Bon Iver, un artista para pasar un buen invierno

Bon Iver, un artista para pasar un buen invierno

Esta semana te quiero recomendar a un artista que quizás no te suene, pero al que le sucedió lo que nos ha pasado a todos en algún momento de nuestras vidas: alguien le rompió el corazón.

Diego Villanueva

Diego Villanueva

¿Este invierno viene más frío que años anteriores, o seré yo que cada año me pongo más friolento? En esta época donde varios sufrimos tanto del frío en las manos, en los pies o en los memes de Julio Iglesias (aunque algunos admito que me hacen reír mucho), es hora de recomendarte a alguien que también sufrió y mucho, pero no solo de frío. Un artista llamado Justin Vernon que quizás no te suene. Y quizá el nombre artístico de su banda, Bon Iver, tampoco. O sí. Sea cual sea tu respuesta, la recomendación vale igual.

Justin Vernon, banda de sonido para el invierno.

Esta semana te quiero recomendar a un muchacho que le sucedió lo que me ha pasado a mi o a vos en algún momento de nuestras vidas: alguien le rompió el corazón. Quizás nunca te lo hayan roto y me alegro por vos, pero es algo normal que suceda y está bien. Son cosas que pasan y ayudan a crecer, aunque a veces duela y tarde mucho en sanar.

Obviamente a muchos músicos les han pisoteado el corazón y aprovecharon ese dolor para escribir no solo canciones, sino discos enteros dedicados a sus ex. Especies de diarios íntimos hechos canciones, mezclados de amor, tristeza y bronca. Ejemplos sobran: desde mi amigo y cantante Martín Elizalde, que hizo mil temas con el corazón despedazado y cuyos trocitos están bien distribuidos en casi toda la discografía de su ex banda, Falsos Profetas. O Amy Winehouse en su brillante y triste "Back to black". O Beck cuando dejó de hacer música para bailar y se sentó en un sillón con su acústica para componer el melancólico y brillante "Sea Change".

También Andrés Calamaro con "Honestidad Brutal", Fito Páez con "Naturaleza Sangre" y hasta Bob Dylan cuando se separó y se descargó escribiendo y escupiendo rabia y dolor en "Blood on the tracks". Hay cientos de casos más pero necesito volver a Justin Vernon, un artista indie y folk que me gusta mucho y que surgió a fines de la década del 2000, con una banda o proyecto llamado Bon Iver, y que sin su corazón roto no se hubiera convertido en lo que es hoy. Un artista ya reconocido con cuatro discos y miles de seguidores en el mundo. 

Cuatro obras de arte de Bon Iver.

Arranquemos con la prehistoria de este artista que comienza con un corazón dolido. Un año antes de la salida de este gran primer disco que quiero contarte, Justin tenía veintisiete años y su novia lo había abandonado de un día para otro. Al mismo tiempo su banda de diez años que aún no la había pegado, también lo dejó. A veces te pasan todas las malas juntas. Y encima tenía una mononucleosis que no terminaba de curarse nunca. Por eso hizo lo que muchos haríamos si ya no tenemos nada que perder: huir.

Justin se fue y se encerró durante casi cuatro meses en una cabaña que tenía su viejo en lo alto de una montaña, en una pequeña ciudad dentro de Wiscosin. Era pleno invierno, así que hibernó como un oso durante toda la estación. Pero en vez de dormir, compuso y se sacó de a poco todos los demonios con su guitarra, un pequeño portátil de grabación y un micrófono. También se cuenta que se comió un par de ciervos que él mismo cazó y que su viejo cada tanto pasaba a ver si estaba bien, ya que su depresión era bastante preocupante y no quería que su hijo termine mal, y menos en su cabaña.

Solo, alejado y con el corazón roto. Inspiración para convertirse en Bon Iver.

