Viajar en tren de larga distancia: las diferencias entre la "nueva" formación de Mendoza y otros países
La reciente llegada del tren de pasajeros de larga distancia que conectará Buenos Aires con Palmira, Mendoza, generó diversas reacciones -positivas y negativas- por parte de la población debido a la duración que tendrá el trayecto que consta de 1.025 kilómetros de recorrido. Concretamente, el servicio que -según indicaron desde Trenes Argentinos- comenzará a operar a fines de abril demandará 28 horas de viaje, que en pocos meses podrían transformarse en 24 a través de la refacción de la traza en algunos tramos. Para bajar aún más, las obras deberán ser de una magnitud más importante, mediante inversiones fuertes y, por supuesto, dificultosas si se tiene en cuenta la situación económica de la Argentina. Ahora, ¿cómo funciona actualmente el sistema en otras partes del mundo, como, por ejemplo, en Europa?
La queja más común es que el tren recorrerá la vía en el doble de tiempo si se lo compara con las formaciones que circulaban por el mismo trayecto hace 100 años. "Los trenes en Europa van a 300 km/h y se adaptan a la modernidad", es una frase -válida por cierto- que suele escucharse cuando sale a flote la discusión.
La diferencia se resume en la falta de inversión constante para mantener la infraestructura. En Argentina, el cierre de miles de ramales a lo largo y ancho del país durante la década de 1990 provocó que el deterioro sea significativo. En 1960, el país supo tener 44.200 kilómetros de vía en total, para carga y pasajeros. Al día de hoy ese número llega a aproximadamente 5.000 km en lo que respecta a pasajeros. Resulta lógico que, después de tantos años de abandono, se requiera algo más que simple mantenimiento.
Trenes Argentinos cuenta con nueve servicios de larga distancia, siete regionales y uno internacional (Posadas-Encarnación). En relación a su presupuesto 2023, la empresa estatal Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado (OFSE) contempla un partida de 265.833 millones de pesos en subsidios, que en gran parte termina siendo usado en en el pago de sueldos a empleados.
Qué pasa en algunos sitios de Europa
En Europa, el tren es uno de los transportes que más se utiliza, tanto para viajes urbanos, nacionales e internacionales. Allí, compite tanto con buses como con compañías aéreas low cost. Pero no solo en precio (en algunos casos), sino en duración de viaje. Por ejemplo, en España, el servicio entre Madrid y Barcelona implica un viaje de 2 horas y media para recorrer 620 kilómetros. Según indica el diario El País, el Gobierno español destinó, para el presupuesto 2023, 5.408 millones de euros para la red ferroviaria.
Aunque no todo es color de rosa. En el viejo continente también hay problemas. Semanas atrás el Gobierno de España fabricó 31 trenes por medio de la empresa CAF sin tener en cuenta que algunos de los túneles que debían recorrer fueron construidos en el siglo XIX y son más estrechos que túneles recientes, lo que supone el desperdicio de 258 millones de euros y retrasará las mejoras para Cantabria y Asturias, al norte del país, por lo menos dos años.
También existe el tren Eurostar, que conecta al Reino Unido con países europeos como Francia, Bélgica y Países Bajos a través de una formación que cruza el Canal de la Mancha y el Mar del Norte por debajo del océano. De Londres a París la distancia es de 343 kilómetros y la duración del viaje es de 2 horas y 16 minutos. La velocidad alcanza los 300 km/h.

Se trata de velocidades impensadas para la Argentina -donde las formaciones en algunos casos circulan a 40 km/h- debido a lo expuesto anteriormente: 30 años sin inversión y deterioro de infraestructura.
Aunque, para ser justos, una de las principales diferencias con el servicio argentino es el costo de cada ticket. Hoy el tren en Argentina es visto con buenos ojos porque tiene como función ser una alternativa para aquellas personas que no pueden pagar un boleto de avión de micro. Resulta beneficioso para miles de familias que, a cambio, están dispuestas a permanecer en un asiento por muchas horas.
En Europa también representa una opción económica, bajo otros estándares, pero en casos como el Eurostar, el pasaje puede llegar a ser caro.


