Derechos vulnerados

La grave realidad en Argentina que deja al descubierto el asesinato de Lucio Dupuy

Mientras que el presidente Alberto Fernández busca agilizar la aprobación de una Ley para abordar los casos de maltrato infantil, los hechos se siguen repitiendo en el país. No hay datos actualizados y aseguran que la Justicia de Familia y los órganos a cargo adolecen de mecanismos adecuados.

Zulema Usach
Zulema Usach viernes, 20 de enero de 2023 · 07:05 hs
La grave realidad en Argentina que deja al descubierto el asesinato de Lucio Dupuy
El maltrato infantil es una de las problemáticas más graves e invisibilizadas en Argentina.

El miércoles 9 de noviembre de 2022, la Cámara de diputados de la Nación dio media sanción al proyecto de ley presentado por el diputado del Pro Martín Maqueyra, que en líneas generales, estipula establecer mecanismos claros en todos los órdenes del Estado Nacional (y los provinciales) para prevenir y actuar a tiempo cuando se detecten señales de maltrato en niños, niñas y adolescentes. A las voces para apurar el tratamiento de la iniciativa en el Congreso y transformarla en Ley, en las últimas horas se sumó la del presidente Alberto Fernández, quien no descarta convocar a sesiones legislativas extraordinarias, en el marco del proceso que la Justicia inició contra la madre del pequeño de cinco años, Lucio Dupuy y su pareja, tras el asesinato ocurrido el 26 de noviembre del 2021 en la ciudad de Santa Rosa, La Pampa. Este 2 de febrero, las mujeres podrían escuchar la condena de la Justicia en el marco de uno de los hechos más aberrantes contra la infancia ocurridos en el país.

Lo cierto es que más cerca de la realidad cotidiana, los casos de violencia contra bebés, niños, niñas y adolescentes siguen conformando la deuda más cuenta de la sociedad argentina, en el marco de un sistema que no llega a tiempo para proteger de manera efectiva sus derechos.

Hoy, miles de niños y niñas en Argentina son el blanco de formas de violencia que aparecen casi invisibilizadas, naturalizadas y que en el caso de ser detectadas por los organismos intervinientes (Justicia de Familia, órganos locales a cargo de la protección de la infancia) las respuestas y medidas van detrás de las decisiones. La denominada "Ley Lucio" establece que los médicos, docentes y funcionarios del Estado tienen la obligación para denunciar señales de violencia contra las infancias y adolescencias. Y esgrime la necesidad de reportar en tiempo y forma los casos. En realidad, estas son medidas que a la luz de las leyes vigentes (La N°26.061), convenciones internacionales y protocolos establecidos en las diferentes provincias, ya existen.

Lucio Dupuy tenía cinco años cuando fue asesinado.

El problema, advierten desde hace tiempo quienes trabajan en materia de derechos de la infancia, es que estos no se cumplen, mientras que los juzgados de familia se encuentran abarrotados de casos en los que justamente, los niños y niñas son las víctimas directas de hechos de maltrato y toda clase de abusos que van desde la agresiones psicológicas, abandono, negligencia, golpes, torturas, manipulación o abuso sexual. Todas formas que en las escuelas, el club o en la consulta médica deben ser denunciadas y abordadas de manera ágil, priorizando la integridad de los/las pequeños en cada caso.

En Argentina no hay de hecho, datos concreto y actualizados a cerca de la cantidad de denuncias que las líneas de violencia contra las infancias reciben. Los programas de maltrato infantil carecen de herramientas acordes para evitar, por ejemplo, que miles de niños y niñas atraviesen por procesos de revictimización a la hora de analizar sus situaciones y tratarlos como lo que son: sujetos de derecho a los cuales sus derechos humanos básicos y fundamentales para desarrollar una vida plena, se les está negando.

Hechos aberrantes

La mayor parte de los hechos de maltrato contra niños y niñas se vive puertas adentro de los hogares y están marcados por un patrón común: la violencia intrafamiliar. Por el crimen de Lucio están detenidas la madre biológica el niño, Magdalena Espósito Valenti (24) y su pareja, Abigail Páez (27). El pequeño había ingresado al Hospital Evita de Santa Rosa con una grave hemorragia interna productos de los golpes recibidos. La autopsia comprobó luego que Lucio había sido víctima de golpes y torturas durante un tiempo prolongado.

