Las historias profundas de una ciudad que no descansa
Las calles de la Ciudad de Buenos Aires muestran múltiples realidades y concepciones sobre las formas de vida. Una postal que observan quienes transitan el Microcentro y los barrios que habitualmente concentran un gran caudal de personas es la de los recolectores urbanos cuya tarea es fundamental para la vida cotidiana de millones de habitantes.
Los carros que contienen los elementos recolectados para reciclar son acarreados por jóvenes que comienzan a llegar cerca de las 10 de la mañana para cumplir con jornadas de trabajo cuyo resultado final es impredecible. Hay días donde la productividad es más alta y la ganancia que obtienen de la venta de los elementos les permite cubrir sus necesidades diarias pero no es algo que suceda frecuentemente.
Al ser consultados por MDZ, muchos prefieren no hablar... En su mayoría son introvertidos o simplemente están muy ocupados con su trabajo y no quieren invertir tiempo en contar sus experiencias e historias de vida. Los pocos que se animan, hablan de una forma pausada, casi susurrando y evitando el contacto visual. Cuentan su cotidianeidad como algo que se perpetuará sin posibilidades de cambio o elección, como si el destino para ellos ya estuviera escrito.
"Tengo 17 años y hace 3 que me dedico a la recolección de residuos", cuenta Ramiro mientras junta cartones y botellas que quedaron en Plaza de Mayo luego del acampe piquetero del jueves pasado. Entablar una conversación fluida con el joven es una tarea difícil ya que son muchos los recolectores que se acercaron a la plaza y el material que queda es escaso.
"Cuando hay movilizaciones recolectamos más porque vienen muchas personas y hay más basura. Hoy ha sido un buen día para mí ya que junté mucho cartón", agregó el joven que trabaja por su cuenta y no forma parte de una cooperativa.
Los contenedores que están ubicados en la calle frente a los edificios son una fuente inagotable de materiales y elementos para quienes día a día recorren la ciudad en busca del descarte de otros. "Hacemos aproximadamente dos bolsones por día que equivalen a 2.000 pesos. No nos alcanza para comprar muchas cosas pero encontramos algunos elementos que nos sirven para vender o usar. Encontramos mucha ropa y cosas para la casa", contó Juan Gabriel, quien tiene 20 años y trabaja como recuperador en una cooperativa desde hace dos años junto a su tía y tres de sus primos.
"Todos vivimos de la recolección de residuos y el reciclado. No encuentro trabajo porque no tengo DNI y no terminé la secundaria", agrega y aclara que lo que juntan con su familia les alcanza para cubrir sus necesidades básicas.
En las zonas cuyo poder adquisitivo es mayor se visualiza un aumento de recolectores urbanos que revisan los contenedores en busca elementos que otros descartaron pero que no están obsoletos. "Encontramos todas las cosas que no les sirven a la gente o que tiran porque compran mejores aparatos. Muchos siguen funcionando como por ejemplo los aires acondicionados, hornos eléctricos", destacó Gonzalo quien hoy tiene 18 años y vive en Villa Fiorito.
Este joven trabaja como recuperador por fuera de las cooperativas existentes en la Ciudad de Buenos Aires. Desde los 14 años comenzó con este trabajo por recomendación de los amigos del barrio que en su mayoría realizan este tipo de tareas. Las largas jornadas laborales lo obligaron a dejar sus estudios pero en el momento de tomar esa decisión la ecuación incluía estudiar o tener un ingreso para vivir.
"Me sirve para ganar unos pesos y vivir con lo justo. Viajo todos los días hasta acá a las 10:30 horas y trabajo cerca de 9 horas. Dejé de estudiar cuando empecé a trabajar pero tengo dos hermanos más chicos que van al colegio y no trabajan", agregó y contó que el único beneficio que encuentra de trabajar en cooperativa es que te dan una tarjeta de débito.
"Las cosas que junto durante el día las vendo en una cooperativa de Once pero separo todos los elementos que pueden servir para mi familia. Tengo un aire acondicionado en mi casa que saqué de la calle, la ropa que usan mis hermanos en parte es recuperada", dijo y contó que durante la pandemia estuvo en su casa ya que no podía trasladarse hasta la ciudad. "Vivimos de changas y trabajos de albañilería durante casi 1 año pero no nos alcanzaba para nada", finalizó.



