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Una mirada protestante y ecuménica sobre Francisco

Los términos y valores que unen a Bergoglio con Francisco son coherencia de vida, liderazgo humilde y cristocéntrico, sentido de pertenencia periférica, espiritualidad bíblica, valentía profética y compromiso ecuménico. Marcelo Figueroa es teólogo protestante y opina en MDZ del Pontificado del papa.

Como sería largo hablar de todos, me remitiré en algunos trazos solo al último: “compromiso ecuménico”. Francisco ha adjetivado al ecumenismo de acuerdo con las situaciones que la humanidad y el planeta han atravesado. Habló del ecumenismo del amor, de la misericordia, de la paz, de la solidaridad, de la carne, y de la sangre. Durante sus cuarenta viajes apostólicos visitando más de sesenta países, en casi todos los casos incluyó al ecumenismo como parte fundamental en sus agendas.

El Sínodo de la Amazonía, fue ecuménico en su concepción, desarrollo y documentación testimonial. Mantuvo cientos de encuentros con líderes referentes religiosos ortodoxos, judíos, musulmanes, protestantes y de otras cosmovisiones o religiones
mundiales. Para no pocos vaticanistas, las dos encíclicas que encolumnan el pensamiento y el legado todavía en construcción del papa Francisco son ecuménicas: Laudato Sí, que se introduce con el aporte del patriarca ecuménico Bartolomé; y Fratelli tutti, en la que hace referencia desde su inicio a sus encuentros y documentos en conjunto con el gran imán, Ahmad Al-Tayyeb.

Francisco y Marcelo en un encuentro en Roma.

Para otros, el punto cúlmine de la palabra e influencia del Papa, por su dramatismo y universalidad, fue su discurso aquella noche lluviosa del 27 de marzo del 2020 en plena pandemia. Frente a este “virus ecuménico” fue el papa Bergoglio, solo en una plaza San Pedro vacía y silente, quien tuvo palabras de esperanza para un mundo sufriente en aquel Statio Orbis. Cuando nos
adelantábamos a imaginar un mundo post pandemia, acaeció el flagelo de una guerra en Europa que se sumó a decenas de conflictos bélicos en distintas partes del mundo ya existentes.

El papa Francisco se constituyó en una voz profética previa y de denuncia e incansable llamado a la paz ante esta tercera guerra
mundial. Son incantables sus mensajes, homilías, sermones, discursos y encuentros ecuménicos de oración en búsqueda de la paz. Resultan infatigables sus intentos de implementar el ecumenismo como diplomacia pacificadora. A poco de ser ungido como Papa, su viaje a Lampedusa puso en agenda el drama de los migrantes en un Mediterráneo que luego mencionó varias veces como un gran cementerio. Su viaje a Estados Unidos en donde su discurso en el capitolio fue sumamente importante en términos geopolíticos.

Previamente estuvo en Cuba, y no olvidemos que en el aeropuerto tuvo un encuentro histórico con el patriarca ortodoxo Kirill. Contemporáneamente había publicado su encíclica Laudito Si, un pilar fuerte de su pontificado universal. Su discurso a los movimientos populares en su visita a Bolivia en 2015. Comprendiendo también que ese viaje como en un trazado y desde un “púlpito periférico” desde la Araucanía a la Amazonía, hablo a Latinoamérica toda y al mundo. Sus viajes a África, el continente olvidado.

"Biblia, diálogo vigente", el programa que hacían junto al cardenal Jorge Bergoglio y el rabino Abraham Skorka

Desde República Centroafricana con su encuentro con el mundo musulmán hasta el último en Congo y Sudán del Sur, un peregrinar ecuménico en zonas bélicas peligrosísimas. Considero que en el centro de personalidad como ser humano, como cura y líder
cristiano ha tenido la virtud de mantener sus raíces más profundas. No solo en su vida y costumbres cotidianas, sino que también me refiero a su mirada de la misión de la iglesia a través de su conocida lectura de los evangelios y su herméutica jesuita y en particular su expansión universal de la “teología del pueblo” de origen latinoamericana.

En todos estos años su estado de ánimo ha sido sumamente estable y tranquilo. Ha mantenido su fino estilo del humor. Ha sabido acercar las distancias de una manera personal, donde todavía no comprendo cómo tiene tiempo de responder cartas en un día o llamar por teléfono en medio de tantas tareas y tensiones que tiene. Cuando la encíclica Fratelli tutti recién había salido a la luz, le hice un reportaje sobre si era optimista o pesimista sobre este tema y me respondió que “ni una cosa ni la otra, lo que tengo y mantengo es la esperanza”.

El Santo Padre, con el patriarca greco ortodoxo Theophilos, en el Vaticano

Hoy lo veo ocupado con una energía envidiable y una lucidez mental y profundidad espiritual creciente en los temas que aquejan a la humanidad y preocupado, si, en lo relacionado a la actual guerra en Ucrania. Creo que esta aflicción ha sido vista públicamente.

* Marcelo Figueroa es biblista, teólogo y pastor de la Iglesia presbiteriana de San Andrés (Buenos Aires), y durante más de dos décadas dirigió la Sociedad Bíblica Argentina.