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La quita de presupuesto aumenta la deuda con quienes más lo necesitan

A pesar de ser un derecho garantizado por ley, todavía son miles los niños que no acceden a la educación inicial con las graves consecuencias que eso tiene en su futuro y en la rutina de las familias, principalmente de las mujeres que son quienes suelen cargar
Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ
Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

Que el presupuesto es una sábana corta, es una verdad evidente. Y que hoy, en medio de la profunda crisis económica que atraviesa el país, ningún argentino puede ignorar que la plata no alcanza para todo, también. Por eso, a la hora de gastar, hay que elegir. Cuanto menos ordenado, cuanto menos planificado, más despilfarro de recursos. Priorizar es imprescindible.

Sin embargo, hace años que venimos asistiendo a este fenómeno: un Estado que gasta cada vez más y cuyos resultados son cada vez peores. Más áreas de gobierno, más ministerios, más empleados, más subsidios y ningún indicador de la situación argentina mejora. El ámbito de la educación no escapa a esta realidad.

Hace años que la educación pública argentina tiene una enorme deuda con el nivel inicial: la universalidad del acceso al jardín de infantes, sobre todo en las salas de 2 y 3 años. Sin embargo, garantizar esta cobertura debería ser prioritario. ¿Por qué? Sencillamente porque es allí, en la primera infancia, donde se define el derrotero educativo posterior de cualquier persona. Y, a nivel educativo, se juega el futuro profesional, social y económico de la gran mayoría de la gente. Numerosos estudios científicos confirman esta hipótesis. Entre ellos, los del premio Nobel de Economía, James Heckman.

La sociedad cambia, la escuela permanece

Hace 60 o 70 años, la educación de los niños en su primera infancia estaba a cargo de las familias, cuya composición y dinamismo, en general, contaba con una madre dedicada a la crianza, el cuidado y la educación de los hijos, y un padre que salía a trabajar y proveía el sustento y la estabilidad económica. En ese contexto, la primera etapa de la educación estaba garantizada, y la inmensa mayoría de los chicos entraba a primer grado con una caja de herramientas sociales y culturales que traía de su casa y que le permitía enfrentar de manera adecuada el nivel primario.

Si bien los cambios en esta composición familiar se venían dando desde, por lo menos, mediados de los 80 (si no antes), los responsables del sistema educativo, parecían no registrarlos. Esta falta de flexibilidad para adaptarse a los cambios sociales y sus necesidades hace que la escuela vaya siempre detrás de las demandas y, en general, varios kilómetros rezagada. ¿Anticiparse? ¡Jamás! La previsión y la prevención son dos palabras que hace tiempo fueron desterradas de nuestro país.

El acceso universal al jardín de infantes: un avance a paso de tortuga

Recién en el año 1993 se sancionó la ley 24.195 que establecía la obligatoriedad de la sala de 5. Hoy, la cobertura alcanza niveles casi universales, llegando al 100% en la mayoría de las provincias. El promedio a nivel país es del 98%. La Provincia de Buenos Aires se encuentra por debajo de la media: allí hay un 7% que todavía no accede.

Sin embargo, al ritmo que crecen las exigencias tecnológicas, de habilidades sociales y de conocimiento para la inserción en el mundo de hoy sabemos que tener contacto con la educación formal por primera vez a los 5 años resulta tardío. Recién en el año 2014 se sancionó la ley 27.045 se establece la obligatoriedad de la sala de 4 y también obliga a los gobiernos provinciales a garantizar el acceso a la sala de 3.

A pesar de que ya transcurrieron 8 años, la cobertura de la sala de 4 llega al 89% y la sala de 3 apenas al 42% en promedio a nivel país. Muchísimo más atrás se encuentra la sala de 2 que ni siquiera es contemplada por la ley y alcanza apenas al 9,8% de los niños de esa edad y la oferta, en su gran mayoría, es de gestión privada.

La situación es más preocupante aún si tenemos en cuenta que la primera infancia es una etapa muy corta: representa apenas el 5% de la vida según la expectativa promedio en Argentina, que ronda los 74 años. Lo que pase en esos primeros cuatro años, condicionará lo que suceda en varias décadas. De ahí la urgencia. Mientras tanto la dispersión presupuestaria es alarmante: ministerios de género, políticas de concientización, campañas publicitarias más onerosas que las propias políticas públicas que dan a conocer.

Sin embargo, si hablamos de buscar equidad, no hay política pública que asista mejor a las mujeres que la de garantizar el acceso a un jardín de infantes de calidad para sus hijos desde los primeros años de vida. Dos pájaros de un tiro: asegurarse que todos los niños lleguen a primer grado con las herramientas necesarias para transitar la escolaridad de manera efectiva, y asegurarles a las madres un lugar de cuidado para sus hijos mientras ellas trabajan. Lamentablemente, parece que priorizar no es prioritario.