Matias Bagnato: "Ser el único sobreviviente de una tragedia es terrible"
A pesar de la tragedia que le tocó sufrir en carne propia aquel 17 de febrero de 1994 cuando incendiaron la casa en la que vivía con su familia, en Flores, Matías Bagnato dice que se sintió siempre muy acompañado y contenido, principalmente, por Norma su abuela materna quien falleció en junio de 2020. Durante esa terrible noche, mataron a José, su papá; a Alicia, su mamá; y a Fernando y Alejandro, sus hermanos menores. También fue víctima Nicolás Borda, un amigo del barrio que se había quedado a dormir.
Desde hace unos días su historia volvió a ser noticia luego de que se conociera que el responsable de aquel hecho, Fructuoso Álvarez, obtuvo la libertad condicional.
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En diálogo con MDZ, este sobreviviente relató sus días actuales, encerrado y custodiado, por las intimidaciones de quien fue el culpable de las muertes de su familia y cómo ser acercó en este tiempo a Graciela y a Silvino, padres de Fernando Báez Sosa.
- Una vez más, tenés que estar encerrado y con custodia por amenazas de Fructuoso Álvarez, el culpable de la muerte de toda tu familia hace 29 años.
- En estos días estoy un poco más entero, pero hace unos días atrás me llegó la notificación del juzgado de la liberación de este tipo, es decir, otra vez pasar por la misma situación que vengo pasando cada 6 meses, desde hace 11 años, porque pide salidas transitorias o extinción de pena, que es todo el abanico de oportunidades que le brinda nuestro código penal. En parte es mi indignación de la semana pasada, no por él porque, lógicamente, va a pedir salir, pero sí por nuestra justicia que brinda todas esta cantidad de opciones a una persona que cometió semejante tragedia.
Parecería que nadie piensa en las víctimas porque cada vez que sucede y llegan estas notificaciones de salidas transitorias de este individuo, yo tengo que estar encerrado, con custodia, y todo lo que implica psicológicamente pasar por esta situación a 29 años del incendio.
Foto: Matías Bagnato.
- Cuando hacés algún reclamo desde lo jurídico, ¿obtenés alguna respuesta lógica?
-La única respuesta que yo recibo es de los medios de comunicación, que me llaman y siento que, al estar presentes, de alguna manera, me siento cuidado y protegido. Es insólito pero, así y todo, soy una persona con suerte de tener esta posibilidad de que haya cámaras y micrófonos y de que, después de que pasaron 29 años, sigan pendientes de esta causa. Para ser claros, ningún medio sigue atento a una causa después de tanto tiempo.
La presión que ejercieron siempre las cámaras y los micrófonos, para mí, hicieron que algunos jueces se pusieran a trabajar como corresponde. Y eso me da mucha tristeza, no se me pasa por alto, eso me da mucha tristeza.
Foto: Matías Bagnato.
- Cuando sucedió la tragedia, en 1994, vos tenías 16 años, y, desde los medios, como vos decís, te vimos crecer, luchar, denunciar. ¿Cómo te armaste para salir a luchar con tanto dolor a cuestas?
- Si me pongo a pensar que me acosté a dormir una noche, con toda mi familia, nosotros 5 más Nico, un amiguito de mi hermano menor, y que me desperté yo solo, me vuelvo loco. Durante años, cada mañana, cuando abría los ojos me decía a mí mismo:-ya está, quiero despertarme de esta pesadilla- y no... Y era tanta la necesidad de despertarme y ver el empapelado de mi cuarto, porque no me entraba en la cabeza que el único vivo era yo, ¿Y los demás?¿Mi mamá, mi papá, mis hermanitos?...
Desde ese momento, mi abogada, la doctora Rogelia Pozzi, quien es viuda de Eduardo Aulet, una de las víctimas del clan Puccio, me dijo desde el primer momento: "Matías, esto que pasó, ya se mediatizó, tenés que ser fuerte para estar contando esto que pasó en los medios, porque sin la ayuda mediática, a este tipo en poco tiempo lo tenés caminando en la calle".
Recuerdo que me costó muchísimo. La primera nota fue con Fanny Mandelbaum, en ese entonces, en el noticiero de TELEFE, y hubo que interrumpir la nota varias veces. Desde ese entonces, los medios siempre estuvieron cerca.
- ¿De qué manera viviste estos dos juicios durante este mes, casos Dupuy y Báez Sosa?
