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Condicionados sí, determinados no: cómo reescribir nuestra historia personal

Nuestro futuro no tiene por qué ser igual a nuestro pasado, pero es un hecho que muchas veces lo hace. En este artículo veremos por qué y cómo tomar las riendas de nuestro destino.

Muchas veces nuestros buenos deseos de una vida mejor, más dinero o una relación más amorosa no son suficientes. Decimos que queremos cambiar pero nos vemos repetir los mismos patrones. Hacemos resoluciones de año nuevo que se rompen dos semanas después.¿Por qué? Porque efectivamente, estamos condicionados: por el entorno y por nuestra historia que se ha vuelto emoción y memoria. Pero si condicionados implicase determinados, no veríamos cambio alguno en los seres humanos. Y lo cierto es que la historia de la humanidad está repleta de personas que nos han demostrado que el cambio es posible.

Para comenzar a reescribir nuestra historia personal, debemos entender que si continuamos actuando en modos aparentemente indeseables es porque, para nuestro cerebro, ésa es la opción más segura que es capaz de percibir. Por más disfuncional que aparente ser a nivel consciente, nuestro cerebro asocia placer con actuar de ese modo, y dolor con la simple idea de cambiar.
Por ejemplo, tener más dinero podría asociarse inconscientemente con el dolor de tener mayores responsabilidades y menos tiempo. O formar una familia podría asociarse con la pérdida de la libertad y del propio espacio.

De ese modo, aquello que anhelamos en la superficie también es temido en lo profundo de nuestra mente. Para solucionar estas contradicciones, primero debemos indagar en ellas con sinceridad y atención, para luego exponerlas y, en forma ideal, ponerlas por escrito. Luego, es fundamental darnos cuenta de que eso no tiene por qué ser así. Cada uno de nuestros pensamientos e imágenes mentales es fruto de un sistema de creencias que hemos constituido a lo largo de nuestra vida, pero que puede cambiar. El primer paso para transformar estas creencias es encontrar un contraejemplo: buscar detenidamente o utilizar nuestra imaginación para delinear alternativas.

Así, encontramos a la persona que tiene más dinero y también más tiempo libre, o a quien ha formado una familia y aun así conserva tiempo para sí misma y diversas libertades. El siguiente paso es tomar una decisión: ¿podemos nosotros también labrar una vida similar? ¿O aquello a lo que aspiramos es exclusivo de unos pocos? En coaching, sabemos que de nada sirve preguntarnos por “la verdad universal”. Por el contrario, es mucho más práctico pensar en la funcionalidad o disfuncionalidad de nuestras creencias. ¿Nos son útiles estas creencias? ¿Nos conviene elegir creer esto, en base a lo que deseamos lograr para nuestra vida?

De este modo nuestro cerebro comienza a entender que el futuro que buscamos puede efectivamente ser más placentero que nuestro presente. Que lograr lo que nos proponemos no solo es mejor, sino que es la única alternativa viable. Si llegamos a ese punto, podemos estar seguros de que el cambio comenzará a ocurrir casi por arte de magia. Pero para eso, aún falta un paso más: es preciso agravar la percepción de nuestra situación actual. Cuando nuestro estado actual es insoportable y nuestro estado futuro es sumamente prometedor, nuestro cerebro acepta de buen gusto emprender la marcha por el cambio.

Parafraseando a Tony Robbins, posiblemente el coach más famoso del mundo, si queremos conquistar la isla, lo mejor que podemos hacer es quemar los botes. De ese modo no hay vuelta atrás, y la única salida es hacia adelante: hacia nuestro sueños.

*Leandro Liptak es coach, escritor y conferencista especializado en crecimiento personal y bienestar emocional.