¿Cuándo será la hora de hablar de la inseguridad en Mendoza?
Mendoza despertó este lunes con una lamentable noticia: un joven trabajador que iba rumbo a su empleo fue apedreado y asesinado para ser despojado de su bicicleta.
Sus compañeros decidieron decir "basta" y cortaron el acceso Norte. Es que son conscientes de que no se trató de "un hecho aislado" y otros de ellos ya han sido víctimas con anterioridad.
Hace pocos días atrás, la provincia también se enteraba de la muerte de un inmigrante venezolano que había decidido vivir en Mendoza en busca de un mejor futuro. Jean Carlos Sosa recibió un disparo que terminó con su vida cuando intentó evitar que dos ladrones se llevaran su auto. También hubo marchas, indignación y miedo.
Además de estos hechos que toman una mayor relevancia, en Mendoza los delitos están a la orden del día. Algunos ni siquiera son denunciados ante la Justicia. Otros se conocen por las redes sociales, así es el caso de dos médicas que en las últimas horas lanzaron una campaña para buscar una máquina de diagnóstico que fue sustraída de su vehículo. Según indicaron, alguna persona desactivó su alarma y se llevó lo que encontró.
La lista de delitos es interminable. Incluso, algunos lugares inhóspitos (y turísticos) están siendo el paisaje ideal para que malvivientes encuentren a sus víctimas. Como el caso de un grupo de mujeres a las que les quitaron sus pertenencias cuando se encontraban caminando en las inmediaciones del cerro Arco.
No solo asusta la inseguridad sino la violencia con la que esta se lleva adelante. A pesar de que la economía argentina tiene cada vez más delgados los bolsillos, resulta aterrador perder la vida o sufrir graves lesiones por un celular, auto o bicicleta.
Sin embargo, mientras en la población va creciendo el malestar, las explicaciones oficiales brillan por su ausencia. No se trata de algo extraño, el silencio ya se ha convertido en una herramienta de gestión.
Incluso, hizo falta un escándalo de grandísimas proporciones que deberá investigar la Justicia para que el gobierno de Rodolfo Suarez finalmente decidiera que Roberto Munives, exjefe de la Policía, dejara su cargo.
Su paso como funcionario fue, al menos, polémico, pero aún así se mantuvo en su cargo sin más explicaciones ni justificaciones. Tras cada cuestionable accionar de Munives solo hubo silencio.
Mendoza cuenta con un ministro de Seguridad, Raúl Levrino, al que rara vez se lo escuchó hablar. El funcionario es licenciado en Comercio Internacional, pero comenzó su carrera en el ámbito de la seguridad en la Municipalidad de Ciudad en 2008. Algunos memoriosos podrán recordar su paso por la Legislatura como diputado a comienzos de los 90. Luego se mantuvo bajo el ala de Víctor Fayad y, tras el fallecimiento de éste, de Rodolfo Suarez, quien cuando ganó la gobernación se lo llevó con él.
El puesto que hoy ocupa Levrino fue desempeñado por Alfredo Cornejo, Carlos Ciurca y Carlos Aranda, entre otros de más alto perfil. También por quienes pasaron casi inadvertidos como Leandro Comperatore.
Quienes tenían perfiles más políticos se animaron a "dar la cara" y someterse al malestar social. A pesar de las críticas que se le pueden realizar sobre su gestión, así se lo pudo ver, por ejemplo, a Carlos Ciurca escuchar a los vecinos de los edificios ubicados en Patricias Mendocinas y Pellegrini tras varios robos y violaciones en el área.
Sin embargo, al parecer la dinámica ha cambiado. Pocas, muy pocas veces, se ha visto a Levrino en la escena de un crimen o algún hecho que requiera colaboración de la Policía. Tampoco se lo ha escuchado, salvo cuando se anuncia un operativo especial. Su papel es casi administrativo.
Pero no se trata del único. De forma sistemática, el tema de la inseguridad no se aborda. No fue siquiera puesto en debate durante las últimas elecciones legislativas en las que, nada menos, que un gobernador y un exgobernador eran candidatos.
Mendoza mantiene un relato de "tierra de prosperidad" y sus funcionarios se empeñan en diferenciarse del resto del país, tal como hicieron los Rodríguez Saa hace un tiempo con San Luis.
Rodolfo Suarez decidió gestionar a su modo la pandemia y, aunque posteriormente se supo que los números de muertes no se había reflejado en las estadísticas como se debía, usó esa bandera como distintivo.
La misma le sirvió para asegurar que la economía provincial se recuperaba a mayor velocidad que en el resto de las provincias, algo que tampoco resultó ser así según los recientes informes.
A pesar de que la realidad, los números y los hechos le son esquivos al gobierno, la estrategia se mantiene: relato y silencio.