De cargos y realidades paralelas: el mundo en el que viven los políticos

De cargos y realidades paralelas: el mundo en el que viven los políticos

La discusión en el Senado Bonaerense por la designación del Presidente del Tribunal de Cuentas que terminó con la renuncia a la vicepresidencia del Senador Joaquín de la Torre, nos llama a reflexionar.

Maria de los Angeles Reig

Lo primero que deberíamos preguntarnos es si el mundo en el que viven los políticos es el mismo que el nuestro. Debería ser así, los votamos para que nos representen y conduzcan los destinos de esta Argentina, aquí y ahora. Sin embargo, pareciera haber una cierta distopia entre el espacio que eligen habitar y el que nos toca habitar a nosotros.

Así, mientras acá vemos que uno de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 24 años no estudia ni trabaja, que la inflación interanual ya es del 80% o que solamente 16 egresados de cada 100 termina la escuela en tiempo y forma y con los conocimientos adecuados, ellos se enfrentan a complejas realidades como las de repartirse los cargos en el directorio del banco provincial.

Tanto les preocupa nuestra realidad, que incluso estuvieron dispuestos a entregar un puesto vitalicio como la presidencia del Tribunal de Cuentas, a Federico Thea amigo y, hasta hace unos meses, Secretario General y mano derecha del Gobernador Axel Kicillof.

Quizás alguno esté pensando que este es un cargo más como tantos otros, irrelevante en la práctica, pero no. El rol de Thea será presidir el organismo que controla la administración y gestión de los recursos públicos en el gobierno provincial y en cada uno de los 135 municipios que componen la Provincia de Buenos Aires. En otras palabras, un amigo de Kicillof será el encargado de auditar al propio Kicillof y, a la vez, a todos los intendentes, incluidos los que pertenecen a Juntos.

Lo increíble es que sólo se escuchó la voz disidente del Senador de la Torre acompañada del voto negativo de la senadora Claudia Rucci y de los senadores de la Coalición Cívica. El resto entregó todo a cambio de beneficios personales.

Mientras tanto, de este lado de la realidad, todo sigue igual, un poco peor que ayer. Seguramente este escándalo, como todos los anteriores, pase de largo. Los argentinos venimos tolerando una corporación política llena de privilegios y con pocas responsabilidades. Porque esa es la última moda: describen la realidad y los problemas graves que atraviesa nuestro país como meros relatores, como si ellos no fueran los responsables de buscarle una salida a este pandemónium.

Así, escuchamos las declaraciones del gobernador afirmando que “la situación social en el Conurbano no da más” o al presidente decir que “la inflación es el mayor problema que tiene la Argentina” con la máquina de hacer billetes recalentada de tanto imprimir. ¿Qué esperan? ¿Quiénes son los que deberían tener un plan para terminar con estos dramas? En su mundo construido de relato pensarán que visibilizando se solucionan los problemas. Pero no, los que vivimos en la Argentina real sabemos que no, que con el relato no se vive, no se come y no se educa. Para eso hace falta producción, trabajo y escuelas que enseñen. Pero repartiendo cargos estas cosas no se consiguen.

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