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Una amiga habló sobre las gemelas argentinas: "Las insultaban y se reían"

La fachada del edificio donde vivían se transformó en un altar al que se acercan los amigos con los que compartían en el colegio.
El balcón del que saltaron ambas jóvenes Foto: Gentileza @NiusDiario
El balcón del que saltaron ambas jóvenes Foto: Gentileza @NiusDiario

La triste escena de un altar de velas y personas llorando en torno a ellas, se sostiene en la calle de la Estació, en Sallent, donde vivían ambas argentinas. Los amigos siguen allí y los vecinos ya no pueden ni transitar por ese tramo de la calle, por la cantidad de ramos y velas que poblaron la puerta del edificio. Allí vivían Alana y Leila, las gemelas de 12 años que se arrojaron de un balcón para terminar con su vida.

El altar improvisado que crearon las amigas en el lugar, que ayer encima fue vandalizado, se transformó en el punto de encuentro de todos los que las querían. Es innegable que ambas gemelas eran víctimas de bullying en el ámbito escolar, desde que llegaron a instalarse en España.

Pintadas de "okupas" sobre el pedido de detener el acoso escolar.

La familia es original del sur de Mar del Plata, pero antes de la pandemia optaron por salir en busca de una posible estabilidad económica. Esta búsqueda de estabilidad nunca se concretó y ocuparon ilegalmente el piso donde vivían hasta el suicidio de las jóvenes. La madre trabajaba en una cafetería del centro del pueblo y el padre era un ferretero desempleado, hasta estaba en la casa cuando las gemelas acercaron las sillas y saltaron la valla del balcón.

El marco claramente no era el mejor y Alana también se encontraba atravesando por una fragilidad emocional dado que estaba creyendo que su identidad era la de "Iván". En ese proceso tan difícil y en ese marco familiar fue a buscar ayuda psicológica, pero no llegó a la cita y se la reprogramaron para la semana siguiente, semana siguiente que nunca llegaría para su vida. ¿Hubiera sido distinto si ella llegaba a la cita? Eriza la piel el hecho de pensarlo. Doce años tenía y esas ideas ya pasaban por dentro de su cabeza: terminar con todo.

Una amiga contó que las despidió el día de la tragedia en la puerta de su casa entre risas y abrazos. La misma, relató los penares que pasaban las jóvenes en la escuela y de como se trenzaban en disputas con sus acosadores. Esto creció cuando la niña expresó su deseo de ser "Iván" y el colegio se transformó en un lugar de tortura y no pudo soportar la presión que la empujó a la muerte y la hizo arrastrar a su hermana en semejante acto. Leia, mientras tanto, se recupera de las lesiones físicas, a la espera de algún día recuperarse emocionalmente.