Educar para la paz en un mundo que sigue en guerra

Educar para la paz en un mundo que sigue en guerra

Uno de los grandes desafíos para los padres de hoy, es sin duda el de educar para la paz, en un mundo que sigue en guerra, una guerra que va mucho más allá de los grandes conflictos entre los países, y cuya violencia trasciende fronteras y se vive en cada esquina.

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

Las escaladas de violencia son parte de las primeras planas: discusiones callejeras, violentas peleas entre padres o madres que tienen lugar hasta en la puerta de los colegios. Nos sorprende cuando las leemos, y nos asusta esta sensación de que todos estamos siempre al borde de la explosión.

En la calle también se perciben esos pequeños gestos como cada vez más cotidianos: malas caras, quejas, protestas. Qué difícil es que alguien nos ceda en paso, o simplemente nos salude y sonría cuando subimos a un ascensor. 

Los conflictos son parte de nuestra vida, desde las contrariedades cotidianas hasta los más profundos. Está en nuestras manos aprovecharlos como oportunidades de crecimiento o enquistarnos y permanecer en la queja. El espiral de negatividad va adquiriendo cada vez más velocidad y si no lo frenamos a tiempo nos puede llevar por arriba. 

Como siempre, podemos acomodarnos y ver pasar estos hechos como simples espectadores, o  intentar ser agentes de paz, en nuestro propio metro cuadrado. Los padres tenemos en nuestras manos, inculcar en las nuevas generaciones una mirada diferente. 

“Mamá, hoy en el patio del colegio hubo una pelea muy fuerte entre los chicos de 5to y 6to grado, que discutían para ver quien estaba en un sector del patio”. “Hoy en el colectivo, un pasajero empezó a golpear al chofer que no frenó en la parada, porque no había sonado el timbre”. “Yo estaba antes en la fila”, me gritó una señora en el supermercado a quien yo no había ni siquiera visto.

Nuestros hijos están expuestos a estas reacciones en los distintos ámbitos y muchas veces nosotros mismos somos protagonistas de ellas. Cansancio, stress, agotamiento, y un individualismo que nos impide mirar a nuestro alrededor, van apoderándose de cada uno de nosotros y de a poco naturalizamos esto de "estar en guerra” con los demás. Algo así como un “sálvese quien pueda”. 

Miramos al otro como un enemigo y planteamos los conflictos como una encrucijada donde si o si tenemos que imponer nuestra voluntad. 

Paradógicamente, en las grandes empresas, proliferan los cursos sobre resolución alternativa de conflictos, trabajo cooperativo, herramientas de comunicación, y hay una unánime conclusión que este es el camino para crecer, para que cada uno despliegue todas sus potencialidades. 

Como padres, a través de nuestras intervenciones en la crianza de nuestros pequeños, tenemos una gran oportunidad de sembrar esta semilla de paz en los más chiquitos. 

Cuando vemos las imágenes más crudas de la guerra nos cuesta imaginarnos de qué manera esos enormes conflictos empezaron por una pequeña decisión. No elegir el camino del acuerdo, enceguecerse con una rígida posición en lugar de plantearse como podríamos lograr acercarnos a satisfacer los intereses de todas las partes. 

¿Qué podemos hacer desde casa?

  • Cuidar los modos en los que nos comunicamos. Las palabras, los insultos, los gestos. No convalidar malos tratos entre hermanos. Ser muy firmes y tratar de establecer reglas claras. 
  • Conversar sobre los conflictos que tenemos en los distintos ámbitos. Es increíble como a todos nos sirve ver cómo el otro busca darle solución a las cosas difíciles que les toca atravesar. 
  • Evitar la crítica innecesaria. Naturalizamos en nuestras conversaciones las críticas hacia los demás y sin darnos cuenta las vamos incorporando, y de a poco se vuelven cada vez más crudas. Nuestras palabras son muy poderosas.  

Pasemos a la acción. Eduquemos por la paz, aquí y ahora. Dejemos de esperar que la magia ocurra y tomemos consciencia que para lograr un cambio, lo primero que tenemos que hacer es ver qué podemos hacer nosotros para lograrlo, nuestro aporte, nuestro granito de arena.  Dice el refrán que el aleteo de una mariposa se puede sentir al otro lado del planeta. Vale la pena cada pequeño movimiento que realicemos para sembrar la paz en el mundo

 

 

*Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra

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