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Con Francisco hacia una nueva conversión

María Lía Zervino, es argentina y es la presidenta de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, la UMOFC, y reflexiona en MDZ en estos 10 años de pontificado de Francisco.

Quisiera agradecer al papa Francisco quien, siguiendo a sus antecesores, nos conduce a una profundización de la aplicación del Concilio Vaticano II. Sólo creo poder mostrar algunas líneas de su pensamiento recordando gestos, palabras y hechos, desde el inicio de su pontificado y continuadas a lo largo del mismo. Son “pinceladas” en la obra maestra que está realizando el Espíritu
Santo y que nos exhortan a una nueva conversión pastoral, personal y comunitaria. Se inclinó para recibir la bendición del pueblo de Dios, en su primera aparición como Papa. Un gesto de profunda humildad que marcó a fuego nuestra toma de conciencia de la responsabilidad laical que nace del bautismo y de la confirmación.

Ya no habría lugar en su pontificado para el clericalismo. La vocación y la misión propia de los fieles laicos es la transformación de las distintas realidades terrenas para que toda actividad humana sea transformada por el Evangelio, explicó en Evangelii Gaudium 201. Una imagen histórica: por primera vez, un Papa inauguró un jubileo fuera del Vaticano. Ocurrió en Bangui, capital de la República Centroafricana, designándola como “capital espiritual del mundo”. Allí, en un país sufriente por las consecuencias de la guerra y la pobreza, selló su magisterio sobre la misericordia que “no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que
constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio.

Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre” (Misericordia et misera 1). Nos animó, una y otra vez, a que el rostro de la Iglesia sea el de la misericordia. En el primer jueves santo de su pontificado lavó los pies a jóvenes presos, incluyendo a dos muchachas, una de ellas musulmana. Este hecho fue uno de los tantos con que confirmó su pensamiento sobre las mujeres. Por un lado, en Fratelli tutti 23, denunció que aún se “está lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones y la realidad gritan otro mensaje.

 Francisco nombró a la servidora argentina María Lía Zervino consultora del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. 

Es un hecho que «doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos» (EG 212)”. Por otro, subrayó sus fortalezas, en su rol materno dentro de la familia (Amoris laetitia 173) y describió como sueño eclesial “que las mujeres tengan una incidencia real y efectiva en la organización, en las decisiones más importantes y en la guía de las comunidades, pero sin dejar de hacerlo con el estilo propio de su impronta femenina.” (Querida Amazonia 103). Su primera salida del Vaticano fue a Lampedusa. Una clave en las enseñanzas del Papa consiste en salir a las periferias, como lugar del encuentro con Jesús.

“Es una cuestión hermenéutica: la realidad sólo se comprende si la miramos desde la periferia, y no si nuestra mirada se sitúa en un centro equidistante de todo. Para comprender verdaderamente la realidad, debemos alejarnos de la ubicación central de calma y tranquilidad y dirigirnos hacia el área periférica.” (Coloquio con Superiores Generales, 29 de noviembre 2013). Francisco está convencido que es el único modo de cambiar la historia. La sonrisa en su expresión cuando empezó a relacionarse con las personas como Obispo de Roma, sorprendió a muchos de los que lo habíamos conocido como Obispo de Buenos Aires.

La “alegría” es central en su pensamiento: Evangelii gaudium, Amoris laetitia, Gaudete et exsultate. “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. (...) Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. (Evangelii gaudium, 1). Y la Iglesia necesita no dejarse robar la alegría de la misión. Con la elección de su nombre, Francisco, evidenció su pensamiento. Firmó Fratelli tutti, sobre la tumba de San Francisco, indicándonos que el diálogo es la vía señera de la fraternidad universal. La encíclica fue precedida por la histórica firma de Fraternidad Humana, junto al Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb.

Su primera salida del Vaticano fue a Lampedusa. Una clave en las enseñanzas del Papa consiste en salir a las periferias.

Tomó del Santo de Asís sus palabras para regalarnos el inmenso don de Laudato si, en la que nos enseñó, a la Iglesia y al mundo, que el grito de los más pobres y el grito del planeta constituyen una misma crisis, a la que estamos todos llamados a responder para cuidar de nuestra casa común. “El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera para la Iglesia en este nuevo milenio” fue la célebre expresión que pronunció, en el 50 aniversario de la constitución del Sínodo de los Obispos, en 2015.

Desde entonces desarrolló un hilo conductor que nos introdujo al actual proceso sinodal. Esperamos, con la gracia del Espíritu Santo, realizar el sueño del Papa de una Iglesia a la escucha, una Iglesia pobre para los pobres, que no es otra que la Iglesia de la comunión, participación y misión.

* María Lía Zerbino, laica consagrada argentina, presidente de la Unión Mundial de Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas