“El Topo”: cómo nacieron los churros que se animan al dulce de leche pero también al roquefort
Años atrás hablar de los churros de “El Topo” era sólo para entendidos: turistas o habitantes de las ciudades de Villa Gesell y Necochea que disfrutaban de este clásico, tanto a través de los vendedores que recorrían las playas como directamente de los locales.
Hoy la marca se expandió a tal punto que ya son 21 las sucursales en varios puntos del país. Así, ya son tres generaciones las que trabajan para cocinar los churros más famosos de Argentina.
De Villa Gesell a todo el país
Hugo Navarro y Juan Carlos “Cacho” Elía fueron los pioneros. Después de varios intentos frustrados en Buenos Aires, en 1968 instalaron la primera churrería de Villa Gesell. La recomendación de un letrista que pintó la vidriera del local fue clave: el cartel debía estar al revés, así la gente se detenía para leerlo. Hoy ese detalle es gran parte del mito alrededor de “El Topo”.
Al año siguiente los socios inauguraron la sucursal de Necochea. Cuatro décadas después, los hijos de los fundadores decidieron emprender la expansión de la marca a nuevas ciudades, convirtiéndola en la churrería con más locales a nivel nacional.
Junto con los nuevos locales, y con el aporte de la tercera generación, llegó la diversificación del producto. Nuevos rellenos salados, rellenos veganos y churros sin TACC se acomodaron a la actual demanda.
“Somos tres generaciones trabajando”, dijo a MDZ Juan Manuel Navarro, socio gerente e hijo de uno de los fundadores. “Si bien la primera ya no está más físicamente en los locales, siempre son fuente de consulta”, aseguró.
Tanto los hijos como los nietos de los creadores son parte de la empresa. Todos aportan algo: desde dirigir los locales hasta hacerse cargo de las redes sociales. En estas churrerías no hay franquicias sino que todo corre a cargo de ambas familias.
Si bien la calidad de los productos es clave cuando de gastronomía se trata, el valor emotivo también juega aquí un rol fundamental. “La gente tiene muy asociado al churro con las vacaciones, con la playa, con pasarla bien, con amigos, con familia. El churro es algo que te lleva al buen recuerdo y a la emoción”, afirmó Navarro.
Éxito arrasador en redes sociales
Juan es, entre otras cosas, el community manager a cargo de la cuenta de Twitter de “El Topo”, que cuenta con más de 100 mil seguidores. No es la única red social que ostenta la empresa: también generan contenidos en Instagram y TikTok. La influencia de estas plataformas fue clave.
“Las redes sociales nos dieron crecimiento a nivel cantidad de locales -o madrigueras, como les decimos nosotros-, ya que teníamos 8 o 9 y ahora son 21 en todo el país; fidelización de la marca, ya que antes la conocía sólo la gente que iba de vacaciones a Villa Gesell o a Necochea, y hoy no es así”, señaló Navarro.
Y amplió: “Además, se pudo imponer el churro en el invierno en Buenos Aires. Antes era un producto de verano, asociado a las vacaciones. Hoy en Buenos Aires tenemos cinco locales tradicionales y uno sin TACC. Es increíble cómo la gente cambió el chip y también los come en invierno”.
Sabores exóticos
Los clásicos existen, obviamente. Dulce de leche y crema pastelera son rellenos de los que nadie se sorprendería. A medida que se avanza en el catálogo, las expresiones podrían cambiar: dulce de batata, dulce de membrillo, dulce de almendras o crema de limón también figuran entre las opciones.
Sin embargo, la verdadera distinción está en los churros salados de “El Topo”: “La empresa siempre fue bastante aventurera con los rellenos. Si bien el churro con roquefort hoy está en boca de todos, fueron mi papá y mi padrino Cacho los que hace 55 años se animaron a ponerle ese queso al churro”, mencionó Navarro.
Y agregó: “La segunda generación vino con un empuje hacia los nuevos sabores, tanto dulces como salados. Hoy tenemos de roquefort, cheddar, hummus, palta, jamón y queso, aceitunas, leberwurst”. Y no sólo eso: “Uno de los que tuvo mucho éxito y que hacemos para las Fiestas es el relleno de vitel toné. Tuvo un éxito terrible, superó ampliamente a los otros que hacemos todo el año”.
Pero “El Topo” siempre apuesta a más: “Para las fiestas judías hicimos uno relleno de jrein, que es un rábano picante con remolacha que es muy rico”, recordó el vocero, al tiempo que adelantó que seguramente este año vuelvan a hacerlo.
Tal creatividad contagió a la clientela. Según Juan Manuel, “la gente pide rellenos de morcilla -que una vez hicimos pero no hubo muchas ventas-, de chorizo, de tomate y albahaca, de fugazzeta, de lo que se te ocurra”.
¿Habrá novedades? “No nos cerramos a ningún sabor. El churro está en constante evolución”, concluyó el empresario.