La increíble historia del granadero que cruzó los Andes con San Martín y trasladó sus restos a la Catedral
La historia argentina guarda el recuerdo de personas que en mayor o menor medida fueron construyendo la realidad actual, siendo quizás el más recordado de todos el general José Francisco de San Martín, llamado "el padre de la Patria". La realidad es que, a pesar de su conducción trascendental y modelo a nivel mundial, también requirió del esfuerzo conjunto de hombres y mujeres que sirvieron en la causa independentista. Uno de ellos fue el teniente general Gerónimo Espejo, uno de los granaderos que combatió bajo sus órdenes y luego lo despidió cuando volvieron sus restos de Europa.
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Hay hombres que trabajaron en los cimientos de la construcción de la Argentina que cayeron en el olvido a pesar de haber llevado una vida en la que dieron todo de sí por la causa nacional. Gerónimo Espejo es ejemplo de ellos, siendo su última aparición pública uniformado, ya con los años encima, para honrar a su general en tiempos de la independencia.
Nacido en la provincia de Mendoza en 1801, cuando "la tierra más gaucha" dependía aún del Imperio Español, siendo parte del Virreinato del Río de la Plata, en el yugo de una familia bien acomodada. Siendo educado en la excelencia, con 15 años dio su grito de independencia ante su padres de la aristocracia española y se puso en campaña para formar parte del Regimiento de Granaderos a Caballo.
Formando parte de las huestes de San Martín, Espejo cruzó los Andes, saliendo victorioso en Chacabuco y Maipú, y siendo sobreviviente de Cancha Rayada. Luego de eso, no terminó su andar en la gesta emancipadora, y siguió con los granaderos hacia Perú y Ecuador, acompañando al general San Martín hasta la famosa entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar.
Ya con San Martín fuera de la lucha emancipadora, se incorporó a las fuerzas argentinas y combatió en la Guerra del Brasil, donde, a pesar de las resoluciones políticas posteriores, Brasil terminó derrotado de forma contundente. A su retorno del frente, como gran parte de los militares que formaron parte de aquella guerra, se volcó por las fuerzas unitarias hasta la derrota de las mismas en la disputa entre unitarios y federales, volcándose de lleno a la política.
Como político, fue senador por la provincia de Mendoza entre 19854 y 1857, retirándose luego para cumplir funciones en el Ministerio de Guerra. Así fue como conoció a Bartolomé Mitre, con quien colaboró para que el expresidente escribiera varios libros sobre la vida del general San Martín, dando nacimiento a la historiografía argentina, siendo testigo de los relatos sanmartinianos que llegaron a nuestros días.
Después de ese tiempo entre las armas y la política, llegó el retiro y la reserva de su uniforme y memorias, hasta que en 1880 volvió a sus ropas de granadero, seguro ya algo andrajosas, para ir al puerto a recibir los restos del general San Martín y custodiarlo hasta la Catedral Metropolitana. Habría sido entonces uno de los famosos "siete granaderos", pero como esto fue un mito urbano que corrió a través de la historia, él no fue de esos siete hombres que el mito cuenta. Murió el 18 de febrero de 1889 sin dejar descendencia, pero si el legado de un héroe que eligió dejar la aristocracia para romper las cadenas de la patria.

