Héroe en primera persona: la historia del argentino que lideró tareas de rescate en Turquía
“Prepárense para el apocalipsis”, le dijeron a Daniel Iglesias cuando llegó a Turquía para trabajar en las tareas de rescate de víctimas del terremoto ocurrido en ese país y en Siria el 6 de febrero. La descripción no podría haber sido mejor. Por el fenómeno murieron más de 49 mil personas y el territorio quedó en ruinas.
Daniel Iglesias es bombero, tiene el cargo de Comisario de la Policía Federal y es el Jefe de la Brigada Especial de Rescate y Líder del equipo USAR (Urban Search and Rescue según la sigla internacional) Argentina 12. Trabaja en la División de Bomberos Cuartel I de Avenida Belgrano, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Cuando se enteró que iba a ser enviado a Turquía como rescatista estaba de vacaciones en la Costa Atlántica con su familia, pero el servicio funciona así. Y para personas como Daniel, que dedican su vida a la ayuda comunitaria, alcanza un llamado de emergencia para dejarlo todo por el otro.
“El 7 de febrero nos pusimos a disposición, el 8 se ejecutó la activación de la brigada y el 9 a la noche estábamos saliendo para Turquía”, contó Daniel a MDZ Online. Con él fueron 27 personas más. La brigada es interdisciplinaria y todos los roles que la componen son estratégicos e importantes.
“Contamos con personal de búsqueda, rescate, de riesgo químico, canes que buscan víctimas vivas, médicos, enfermeros y personal de la Superintendencia de Comunicaciones y Tecnología de la Información, que son los que brindan todo el soporte necesario para que todos estén comunicados”, describió Iglesias.
La brigada que él integra es “mediana” y tiene una autonomía de siete días de trabajo en el terreno. Esto significa que durante el período de una semana pueden operar sin necesidad de asistencia. De lo contrario, la ayuda se convierte en conflicto.
“Llevamos generadores de energía, nuestra comida, nuestra agua, todo lo que es el campamento para dormir y bañarnos. También comunicaciones y equipamiento de búsqueda y rescate. Todo lo tenemos que llevar nosotros, no podemos llegar al lugar y pedir porque te transformás en un problema para el gobierno local”, explicó Iglesias.

Para el operativo, la división argentina fue asignada a la provincia turca de Hayat. El procedimiento para trabajar funcionó así: cuando la brigada llegó se entrevistó con la Cédula de Coordinación de Equipos de Rescate. Al saber el lugar que les correspondía, sus miembros sabían por coordenadas dónde estaba la base de operaciones. El primer día se instalaron con su campamento y luego comenzaron a operar.
La brigada argentina rescató a tres personas. “Fue un milagro”, dijo Daniel porque esas víctimas habían estado nueve días bajo los escombros y salieron con vida. El trabajo también tuvo sus momentos oscuros. A Daniel le tocó sacar de entre el derrumbe a un niño de siete años sin vida. “Te vienen a la cabeza imágenes de eso, pero es parte de nuestro trabajo”, dijo.
Escena de película distópica
“Lo que veíamos era una ciudad completamente derrumbada, no había iluminación en ningún lado, gente en las calles deambulando, haciendo fogatas en las esquinas, sucios y llenos de polvo esperando que alguien les devuelva el cuerpo de sus familiares”, recordó Daniel.
La barrera idiomática fue otro problema. “Teníamos traductores, pero es complicado”, dijo y señaló una brecha cultural más: la vinculada a la religión. “Entre las 28 personas fueron tres chicas. Su rol fue muy importante porque en algunos casos había familias sirias que no permitían que hombres toquen a mujeres porque solo las puede tocar el marido”, señaló.
Todos los sentidos al servicio del rescate
Daniel se forma para el servicio desde los 17 años. A esa edad entró como cadete a la Escuela de Policía y nunca dejó de formarse. Tiene una particularidad que tienen pocos: además de bombero es buzo y operador de rescate en altura.
Un día lo llamaron para asistir a víctimas de un terremoto, pero también estuvo en Iron Mountain o en operativos de suicidas en altura. En circunstancias extremas la mente tiene que responder de forma quirúrgica.
“El cerebro tiene una parte emocional y una parte técnica. Cuando nos ponemos a trabajar activamos la parte técnica, es como que automáticamente la otra se anula, la dejás de lado. Después sí, obviamente, cuando volvés al campamento y apoyás la cabeza en la almohada te vienen imágenes a la cabeza, pero en el momento lo anulás porque si no, no podés trabajar”, explicó.
Él puede disociarse cuando trabaja, pero no cuando “está de civil”. Todos sus sentidos están puestos para ayudar al otro. “A veces voy en el auto con mi familia, veo que está pasando algo como un choque y freno para ayudar porque nunca se deja de ser bombero, jamás”, aseguró.
