener la causa de Malvinas como hito extraordinario de nuestra gloriosa historia. Esteban Tries, Manuel Villegas, Esteban Vilgre Lamadrid, Aldo Francco, José Cruz, Jorge Sabbagh, German Estrada, Juan José Gomez Centurión y cientos de soldados más siguen de pie, llevando a las escuelas el testimonio de Malvinas. Los valores en los que se basa el amor a la Patria viven en ellos hoy. Sin dudas, los niños y jóvenes, ven en ellos los valores que encarnaron en nuestra independencia, San Martin, Belgrano, Guillermo Brown y otros padres de la patria.

Hoy la Argentina necesita respetar su historia y conocer a estos nuevos padres de la patria, que lucharon y aun luchan por nuestra independencia final. Vivan nuestros veteranos y caídos héroes de la guerra de Malvinas.
* Agustín O’Reilly es politólogo y director General de Moody Brook Consultores