Tan solo unas semanas después, hacia enero de 2022 Ana Patiño Fabro, una beba de apenas tres meses, fue asesinada en un inquilinato de Villa Albertina, en la localidad de Ingeniero Budge. La autopsia había determinado muerte por estrangulamiento y se determinó que la beba había sido torturada durante varias semanas antes del crimen. Un mes antes, en diciembre de 2021, otro aberrante hecho sucedió en Neuquén. Salomón, de tan solo dos años, fue asesinado a golpes por su padrastro. Milo Derto, de la misma edad que Salomón y que el pequeño nacido en Córdoba, Emiliano Messa, fue asesinado en Buenos Aires también, por aquellos adultos que deberían haber abogado por cuidarlo, protegerlo y brindarle amor.

Problemática que exige medidas de fondo

Sara Barni, fundadora de la organización nacional Red Viva, que trabaja en pos de la defensa de los derechos de la infancia asegura que si bien la puesta en vigencia de la Ley Nacional N° 26.061 (que establece los derechos y obligaciones del Estado argentino para garantizar los derechos de niños, niñas y adolescentes) implicó un avance para el país en materia de legislación, aún queda por resolver que esas pautas sean aplicadas en su totalidad a la hora de resolver los casos en los que los niños y niñas son víctimas de maltrato. Desde su punto de vista, en realidad, es fundamental que se trate en el Congreso Nacional el proyecto relacionado a la Ley de contra la violencia vicaria, una herramienta por la que se busca establecer políticas concretas a la hora de intervenir los casos de violencia de género. Detalla Barni, que de hecho, los hechos de violencia contra niños, niñas y adolescentes están vinculados de manera estrecha a los casos de violencia de género en la gran mayoría de los casos.

La violencia vicaria es la que se ejerce contra los hijos con el solo objetivo de dañar a la madre.

"En el 99% de los casos en los que los niños y niñas son asesinados, quienes ejercen los abusos y el maltrato a lo largo del tiempo contra ellos son los progenitores varones. La muerte de un niño o niña en estas circunstancias es el punto cúlmine de la violencia vicaria; lo que se busca con eso en la gran mayoría de los casos, es hacer daño a la madre", expresó Barni y destacó que se requiere de políticas de fondo urgentes, en lugar de seguir aprobando leyes que luego no son aplicadas en términos reales.

Barni denunció además que existe en todo el país una dilación de las causas y que faltan respuestas efectivas por parte del Estado para prevenir que estos hechos de violencia sigan sucediendo. Agregó que las medidas se toman "de manera compulsiva para acallar la conciencia social", cuando en realidad se necesita de herramientas concretas que permitan proteger a los niños y niñas de la manera adecuada frente a los hechos de violencia de género que impactan sobre las infancias.

La importancia del relato y las señales clave

Una de las premisas básicas en los casos de maltrato que se producen en el hogar del niño o niña, es fundamental siempre privilegiar su relato, dar aviso a las autoridades intervinientes y nunca descalificar tu testimonio. Aseguran los especialistas que no hay que olvidar que los niños suelen decir una sola vez que son víctimas de una situación de este tipo, en el caso de manifestarlo a alguien de confianza. Puede suceder, que luego de contar lo que les está sucediendo se retracten debido a la propia manipulación psicológica a la que han sido sometidos, que se suman al miedo que les provoca quien comete este grave delito. 

Es fundamental que todas las personas que intervienen en aquellos espacios donde el niño o niña se desarrolla estén debidamente capacitadas e informadas respecto de las señales que deben llamar la atención y activar los protocolos necesarios para evitar que los hechos se sigan repitiendo, mientras que se realizan las pertinentes denuncias ante la Justicia. Así, en los hospitales y centros de salud por ejemplo, las luces de alarma deben encenderse en los casos en que los niños o niñas son llevados en horas de la madrugada, cuando muestran conductas evasivas o bien, presentan dificultades para controlar esfínteres (si ya pasaron la etapa de usa pañales y no presentan afecciones o cuadros diagnosticados que así lo aseveren) o tienen encopresis (imposibilidad de defecar).

Siempre se debe atender al relato del niño o niña.

Otras señales pueden ser cuando los niños o niñas tienen pesadillas nocturnas reiteradas, sufren de manera constante de dolores de panza o muestran cambios de hábitos repentinos. Cuando se comen las uñas hasta sangrarse o se hacen autolesiones. Esas son alarmas para indagar sobre que es lo que les esta ocurriendo. 

En el entorno familiar, muchas veces suele suceder que las manifestaciones del niño o niña pasan inadvertidas o minimizadas, cuando en realidad, es su cuerpo el que está hablando. Puede pasar, por ejemplo, que no quiera estar con una determinada persona o refiera que tal persona es mala, También hay que atender cuando no quieren saludar con un beso a alguien, cuando no quieren estar en casa y prefieren estar fuera. La tristeza prolongada en el tiempo y sin un motivo puntual aparente se suman a las señales de alerta. 

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