Durante esos cuatro meses de a poco fue componiendo canciones, encontrando una nueva voz algo fantasmal, llevada más hacia lo íntimo y al falsete, y compuso temas acústicos, un poco improvisados y con una percusión propia. Un sonido totalmente nuevo de lo que venía haciendo y de lo que se venía escuchando en el mundo. Y ahí parió este proyecto que en honor al encierro, tituló irónicamente "Bon Iver", que en francés mal pronunciado significa "buen invierno". De ese parto Justin dijo: "No sabía exactamente adónde ir; tenía claro que quería estar solo y en algún lugar donde hiciera frío". Cuando volvió a la ciudad mandó a hacer unas copias del disco de manera independiente y comenzó a repartirlas entre amigos y periodistas. Y acá vale el juego de palabras ya que el disco se transformó en una gran bola de nieve que fue creciendo y la recontra pegó.

De vuelta a la vida y con una barba que atestiguaba el encierro, se publicó "For Emma, forever ago", un primer disco de canciones tristes, íntimas, tímidas y a veces luminosas, a pesar del dolor. Canciones que debe de haber compuesto para él, como catarsis. Un sonido que marcó al indie folk en esa época del 2007. Y un folk que él nunca pudo o quiso repetir tal cual, ya que en los discos que le sucedieron fue hacia otro lugar. Si bien mantiene la voz y ese sonido que parece dedicado para las almas, es otra la búsqueda y su estado emocional.

Bon Iver en sus primeros conciertos, sanando las heridas.

"For Emma" te acompaña siempre y más en los inviernos, en nuestras cabañas internas emocionales. Su sonido es ideal tanto para el primer humo de café de la mañana como también para esas tardes milagrosas de sol, donde aún queda algo de otoño para tirarse al pasto y disfrutar del día. Cualquier situación e imagen invernal que se te ocurra, Bon Iver aplica.

Ahora, si sos de darle bola a las letras, tenés que saber que son tristes. Y si nunca le das bola a las letras podés usar algunas canciones para armarte videos emotivos de mascotas, sobrinos o parejas. Por ejemplo, “Skinny Love” suena hermosa pero habla de un amor que ya se desgastó, donde se separan y lo intentan de vuelta, pero esa vuelta es un verdadero desastre y ya no queda otra que el fin. Este tema es de mis favoritos, y es tan bueno que tiene varias versiones de artistas como Ed Sheeran y Birdy. Pero yo me quedo con la original y más con esta versión en el famoso Festival Glastonbury del 2009. O sea, dos años después de la cabaña, cuando ya estaba todo el público cantando sus penas.

Las canciones de Justin hacen maridaje con todo tipo de sentimientos y sensaciones, algunas que hasta descubrís que no tenías. Canciones ideales para darte un buen abrazo de oso si estás triste o que te acompañan la tranquilidad en caso de que estés bien. Este tipo de música para algunos puede ser depresiva, pero a mí me pone bien, me hace sentir acompañado. No todo es música cachengue y punchi punchi en la vida.

Otra de mis canciones favoritas es la que se llama como el nombre del disco y fue la primera que me gustó. Y en esta versión que te quiero mostrar mucho más. Imaginate que un día estás bajando de tu departamento y en la puerta te encontrás a estos tipos haciendo este hermoso tema a capella:

Volviendo al disco: el nombre Emma, que figura tanto en el título del disco como en el temón de recién, no existe en su vida. Justin explica que ese disco no era sobre una mujer, sino sobre seis años de antiguas relaciones y del dolor. Ninguna se llamaba Emma.

Mi consejo es que primero entres en la cabaña de este primer disco que viene con una linda historia detrás. Y si te gusta, te animes a salir y volar hasta las estrellas, porque esos son los pasos que seguiría este joven a futuro con las próximas composiciones. Por eso te armé una playlist llamada "Cabaña Bon Iver", una cabaña de canciones ideales para un buen invierno con algunas selecciones de ese primer disco que me marcó tanto, más unas nuevas que llegaron con los años. La puerta está abierta, solo tenés que entrar, darle play y disfrutar del fuego de tus emociones. Parezco cursi, pero su música es cien por cien emocional. ¡Dale play a la cabaña!

*Diego Villanueva es autor de "Casi 30 artistas para antes de dormir".

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