Estancia La Paz de Ascochinga: ensueño, intrigas y poder
“Ascochinga” es la zona que lleva el nombre del viejo cacique zonal que comandaba a los indios sanavirones. Los sanavirones junto a los comechingones, los olongastas y los bet o antiguos pampa, fueron los originarios pobladores de Córdoba. Precisamente el cacique Ascochinga gobernó la región del nordeste y centro cordobés durante mediados del siglo XVII. El lugar corresponde a la actual zona de las Sierras Chicas del municipio distrital de La Granja, que antiguamente era conocida como “Corral de Piedra”. Está ubicado en el departamento de Colón, a orillas del río que lleva precisamente el nombre de aquel jefe indio: “Ascochinga”, toponímicamente “el perro perdido” (asco: en quichua significa perro; chinga: perdido).
En tiempos coloniales la vieja “Ascochinaga” se caracterizaba por la presencia de un gran molino administrado por los sacerdotes jesuitas. Toda esta extensa región comprendió la “Estancia Santa Catalina” que superaba las 60.000 hectáreas (hoy convertida en Patrimonio de Humanidad). Distintos momentos sociales y político surcó la zona después de la expulsión de los jesuitas del Virreinato del Río de la Plata (1767) por parte de la corona española. Dicha estancia fue mutando de dueños hasta que Tomás Funes adquirió la propiedad y comenzó en 1830 con la construcción del casco principal y la casona histórica.
El suegro Funes y “el zorro” Roca
Así fue como el puntano Tomás Funes, descendiente directo de los propietarios de los famosos sanluiseños “Potrero de los Funes” (actualmente otro reconocido destino turístico) y destacado político liberal de su época, construyó un lujoso chalet que marcará la historia nacional. Bautizó la posada y estancia como “La Paz” en memoria al trascendental Pacto de San José de Flores que estableció en 1859 un convenio de paz y unión entre la Confederación Argentina y el estado de Buenos Aires luego de la Batalla de Cepeda.
En realidad, la proyección del lugar y su influencia directa en la política argentina estará dado porque las hijas de Funes se casaron con futuros presidentes argentinos. Así pues, Lisa se casó con Miguel Juárez Celman (presidente entre 1886 y 1890) y Clara Dolores del Corazón de Jesús contrajo enlace en 1872 con el dos veces primer magistrado nacional: Julio Argentino Roca.
Será Julio Argentino Roca quien generará un verdadero centro de poder del lugar cordobés. Transformará estéticamente y arquitectónicamente el amplio espacio incorporando un renovado estilo neoclásico – italiano, ampliando galerías, reformando las caballerizas y los establos, construyendo una pileta cubierta y refaccionando la pileta exterior. El nuevo paisaje se completará de la mano de la contratación del famoso paisajista francés Carlos Thays, quien diseñará un parque de 100 hectáreas con un majestuoso lago artificial. Para ponderar la inversión y la riqueza estética de la estancia de Ascochinga debemos recordar que fue Carlos Thays, el mismos que dejará su impronta en el país tras diseñar el Parque Sarmiento de Córdoba y remodelar la mayoría de espacios verdes que fueron determinantes para la conformación de nueva imagen urbana porteña. Su sello paisajista y arquitectónico se corroboran con la creación del parque Tres de Febrero, Los Andes, Florentino Ameghino, Colón, Patricios, Chacabuco, Lezama, Avellaneda, Intendente Alvear y Barrancas de Belgrano. Así como en las plazas del Congreso, Plaza de Mayo, Rodríguez Peña, Solís, Castelli, Brown, Balcarce. Pero fue Thays además quien construyó el Parque de la Independencia en Rosario, el Parque 9 de Julio de Tucumán y el Parque General San Martín de Mendoza.
La mano de Julio Argentino Roca
Nadie podrá discutir la injerencia de Roca durante las últimas décadas del siglo XIX y principios del XX. Fue en esos tiempos cuando los veraneos de Ascochinga pasaron a convertirse en el centro del establecimiento de la agenda política argentina. Por la estancia, ahora de Roca, “desfiló” el poder de la Argentina. Imposible no reportarse ante Roca, así pues, la posada recibió, entre otros, a todos los presidentes del momento: Avellaneda, Mitre, Sarmiento, Pellegrini, Sarmiento, quienes no pudieron escapar a las visitas veraniegas donde se “tejía” la construcción de un nuevo modelo de país. Pero también pasarán por Ascochinga decenas de ministros, intelectuales, militares, banqueros, diplomáticos extranjeros, arzobispos, etc.
Debemos resaltar además de convertirse la estancia “La Paz” en el eje neurálgico de la política de su época, que la zona contaba con la radicación de tradicionales familias con propiedades en Ascochinga, como los Cárcano (Estancia San Miguel) y los Martínez de Hoz (Estancia Las Barrancas).
Actualmente aquella histórica Estancia La Paz de Ascochinga se convirtió en un exclusivo hotel que combina los glamorosos ajetreos sociales y políticos de aquellos momentos signados por los postulados de la “Generación del 80” reflotando una postal vigente del pasado argentino.
El signo de los nuevos tiempos y los renovados servicios nos acercan con la contemporaneidad ofreciendo un espectacular lugar de esparcimiento, pero también la Estancia La Paz (muy cerquita del tradicional pueblo de Jesús María) nos sigue trasladando a una de las páginas más intrigantes y apasionadas de la historia argentina en el marco de su privilegiada y multicolor geografía que siempre ofrecen las bellas sierras cordobesas.