- Cuando me tocó escuchar las dos sentencias, fue inevitable volver 29 atrás, es imposible no revivirlo. Y esa ingenuidad como ciudadano de a pie, de no tener idea de leyes, ni de códigos, ni de sentencias, hasta que te toca por circunstancias de la vida, vivir estas situaciones extremas. Recordé automáticamente el momento en que escuché la sentencia por el asesinato de mi familia con mi abuela al lado y dijeron "condenado a prisión perpetua". Nos miramos y pensamos, ingenuamente, que sería así (porque uno piensa que después de la barbaridad que cometió, este tipo no saldría más).
Y salió, varias veces, y aquí estamos; él, caminando por la calle, y yo, encerrado y con custodia. Y estas son las cosas que me dan pena en nuestro país, la justicia.
Yo tengo la suerte de que hablo con Graciela y con Silvino, y conversamos acerca de los que es, en verdad, la perpetua, y que no se termina con la sentencia, sino que ahí, recién empieza. Es muy duro convivir con todo esto, es muy triste, hay que tener mucha fuerza siendo un familiar de víctimas en nuestro país.
- Hay muchas familias que pasan por terribles tragedias en Argentina, ¿hablan entre ustedes, se juntan, luchan para que otros no pasen por lo mismo?
- Somos muchos los que estamos juntos; la mamá de Ángeles Rawson, Viviam Perrone, María Lujan Rey, de la tragedia de Once, familiares de Cromañón,... Hemos luchado por la ley de víctimas, que incluye tener un acompañamiento psicológico, tratar de que los operadores judiciales tengan un poquito de empatía. Tenemos un sistema judicial que, desde sus orígenes, fue pensado poniendo el ojo en el victimario y no en la víctima y muchas veces te sentís que son un expediente. Todo está enfocado en el victimario que puede hablar cuando quiere, que también tiene un abogado gratis desde el minuto cero, bueno a partir de la ley de víctimas cambió un poco a nuestro favor.
Como cuando la semana pasada Graciela, la mamá de Fernando se puso de pie y pidió la palabra en los alegatos, antes no era posible que sucediera, sólo hablaba el abogado que vos pagabas; entonces te constituías como parte en una causa pero, claro, en un lenguaje técnico, así ejercías tu defensa como víctima.
¿Sabés lo que es mirar a un juez a la cara y contarle en qué se transformó tu vida después de que estos monstruos te la arruinaran?
- ¿Matías, quién te ayudó? ¿Cómo saliste adelante? Te vemos fuerte...
- Mi abuela me ha salvado en todos los aspectos en que se puede salvar a un ser humano, aún con su tremendo dolor, de enterrar a su única hija. Pero también tenía a su nieto; y ella se ocupó de que yo creciera sin rencor ni odio y con muchos valores. Tuvo que salir a trabajar para comprarme todo lo que necesité desde ese momento ya que, por ejemplo, se había quemado toda mi ropa. Ella fue un pilar muy importante, y desde que ella falleció, me vuelve a costar un poco más todo. Me doy cuenta de que ella era mi motor.
Habíamos hecho un trato en la vida; ella me dijo: "Voy a devolverte todo lo que vida me permita; pero yo voy a ayudar a un nieto fuerte, no a un nieto tirado en la cama". Y cuando pasa esto, que el tipo me empieza a amenazar, la abuela fue quien me protegió de todo, hizo todo, recorrió tribunales, yo no entendía nada de nada.
Foto: Matías Bagnato.
- Te hago una pregunta muy personal, ¿creés en Dios?
- Quiero creer en Dios, pero me lo cuestiono muchas veces; especialmente por mis hermanos .A veces me pregunto cómo pudo pasar; cuando miro la foto de mi hermanito de 9 años, y con el de 14 también ¿Y qué culpa tenían? Y ser también el único sobreviviente es terrible; es sentir mucha culpa, pude haber sacado esa noche a alguno de ellos y salvarle la vida...
- Esa noche se quedó a dormir Nicolás, amiguito de uno de tus hermanos, quien también fue víctima, ¿seguiste el trato con su familia?
- Sí claro, especialmente con la mamá de Nico, Lucy quien partió hace poco tiempo, fue una de las víctimas de Covid en el 2020, pero siempre fue un amor conmigo, para una mamá enterrar a un hijo es muy doloroso y éramos muy cercanos, los hermanos de Nico crecieron y formaron su familia y una de parte de ella y de mi se quedó aquella noche del 17 de febrero de 1994.