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¿Educamos igual a un perro agresivo que a uno con temperamento dócil?

La convivencia con una mascota representa una responsabilidad tan importante como cualquier otra de las que tenemos los seres humanos. Aquí, el médico veterinario Juan Martín Molinari te da consejos más que oportunos.

Generalmente, quienes viven con un perro, desean que muestre excelente comportamiento. La realidad nos suele indicar que su conducta no siempre es parecida a lo esperado. 

Cabe resaltar que no es lo mismo “conducta” que “temperamento”. Conducta es la manera como se comportan los animales frente a los estímulos que reciben y la conexión que establecen con su entorno. Temperamento son los rasgos característicos genéticos de cada perro, y que lo llevan a reaccionar de diferentes maneras ante los estímulos del ambiente en que se encuentren. 

Por ejemplo, si un perro tiene un temperamento dominante, como el del dogo argentino, rottweiler, pastor alemán, pitbull, gran danés, bull terrier, entre otros. La educación influye directamente en este tipo de temperamento y dependerá del tiempo y el esfuerzo que se le dedique y del medio ambiente en que se desarrolle el perro, para poder controlar y corregir los impulsos mediante la disciplina y el entrenamiento. 

Lo primero es identificar en efecto que esa es su personalidad y que no se trata de una conducta inapropiada. 

El otro factor importante es el humano conviviente. Los perros agresivos suelen ser muy dominantes, por lo que necesitan una persona con carácter. 

La educación influye mucho en este tipo de temperamento. Bien puede reforzar su conducta agresiva o puede disminuirla. Dependerá, como dijimos, exclusivamente de la persona bajarle el nivel de agresividad mediante mucha actividad física y ejercicios para los que se necesita dedicar tiempo, paciencia y mucho amor. 

Otro factor importante que se da es el de la timidez, también puede ser adquirida y, aunque influyen factores genéticos, algunos perros se vuelven tímidos debido a algún trauma o por falta de sociabilización; por ejemplo, perros aislados o con poco contacto con seres humanos o también cuando conviven con otras razas más dominantes. 

Resulta imprescindible para una buena convivencia -quiero recalcar que ya no hablo más de tenencia responsable- sino de compromiso y responsabilidad absolutos de las personas al adquirir una mascota, con la que a partir de ese momento compartirá la vida. 

Juan Martín Molinari, médico veterinario, 2615183703.