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Tres de cada cuatro directivos son suplentes o interinos

El dato, relevado por el Observatorio Argentinos por la Educación, deja al descubierto una grave problemática del sistema educativo argentino.

Un nuevo relevamiento del Observatorio de Argentinos por la Educación pone de manifiesto un dato que, hace tiempo, preocupa a quienes miran de cerca la escuela secundaria de gestión estatal: 3 de cada 4 directivos de dichas instituciones son interinos o suplentes.

Este dato se vuelve más inquietante aún si entendemos cuál es el papel del director. A pesar de que se viene intentando instalar la idea de una “gestión colectiva” de la escuela, lo cierto es que cada director es “el responsable definitivo de todos los procesos que, por acción u omisión se llevan adelante en el espacio escolar…  encontrándose su labor cotidiana atravesada de trabajos tan diversos como producción de documentos institucionales, observación de clases, gestión de convivencia, liderazgo de equipos docentes, diálogo con las familias, desarrollo de curriculum, vínculo con las instituciones de la comunidad, entre otras”.

Quienes conocen la realidad de las escuelas de gestión estatal, saben también que, además de esta gran cantidad de tareas que le son propias, los directores se hacen cargo de trabajos de maestranza, gestión de recursos para reparar problemas edilicios, suplencia de docentes, gestiones de cuestiones de índole social o asistencial de los alumnos, etc.

En otras palabras, el director es el motor de la escuela. A tal punto que la diferencia en la calidad educativa entre una institución y otra, en general, está dada por el director. Donde hay buenos directores hay escuelas que funcionan mejor.

Ahora bien, si el 75% de los directivos de las escuelas secundarias de gestión estatal son suplentes o interinos, ¿qué podemos esperar? Quizás, encontremos aquí una de las causas de la crisis que atraviesa este nivel educativo.

Otra vez la brecha

Paralelamente, de acuerdo al informe, esta es una dificultad que no se percibe en los colegios de gestión privada. Allí 9 de cada 10 directivos son titulares y responsables del funcionamiento de la institución.

Más aún, los directores de este sector gozan de una mayor independencia que sus pares de gestión estatal, ya que los primeros pueden “tomar y despedir docentes y contratar capacitaciones a medida”. En cambio, los últimos “no participan ni mínimamente en la contratación de los docentes de la escuela que dirigen.”

La posibilidad de mejorar la calidad educativa de una escuela y construir liderazgo está muy vinculada a las condiciones laborales. Un director cuyo puesto es inestable, no contará con el mismo marco de contención para introducir nuevas estrategias o generar cambios a largo plazo que aquel que sí tiene un puesto seguro.

Más gasto para el estado

Si ponemos la lupa entre los directivos no titulares, encontraremos dos categorías, los suplentes y los interinos. La diferencia radica en que los interinos son directores nombrados por puntaje o por antigüedad hasta que se lleve adelante el proceso de concurso para designar un titular, mientras que los suplentes reemplazan a un director titular en uso de algún tipo de licencia.

Es decir, por cada director suplente, hay otro titular que no está en ejercicio. Si tenemos en cuenta que, en todo el país contamos con casi 8.000 escuelas secundarias de gestión estatal y con un 19,2% de directores suplentes, podemos rápidamente inferir el gasto que esto significa.

Problemáticas que preocupan

En el último apartado del informe, se analizan las problemáticas a las que se enfrentan los directivos en ambos tipos de gestión. Si se observan los gráficos, se percibe rápidamente que la labor cotidiana es mucho más compleja en las escuelas del sector estatal.

Los problemas que se presentan son los mismos: ausentismo de los estudiantes y los docentes, problemas de convivencia, falta de vínculo con las familias, problemas edilicios o de equipamiento, rotación y falta de capacitación docente, baja expectativa sobre los aprendizajes de los alumnos y suspensión de clases.

Sin embargo, mientras que en el sector privado ninguna problemática es mayoritariamente “un problema serio” o “un problema moderado”, en el estatal nos encontramos con cuatro que superan el 50%: el ausentismo de los alumnos, el ausentismo docente, la falta de vínculos con las familias y los problemas edilicios o falta de equipamiento.

Si los miramos de cerca, lamentablemente, los cuatro problemas mayores coinciden con los cuatro pilares que fundamentan la comunidad educativa, a saber, los alumnos, los docentes, la familia y el edificio escolar. Los cuatro están en crisis, los cuatro representan un dolor de cabeza cotidiano para los directivos.

Datos que duelen, realidades que incomodan. Que la escuela secundaria está al borde de la catástrofe es un secreto a voces. Esperemos que aquellos que tienen que oír, oigan.