Encuentro con el enemigo, 40 años después
Desde tiempos inmemorables el ser humano se encuentra en lucha permanente de diversos modos consigo mismo. En
estos tiempos de reflexión, un encuentro 40 años después de Malvinas nos revela un vínculo superior por sobre una guerra.
Nació en un pequeño pueblo, alejado del ruido y el caos de las grandes ciudades. En su adolescencia -corriendo el año 1982- lo enviaron a una guerra sin especificar dónde. Hoy ve una foto de su hijo a la misma edad que él en aquel entonces y ve apenas un niño. ¡Y estaba yendo a una guerra!
Luego se enteraría ya en viaje que serían unas islas en el fin del mundo… Tan lejos de su casa, tan lejos de su familia y amigos…
Ya en la misma la inclemencia del clima y las miserias de la guerra se hacían sentir. Las novedades en el frente llegaban cada vez más seguido. Alguna vez se preguntó qué hacía allí. Pero debía cumplir órdenes. Había logrado formar una fuerte amistad con cuatro amigos más.
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Foto: Diego Furci.
Tal vez la razón más íntima de llegado el combate tener que enfrentar al enemigo fuera por sus amigos allí presentes, más que por otra razón. Y tuvo el destino entre sus manos que los destinaran a uno de los montes donde verían la cara al enemigo. Sería luego recordado como uno de los combates más descarnados de la Guerra de Malvinas, incluso teniendo que matar y morir a bayoneta calada.
Llegada la noche habían preparado una sorpresa. Uno de los cinco amigos cumplía 18 años de edad. Allí en un paisaje tan remoto y frío, en medio del horror de la guerra improvisaron unas velas de cumpleaños y por unos instantes eternos lograron risas.
En menos de un día, aun sin saberlo, comenzaría el combate. La cronología del mismo es digna de ser repasada por varios de sus protagonistas aún presentes entre nosotros. Ráfagas de ametralladoras iluminaban un escenario dantesco, el alma del ser humano gritaba de dolor, y los cuerpos caían inertes ya sin vida uno tras el otro.
Quien visite hoy en la actualidad Monte Longdon podrá observar cientos y cientos de cruces y recordatorios puestos por quienes vuelven a esa parte de su historia en memoria de algún compañero allí caído. De los cinco amigos, sólo volvieron dos. Uno
de ellos moriría con 18 años y apenas 1 día. Hoy de vuelta en su tranquilo pueblo, con 40 años más, aún debe estar alerta para
que las noches de lluvia y viento no lo transporten nuevamente al infierno. Visita la tumba de sus amigos muertos todos los años.
Pero esta vez no pudo hacerlo. El recuerdo de los 40 años se volvió muy fuerte. La gente hablando de aquella guerra le produjo muchas emociones que alertó podrían hacerlo caer. Porque hace 40 años que escapa de aquel infierno, y no desea volver. Por él, por sus compañeros, por su familia, aprendió a alejarse de esos recuerdos que solo le traen enfado y depresión llegando a causar hasta la misma muerte.
Pero decidido a vencerse a sí mismo 40 años después emprendió un viaje al otro lado del mundo para encontrarse con el enemigo, aquel que había dado muerte a tres de sus amigos y a cientos de los suyos, aquella noche, en el Longdon… Lo acompañó su mujer, gran sostén todo este tiempo. Y allí, en silencio, en un encuentro íntimo, se vieron la cara. El enemigo lo miró y le dijo: “Lucharon con honor…yo también perdí muchos amigos, solo quiero darte un abrazo”. Y aquellos dos cuerpos unieron sus corazones, dejando escapar años de sufrimiento. Hablaron horas, repasaron acciones del combate, lloraron, se miraron a los ojos y juramentaron promesas. Reconociendo el valor y capacidad de su enemigo no podía comprender que este como respuesta le contara que en su país no era considerado así.
Al despedirse se llamaron “Hermanos”. Mark Eyles-Thomas que había viajado miles de kilómetros hasta Buenos Aires para encontrarse con su enemigo en el Longdon ahora podía volver en paz a su pueblo en Inglaterra. Sergio Scarano, oriundo de los pagos de Ricardo Güiraldes hacía lo propio para el suyo. El soldado veterano inglés que destacó el combate de Sergio le
dijo que nunca perdiera el foco en sí mismo, que eso lo ayudó a él a mantener lejos el infierno que tanto produce de diversas formas odio, furia, ansiedad, depresión… y lo despidió al subir a un taxi.
Al escuchar la despedida el chofer en el viaje comentó: “Pobre pibe, a ustedes sí que los mandaron al muere contra esos ingleses, esos sí que eran hombres y estaban preparados”. Sergio y yo intentamos contar que el inglés en la guerra era más joven que él, que los argentinos estuvieron en gran parte muy bien preparados, que el mismo enemigo ocasional así lo reconocía… pero el chofer hizo otro comentario: “A mí me van a decir, que yo hice la colimba unos años antes”…
Como ser humano, y como parte de la sociedad donde uno vive, inundó mi ser la antigua frase: “Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.”
Foto: Juan de Sousa
En Honor a Mark, Sergio, y todos aquellos que pelearon en el Longdon. Un encuentro que enciende una luz. Una necesidad presente.
* Juan Francisco de Sousa es director de Ediciones Argentinidad y miembro del Instituto Nacional Newberiano