Violencia en Rosario: lo balearon para robarle y hoy ayuda a otras víctimas
Cuando tenía 28 años Ezequiel Lowden, un joven rosarino, era estudiante universitario de la Licenciatura en Trabajo Social y trabajaba como encargado de un salón de fiestas. Era el año 2017 y proyectaba para su futuro un abanico de planes, pero un robo le cambió la vida para siempre y hoy, seis años después, aún no se recupera.
El 21 de septiembre de aquel año Ezequiel vivió la primavera más oscura. Salió a cenar con amigos después de un largo día de trabajo, pero al regresar a su casa dos delincuentes lo cruzaron en la esquina de Cochabamba y Alem en la ciudad de Rosario. Querían su auto y dinero, pero no fue suficiente con robar. Dispararon a quemarropa. Una bala impactó en su pierna y le dañó la arteria femoral.
Ezequiel conoció de cerca la muerte, pasó dos meses internado, debieron hacerle un bypass y no fue reincorporado a su trabajo. Tampoco pudo conseguir otro en blanco porque por las secuelas tiene dificultades para pasar los preocupacionales. Su estado de ánimo también se vio afectado, entonces no pudo retomar la universidad.
Pese a todo esto se convirtió en un faro para otras víctimas. Comenzó a tender red y a ayudar a otros que habían pasado por su situación. Su objetivo: reclamar políticas y asistir.
“Todo lo que pasa no es sólo un hecho de inseguridad, sino también el después. Las familias no tienen plata para enterrar a sus hijos, hacer un velatorio o buscar justicia. Un día sos abogado, otro fiscal y otro investigador privado porque tenés que salir a pedir cámaras”, explicó Ezequiel a MDZ.
Hasta que le tocó, sabía de la inseguridad pero no había podido dimensionar de lo que se trataba. “Mi mamá sufrió arrebatos, le pegaron, le robaron bolsos. A mi papá lo mismo, se le metieron en la casa. Siempre conocés a alguien de la familia, vecinos o amigos que padecieron un robo o hechos de inseguridad. Es algo que está naturalizado”, dijo Ezequiel.
Seguir adelante, a pesar de todo
Hasta el día de hoy está en tratamiento de rehabilitación. Una parte de su pierna perdió la sensibilidad, los músculos sufrieron modificaciones en su funcionamiento y no pudo retomar la vida que tenía antes del robo.
“Como le pasa a muchos, esto no es solamente el hecho de si te roban, te matan o te dañan, sino el después. Las familias quedan destruidas, las víctimas no vuelven a ser las mismas. Es una modificación total de tu vida”, explicó.
El joven contó que esto cambia el día a día de todos. “Las personas prácticamente no usan carteras sino bolsos o bolsas para llevar las pertenencias. En la calle nadie usa el teléfono, las mujeres van del lado de la pared y si escuchás una moto, mirás para todos lados”.
Actualmente Ezequiel trabaja como animador infantil y coordina el grupo denominado “Familiares y víctimas de la inseguridad - Rosario”. Reclama mayor presencia del Estado y la aplicación de políticas públicas útiles para la problemática. Pide una cosa más: empatía.

