Más de 5.000 hectáreas afectadas: cómo será la evaluación de daños de los incendios en el pedemonte
Las graves consecuencias que dejó el viento Zonda aún se siguen relevando y serán parte de la agenda durante largo tiempo, ya que, lo que ocurrió con el incendio en el pedemonte no tiene precedentes. En Mendoza sucedió algo similar con otro incendio en el Cerro Arco en el 2018, aunque estiman que lo ocurrido recientemente es todavía más grave ya que se habrían quemado cerca de 5.000 hectáreas.
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La flora y la fauna de la provincia, tan importantes para sostener el ecosistema, fueron las más afectadas. Los incendios fueron 33 en total pero el del pedemonte fue el más grave. Con la declaración de la Emergencia ambiental y habitacional, la Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial no solamente está obligada a realizar un relevamiento de los daños ambientales causados en los distintos sectores de la provincia sino que, además, puede hacer contrataciones que sean necesarias para remediarlos. Entre los principales daños se encuentran la degradación de los terrenos, la pérdida de flora y fauna autóctona y la caía de numerosos árboles.
A partir de esta emergencia, desde la Subsecretaría de Recursos Naturales y Renovables a cargo de Sebastián Melchor, se encuentran delineando un Plan de Restauración Ecológica, parecido al que se hizo cuando se quemó una parte del Cerro Arco. En MDZ dialogamos con Melchor que reflexionó en dos sentidos. Por un lado, sostuvo que "para tratar de restaurar o recuperar en condiciones parecidas -nunca las mismas- el pedemonte estamos hablando de tres o cuatro décadas". Por el otro, señaló que teniendo en cuenta ese dato clave, "es muy importante comenzar lo antes posible con un plan de restauración ecológica de todo el pedemonte, las casi 5.000 hectáreas afectadas, de la de la manera más integral posible y conteniendo todos los impactos que esto va a significar".
La geografía del pedemonte es como la mayoría de los mendocinos conoce, es muy irregular. Hay muchas quebradas, vallecitos, zonas en altura. El viento Zonda fue muy fuerte, lo que provocó que algunas zonas se quemaran de manera muy irregular. Por esos motivos, el subsecretario de Recursos Naturales y Renovables explicó que "hay lugares en los que hay que trabajar en una clausura, que sería una restauración pasiva y en otros hay que trabajar en una restauración activa que responde a la plantación de -en este caso- la especie más característica de la zona que fue la más golpeada que es la jarilla".
Para lograr esta tarea por demás compleja, el funcionario contó que desde el 2018 la provincia cuenta con su propio banco de germoplasma que, en sencillas palabras, se trata de un banco de semillas donde están los tipos genéticos de cada planta. Es decir, durante estos cinco años desde el gobierno han recolectado semillas, muchas de ellas de Divisadero Largo y de otras áreas protegidas. Esto permite que durante las próximas semanas trabajen en "el armado de esos pequeños plantines, que recién vamos a poder plantar en agosto del año próximo por una cuestión estacional", explicó y agregó que "es clave que trabajemos fuertemente en un relevamiento de campo que es lo que se está haciendo y un relevamiento satelital para identificar por dónde hay que ir haciendo esta restauración activa y pasiva y en eso estamos trabajando y vamos a trabajar, seguramente los próximos meses".
La importancia clave del estudio
Este estudio de relevamiento es clave, ya que, si bien habrá "un estudio preliminar que va a estar en el próximo mes", el estudio final "va a estar después de las lluvias del verano, lo vamos a tener recién para fines de febrero, primeros días de marzo" para saber cómo viene esa floración. Es decir, recién en marzo se conocerá con certeza el verdadero impacto del incendio en el pedemonte porque tras la temporada de verano se podrá saber "cuales plantas han florecido y ahí vamos a saber con claridad, dónde se hace esta restauración que comenzará en agosto".
Así como lo ocurrido con el incendio en el pedemonte no se recupera de un día para el otro, lo que pasó en 2018 en el Cerro Arco tampoco. Allí durante este tiempo transcurrido, se plantaron más de 500 jarillas como parte de la restauración activa y en otros lugares se procedió a una clausura, con restauración pasiva. "El impacto más fuerte está en la en la flora que es la que construye las condiciones para que la fauna luego pueda habitar y porque la flora nativa de nuestro pedemonte cumple una función ecosistémica y brinda servicios ecosistémicos a todo el Área Metropolitana", señaló el funcionario. Algunos de estos beneficios están relacionados con humedecer el aire, que no se levante tanto polvo, fija el suelo lo cual impide el aumento de los aluviones, etc.
En su momento, en el Cerro Arco, se plantaron alrededor de 1.000 plantines de jarilla para las 1.500 hectáreas afectadas. Por lo que, en este caso, las dimensiones del problema son mucho mayores ya que se trata de casi 5.000 hectáreas a las que hay que "darle un seguimiento para identificar con muchísima claridad donde están estos principales desafíos. Los tiempos y los lugares de trabajo van a tener que que parecerse en escala", concluyó Melchor.