La amenaza de fondo que atenta contra la producción de tomate en Mendoza
De sus 42 años, Celia no recuerda uno en el que no haya trabajado en el campo. Asegura que desde muy pequeña comprendió la complejidad de la vida en la finca y sabe contar en detalle los secretos para ver crecer un buen tomate. Habla de variedades, estaciones aptas y es rigurosa al referirse a las condiciones de base que requiere una cosecha exitosa: agua en buena cantidad, tierra apta, temperatura acorde y sobre todo, mucho cuidado. Las condiciones que planteó esta temporada, tanto desde el punto de vista climático como económico, hicieron que ella, al igual que los emprendedores que apostaron por trabajar la tierra y unirse en una cooperativa, no pueda celebrar al 100% los resultados a tan solo un mes de finalizar los meses más fuertes en materia de producción. Tan solo una pieza más del entramado que hoy atenta contra la producción frutihortícola de Mendoza.
Sobre las diez hectáreas que en las que cultiva tomate en la zona de Jocolí (Lavalle) junto a otros productores que no poseen tierras -sino que están unidos bajo el formato de una cooperativa- Celia trabaja en una pequeña finca denominada "Grito Rebelde". Allí, desde una concepción agroecológica, que apunta a la sustentabilidad, ella produce tomate criollo (el redondo grande), pero también el perita, el amarillo e incluso el "negro" o kumato, una variedad poco conocida en Mendoza. Son todos frutos de primera calidad que luego se comercializan en el Almacén Campesino (Ubicado en calle Mitre y Coronel Plaza de Ciudad) y también se venden a fabricantes de salsa de tomate casera que, al igual que ella, integran la Unión de Trabajadores Rurales sin Tierra (UST).
Hasta allí el circuito que se inicia en tierra lavallina, donde el desierto acecha en cada rincón, se plantea alentador y parece ser la salida exitosa de todos los emprendimientos relacionados a la tierra. Lo cierto es que en la voz de sus protagonistas, hoy el panorama se plantea amenazante, no solo por las inclemencias del tiempo que día a día presentan desafíos complejos para los agricultores como consecuencia de las heladas tardías o la caída de granizo, sino que la escasez de agua y la restricción cada vez más evidente del recurso en las fincas hoy golpea de manera brutal las posibilidades de crecimiento para los productores de este fruto tan requerido por los mendocinos en esta época del año.
"Desde diciembre hasta marzo es la época fuerte de producción, pero la realidad es que no sabemos cuándo todo puede empeorar o qué complicaciones vamos a vivir con el clima en estas semanas", expresa con desazón Celia.
Temporada "caótica"
Celia dice que esta temporada de cosecha del tomate ha sido la peor. De las diez hectáreas, solo cuatro han sido productivas como consecuencia de la falta de agua. Asegura que a ese sector de Lavalle llega tan solo la mitad del recurso hídrico con el que contaban no hace más de un año. Y al mismo tiempo, asegura, el canon a pagar al Departamento General de Irrigación (DGI) es 50% más caro. "Todo aumenta y cada vez tenemos menos agua. Esta temporada ha sido realmente caótica porque además nosotros, los trabajadores sin tierra, no tenemos acceso a subsidios o créditos accesibles. Todos los requisitos que nos piden son para nosotros inalcanzables", repite Celia y sintetiza: "el tomate es un fruto que requiere de mucha agua".
Al límite
Una de las pérdidas más graves que tuvo hace poco, fue cuando una gran cantidad de plantines (que había logrado a fuerza mucho esfuerzo, plantando las semillas que ella misma recolectó de plantas "madre") simplemente, se secaron ¿El motivo? Celia explica que el tomero comenzó habilitar el agua cada doce días. "En ese tiempo, los plantines se secan si no tienen agua", lamenta y desliza que "cada vez estamos más empobrecidos y endeudados. Los costos de producción son muy altos y la situación es cada vez más difícil de sostener".
Solo para dar un ejemplo, Celia comenta que ese mismo tomate, de primera calidad (sin fertilizantes ni agroquímicos en su producción) que llega al consumidor final a precios mayores a 150 pesos por kilogramo, es pagado en su origen a un valor de mil pesos los veinte kilogramos o menos. Esto equivale a decir que en el trayecto de la comercialización, el fruto triplica su precio.
Marcos Cabana también es productor de tomate y para poder comercializarlo, hace un tiempo alquiló un puesto en la feria de Guaymallén. Desde 1994 trabaja en una finca ubicada en El Vergel (también en Lavalle) y hace cuatro años que se asoció con otras familias de agricultores para poder dedicarse a la producción de tomate. La escasez de agua, en su caso también es la amenaza más grave para su producción.
Es que si bien con mucho esfuerzo Marcos ha logrado aplicar en algunos sectores de la finca el riego por goteo, hoy nada parece ser suficiente para evitar que sus tomates estén amenazados. "Me han reducido el caudal de agua de manera significativa y eso impacta mucho en nuestra posibilidades. Este año perdí muchas plantas y tuve que volver a plantar de cero", lamenta Marcos. Cuenta que si antes contaba con 30 horas de riego por turno, esa cantidad descendió luego a 22, más tarde a 17 y en la actualidad a tan solo siete horas.