El argentino que emigró a Noruega y fue electo para un cargo público
Ricardo Clarke nació en la Argentina, más precisamente en Puerto Madryn, hace 68 años y nunca imaginó que gran parte de su vida se desarrollaría muy lejos de su país. No fue algo buscado, más bien cuestiones del destino o del corazón.
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A los 32 años, en 1986, después de su infancia en Trelew, de trabajar durante algún tiempo en la empresa familiar, de montar su propio negocio, decidió soltar amarras y salir al mundo.
Recorrió diversos lugares, vivió un año en Los Ángeles y recaló en Mallorca. Allí cambió su vida, cuando conoció a una mujer, su esposa actual. El detalle es que no era española y muchos menos argentina. Era noruega.
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El amor todo lo puede y, en poco tiempo, se vio radicado muy cerca de círculo polar, en Bodø, una ciudad de poco más de 50.000 habitantes en donde las noches, en invierno, son eternas y los días, en verano, van de sol a sol.
Emigrar siempre es difícil. Los comienzos fueron duros. Una sociedad distinta a la que se tuvo que adaptar y, lejos de la vida acomodada que tenía en su país, debió hacer todo tipo de trabajos hasta que pudo montar su propio negocio, una tienda de ropa para hombres. También llegaron los hijos y, desde hace poco, sus nietos.
Hoy disfruta la cosecha de ese largo recorrido en ese país que tiene uno de los mejores niveles de vida y que es siempre un ejemplo de una sociedad deseada.
Fue tan profunda la integración al país nórdico que no sólo cumplió con los deberes normales de ciudadano sino que, desde 2008, ejerce como juez lego en el juzgado de la provincia de Nordland.
Un ejemplo de una característica que lo define: la de ayudar a los demás.
Por esa vocación y con el deseo de devolverle a la Argentina todo lo que le dio, en 2016, tomó la iniciativa para que la compañía aérea Norwegian comenzara a volar a Buenos Aires. Y lo logró.
La idea era la de acercar a los dos países que, aunque con costumbres diferentes, tenían mucho para compartir.
En ese hábito de colaborar, hace pocas semanas, sin quererlo, tuvo una nueva sorpresa. Fue elegido para integrar el concejo deliberante de su ciudad, cargo que asumirá en los próximos días.
Ese fue el punto de partida del diálogo que mantuvo con MDZ que permitió también conocer cómo es vivir en una sociedad modelo y las diferencias que hay con la Argentina.
“A mi Noruega no me formó. Estoy hace 34 años, pero me formó la Argentina, mi tierra, mis padres, mis amigos. Yo llegué a Noruega hecho hombre. Casi todo lo que soy se lo debo a la Argentina”, aseguró Clarke para explicar que no hay tantas diferencias entre los ciudadanos de ambos países, sino que todo depende de la educación que se tenga.
“A esto de la política llego sin querer. Sentía que estaba en deuda con mi ciudad, con Bodø, porque me ha dado mi familia, mi trabajo, mis amigos, me da bienestar, salud y educación para mis hijos. Hace dos años, un amigo mío, que fue ministro de Pesca del gobierno del partido Høyre de derecha, me dijo que se iba postular como intendente. Me pidió si le daba una mano porque quería gente nueva que no estuviera en la política y quería que colaborara en el tema de las empresas. Era para la elección que se tenía que hacer este año. Yo le dije que sí, aunque prefería que me pusiera bien abajo de la lista, como para no entrar, porque tengo mi empresa y no puedo dedicarle mucho tiempo. Especialmente, este año porque ya en 2024 voy a estar más liberado. Me puso en el puesto 36 de 40” señaló a MDZ.
“Cuando se hacen las elecciones, hace unas semanas, yo ya tenía previsto vacaciones en España con mi mujer. Estaba allá y el partido ganó con 35% de los votos. Me fije en internet cuántos concejales habían entrado y eran 15. Entonces, pensé, que yo no entraba, pero en Noruega se elige con una papeleta con todos los nombres y la gente puede tachar a algunos para que entre otros que están más abajo. Me llevé la sorpresa porque hubo 136 votantes que me eligieron a mí para entrar en el Concejo y así fue que me eligieron porque quedé en el puesto 15”, remarcó.
Ser concejal en una ciudad de Noruega tiene algunas diferencias con lo que sucede en la Argentina.
Todos los funcionarios tienen sus actividades privadas ya que el trabajo no es de tiempo completo y la remuneración es el mínimo que rige para el salario básico. Unos 20 euros por hora.
“Si no hay una situación extrema, hay unas 8 reuniones al año para tratar los temas. Es una jornada de 8 horas. Es decir que se pagan el equivalente a 160 euros por cada día” dice Clarke que aclara que eso es muy bajo para los sueldos que se pagan en Noruega, uno de los países más caros del mundo.
A los ojos argentinos, Noruega muestra un contraste muy grande con las costumbres argentinas.
Por ejemplo, los concejales o diputados están para legislar, pero no manejan fondos. Tampoco lo hace el intendente. En las municipalidades hay un CEO – se lo llama Director Comunal - que administra la ciudad. Se selecciona por un concurso por antecedentes.
La corrupción es prácticamente inexistente porque, como dice Clarke, “está todo controlado y no se acepta. Funcionan las instituciones”
De los ingresos, el 50% va para el Estado, pero la gente ve que eso vuelve a ellos en cuestiones vitales. “Acá la educación y la salud es gratis y de muy buen nivel. No hay colegios o sanatorios privados. Todos se atienden en la salud pública. Desde cualquier ciudadano hasta los políticos o los miembros de la familia real. No hay diferencias”, afirmó Clarke y agrega: “el rey viaja en una línea aérea comercial como cualquiera. No tiene un avión especial.”
“Como juez lego, tuvimos un caso en el que una persona no había hecho bien su liquidación de impuestos. A mí me parecía que no era tan grave, pero el juez letrado me corrigió y me dijo que había que sancionarlo porque me estaba robando la plata a mí y a todos los noruegos”, remarcó.
Pese a esa presencia del Estado, la economía se maneja bajo un sistema capitalista, cuenta Clarke. “Hay libre comercio. Yo importo ropa de los lugares que quiera, Funciona el libre mercado.”
“La sociedad noruega se basa en la educación y la austeridad. Hasta los 60, cuando descubrieron petróleo, era un país pobre para lo que es la región y mucho de eso se mantiene en las costumbres. En Noruega no hay servidumbre. Todos hacemos las tareas de la casa. Los fines de semanas limpiamos, hacemos todo. Nosotros y los más ricos”, agregó

