“Había una vez”, la importancia de los cuentos cuando se aprende a leer y a escribir
Contexto alfabetizador: En una entrevista a Ariel Cuadro publicada algunos días atrás, el especialista en aprendizaje de escritura y lectura afirmaba que el proceso de alfabetización, es decir el proceso por el cual se aprende a manejar el alfabeto para leer textos y producir textos escritos, está influenciado en una enorme medida por el contexto alfabetizador, esto es el ambiente en el cual el niño o niña crece y se va familiarizando con el lenguaje y el alfabeto, ya sea dentro o fuera del espacio escolar.
Cabe aclarar que la alfabetización inicial es un proceso que comienza mucho antes de que se aprenda a leer y a escribir. Conocer cómo funciona el abecedario y manejar la lengua escrita requiere de muchas habilidades previas, tales como el conocimiento de los sonidos de las letras (lo que se llama “conciencia fonológica”), la memoria, la coordinación, la motricidad fina, entre otras tantas. Estas habilidades comienzan a desarrollarse a partir de los dos años y se continúan profundizando hasta que se adquiere la habilidad de escribir y leer de manera automática.
Según el contexto en el que la niña o el niño estén inmersos, el desarrollo de estas habilidades será más o menos rico. Crecer en un hogar donde no hay mucho diálogo, donde no se fomenta la conversación, y el interés por los miembros de la familia, será menos propicio que un ambiente donde se conversa, se dialoga, se habla de las emociones, se comparten juegos, se leen revistas, libros.
En este sentido, los cuentos son una herramienta excelente para poner a trabajar todas esas habilidades que entran en juego en la alfabetización, fortaleciendo una oralidad rica y sólida que impacte luego en el aprendizaje del código escrito.
Mayor vocabulario: A través de los cuentos infantiles introducimos nuevas palabras, o estructuras gramaticales que no usamos frecuentemente en el día a día. Estas palabras nuevas, estas historias, van enriqueciendo el mundo conceptual de cada niño o niña, lo van ampliando porque el pensamiento se expresa con lenguaje, de modo que cuantas más palabras se posea mayor detalle y especificidad vamos a poder darle a nuestro pensamientos e ideas.
Favorecer la conciencia léxica, silábica y fonológica: El cuento, pero también las narraciones, las rimas, los trabalenguas son mecanismos ideales para mostrar a los más pequeños cómo suena el lenguaje. Al leer un cuento o una rima, y poner el acento en cómo suenan las letras de las palabras, o en las partes que riman, estamos subrayando la materialidad del sonido, estamos haciéndolo más evidente.
Cuando leemos un cuento y entonamos algunas palabras o resaltamos el sonido inicial de las palabras, o jugamos con rimas, lo que estamos haciendo es trabajar esa habilidad necesaria y elemental que es la conciencia léxica, silábica y fonológica, y que permitirá luego asociar los sonidos a los símbolos, los grafemas.
La organización del lenguaje: Cuando los chicos y chicas todavía no saben leer y somos los adultos los mediadores de esa lectura, lo que estamos haciendo, además de contarles una historia (que ya tiene valor en sí mismo), es mostrarles cómo funciona el lenguaje escrito y el objeto “libro”: que se lee de izquierda a derecha, que las hojas se pasan de derecha a izquierda, quién es el autor. Estos son datos que nosotros, los adultos, damos por sentado, pero para los niños y niñas no es tan obvio y es una manera de adentrarlos en el código de la lectura.

Cuando mediamos la lectura también podemos aprovechar la entonación para mostrar cómo los distintos sonidos de las letras (los fonemas) se van relacionando entre sí para formar una unidad de sentido más grande, la palabra. Cuando nosotros leemos lento y vamos señalando con el dedo las letras, estamos indicando cómo es que esos sonidos y esos símbolos se unen para formar una palabra. Estamos sugiriendo a los niños y niñas distintas direcciones para que ellos vayan construyendo sus hipótesis acerca de cómo funciona el lenguaje escrito.
Comprensión y producción de textos: Otro gran aporte de la lectura de cuentos es presentar la estructura que tienen las narraciones. Todas las narraciones tienen un comienzo, un desarrollo y un final. Muchas de ellas comienzan con “Había una vez”, o “Una vez un muchacho…”, siguen con “pero ese día…”, o “sin embargo esa noche…” y terminan con “Al final…”. Lo se está presentando con estas narraciones básicas es la estructura de una historia, es la forma de una argumentación, la presentación de las ideas, la construcción de un sentido. Esta es la base que permite trabajar la comprensión de textos, y la que también va a permitir aprender cómo se construye un texto, cómo se exponen ideas. Con la lectura de cuentos estamos modelando buenas estructuras de lenguaje oral que impactan en la comprensión lectora y en la producción de textos. También si releemos varias veces el mismo cuento vamos fortaleciendo la memoria y la capacidad de renarrar.
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