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El curioso paralelismo entre el caso García Belsunce y el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner

La sociedad está envuelta en una discusión sobre el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner. El bombardeo informativo hace que se tome partido y no todos crean en la versión oficial ante supuestas contradicciones. El caso García Belsunce es un buen reflejo de esta situación.

En estos días se está llevando a cabo el segundo juicio por el asesinato de María Marta García Belsunce con Nicolás Pachelo sentado en el banquillo de los acusados como presunto autor del homicidio.

Pero este crimen ya tuvo un condenado. Fue Carlos Carrascosa, el marido de la socióloga, que estuvo detenido durante siete años tras recibir una sentencia de cadena perpetua. Sin embargo, la Corte Suprema, después de analizar la causa, lo absolvió de forma definitiva y se abrió una nueva investigación que puso la mira, ahora, en el exvecino de la víctima.

Eso es lo que sucedió en la Justicia, casi siempre lenta y plagada de tecnicismos y procedimientos que escapan al ciudadano común. La sociedad, en cambio, fue tomando partido en base a la información que se iba conociendo a lo largo de estos 20 años del terrible suceso.

En la opinión pública, conocida la decisión de liberar a Carrascosa, fue difícil digerir el contraste entre ese giro legal y los hechos -grandes y pequeños- que fueron saliendo a la luz desde un comienzo y que mostraban al viudo y a la familia envuelta en una serie de torpezas que los ponía como principales sospechosos.

Si no fue Carrascosa el autor ni los integrantes del “clan” García Belsunce sus encubridores, ¿cómo puede ser que hayan cometido tantas acciones que alimentaran la convicción social de que eran los culpables?

Tanta repercusión generó este caso y tantas dudas dejó que, dos décadas después, se realizan series y documentales en los que esa contradicción queda expuesta.

Es larga la lista de hechos que tejieron ese manto de sospecha. El famoso “pituto” arrojado por un inodoro, frenar el ingreso de la policía, no encontrar cinco orificios de bala en el cráneo de la víctima, limpiar la escena de la muerte, fraguar un certificado de defunción…Esto son algunos, los más notorios, pero hay más y todos sirvieron para que gran parte de la población -ahora con la absolución de Carrascosa- siga creyendo en su culpabilidad, más allá de lo que determinó la Justicia o el discurso oficial.

Hoy otro caso conmueve a la sociedad. Sus implicancias políticas, obviamente, lo tornan más grave, pero hay un común denominador que tiene que ver con la catarata de información (o desinformación) que recibe la población.

El suceso del jueves por la noche, en el que una persona apunta con un arma a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, concentra la atención social y genera un debate con posiciones encontradas, en el que los medios juegan un papel trascendental. A partir de ahí, todas son conjeturas.

Quienes no creen en la versión oficial encuentran en la cronología de los hechos una cantidad de contradicciones que llevan a tener su propia teoría y que lo sucedido no es lo que se dice que sucedió. Todo sirve para alimentar esa sospecha, donde las redes sociales suman elementos para la discusión, muchas veces con hechos fraguados o tendenciosos, aunque también con aportes correctos.

El corrimiento de la Policía de la Ciudad por la Federal, el retiro de las vallas, una custodia que no reacciona, una vicepresidenta que sigue saludando a sus seguidores, la existencia de un arma o dos, la bala que no estaba en la recámara y no sale, el calibre de las mismas, un “vientito” sospechoso que sale desde el caño del arma, dedos que no están sobre el gatillo, huellas digitales que no aparecen, un detenido que no está esposado, las declaraciones previas advirtiendo sobre algún hecho dramático, los datos de un celular que se habrían borrado… Y muchos más detalles que seguirán apareciendo.

Toda una serie de circunstancias que llevan a una parte de la sociedad a no creer en la información oficial que se difunde y que lleva a preguntarse, como en el caso de García Belsunce, si el hecho es como dicen que pasó, ¿por qué hicieron tantas cosas para que a tanta gente le parezca lo contrario?