La toma de colegios en CABA ya es un clásico primaveral

La toma de colegios en CABA ya es un clásico primaveral

Centros de estudiantes, padres y docentes en general afiliados a gremios opositores al gobierno, paralizan el funcionamiento de la escuela bajo distintas consignas.

Ángeles Reig

Ángeles Reig

Todos los años para esta época, salvo los dos últimos en que no hubo clases presenciales, los secundarios porteños padecen esta medida que, hasta hoy, generó más daños que soluciones.

Centros de estudiantes, padres y docentes en general afiliados a gremios opositores al Gobierno, paralizan el funcionamiento de la escuela bajo distintas consignas.

En 2017 fue la reforma educativa. Durante esos días, la entonces adolescente Ofelia Fernández, encabezaba la protesta que impedía el normal funcionamiento del Carlos Pellegrini, generando mucho malestar en gran parte del estudiantado y el cuerpo docente. Más de 20 escuelas secundarias se plegaron a esta protesta.

En 2018 fue el presupuesto 2019. Ese año entró en vigencia el protocolo anti-toma luego del recurso de amparo que presentara el gobierno de la Ciudad, que permite responsabilizar a directivos y padres por las acciones llevadas adelante por los alumnos. En las asambleas previas, el “no a la toma” ganó en la gran mayoría de las escuelas. Unas pocas siguieron adelante con la medida.

Este año le toca el turno, entre otros reclamos, a las viandas y a las prácticas laborales en empresas privadas y dependencias públicas.

La toma fue impulsada a través de un documento titulado “Toma de colegios” que circuló entre los distintos establecimientos educativos de la Ciudad y que proponía como objetivo “visibilizar las problemáticas que venimos teniendo y a la vez el modelo de educación que queremos nosotrxs (sic)”.

El primero en adherir fue el Mariano Acosta, que lo hizo el viernes pasado. Durante el fin de semana se viralizó el video de una alumna convocando y explicando los motivos. Sus argumentos estaban calcados del documento mencionado.

Se sumaron varias instituciones más: el Lengüitas, la Escuela Superior Especializada en Cerámica N°1, el Mariano Moreno, el Juan Ramón Fernández, el Padilla, el Cortázar, la Falcone, el Normal 8 y los especializados en Danza.

Ayer la Ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, anunció que el gobierno de la ciudad había denunciado penalmente a los padres de los alumnos que llevaron adelante las tomas. En 2018 fueron 40 las familias procesadas.

Además, está convencida de que esta medida de fuerza es fogoneada por el kirchnerismo a través de la UTE y de distintos legisladores del Frente de Todos.

Esta mañana el Mariano Acosta anunció que levantaba la toma, pero hasta ahora, no hubo novedades. En ese contexto, siguen siendo 7 las escuelas en conflicto.

A esta altura, parece ineludible preguntarse qué efecto positivo produce este tipo de acciones y qué puede hacerse al respecto para evitar que sucedan. Lamentablemente, en tanto la educación sea un campo de batalla político, la escuela seguirá siendo un lugar de conflicto. Como adultos deberíamos decidir, de una vez por todas, dejar a los chicos fuera de la discusión. Mientras, seguirán siendo rehenes.

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