El peligro de pensar que el consumo de drogas no es problemático sino social
"El consumo de sustancias en Argentina se ha ido incrementando en los últimos años", sentencia Solange Rodríguez Espínola. Sabe que no está diciendo algo novedoso, pero también es consciente del impacto que esto tiene en la sociedad. Es doctora en psicología, docente e investigadora. Integra el equipo del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, donde ha realizado diversos informes en torno a la problemática de la droga en Argentina. "Las que más se consumen en nuestro país son marihuana, en primer lugar, y luego cocaína", dice y agrega que cada vez es más frecuente el consumo asociado de sustancias.
Otros datos que señala como relevantes y preocupantes son, por un lado, la tendencia a minimizar los efectos secundarios del consumo. "La marihuana se percibe como una sustancia de menor riesgo que lo que podría ser el tabaco", ejemplifica. Y agrega el segundo punto, sobre el cuál se explaya él último informe del observatorio: "La mayoría de la población joven se da cuenta de que puede conseguir droga fácilmente: todos saben a dónde pueden ir a comprar y esas condiciones siempre están relacionadas al contexto: el barrio o la escuela. Esto incluso trasciende cuestiones generacionales: hay padres e hijo que consumen y, con la marihuana, incluso hay padres facilitadores del consumo", señala.
-
Te puede interesar
Anses: cómo descargar la constancia de CUIL desde tu celular
Los números del último informe del Observatorio de la Deuda Social, basado en una encuesta realizada entre los meses de julio y octubre de 2021, son alarmantes. Un cuarto de los hogares (22,8%) informó la presencia de venta o tráfico de drogas en la manzana, vecindario o barrio en el que está ubicado. Pero el promedio esconde una fuerte desigualdad: el número asciende a 52% en barrios de escasa vigilancia donde generalmente se concentran las clases más pobres y los grupos marginales y ronda el 13% en los barrios con presencia policial permanente que suelen ser aquellos en los que viven las clases medias y altas, de acuerdo a lo que consigna el informe.
Aunque reconoce que el consumo de sustancias puede llegar a tener un efecto nocivo aunque sólo se consuman una vez, Rodríguez Espínola prefiere diferenciar "el consumo que muchas veces es por entretenimiento, diversión, curiosidad" del consumo problemático, "del que se habla cuando empieza a haber un deterioro y que está definido en función de la gravedad que puede implicar para la propia vida y en la interacción con los demás".
Crítica, como la mayoría de las personas que desde uno u otro lado trabajan en la atención de hombres y mujeres con problemas de consumo problemático, la falta de políticas de intervención. "El narcotráfico avanza cada vez más", dice. Y explica como el círculo vicioso se amplía cada vez más: "Por un lado, son más las personas que viven con ingresos de manufactura y narcomenudeo. Pero también hay cada vez más gente que consume y se consume más. Eso lleva al consumo problemático. Al haber mayor accesibilidad para toda la población, la incidencia del consumo problemático es cada vez peor y no hay políticas públicas de intervención", repite.
"Esto nos está acorralando cada vez más", exclama. La falta de políticas deriva, según explica, en falencias en la atención. "Hay muy poca atención y la atención que hay está desbordada. Tampoco hay prevención sobre los consumos y se habla con mucho desconocimiento de lo que lo que se consume causa en el organismo", apunta y acota que el impacto de las sustancias no es lo mismo en hombres que en mujeres, por una cuestión fisiológica, y que tampoco es igual el impacto en un adulto o en un joven. "A nivel cerebral estas drogas -incluso el alcohol- tienen efectos, más aún en un cerebro en formación. Estamos hablando de que cada vez baja más la edad de los consumidores: los primeros consumos se dan entre los 12 y 14 años, que son cerebros en formación y los psicoestimulantes impactan en el desarrollo".
Consumo de drogas: entre la estigmatización y la normalización
Con una basta trayectoria en investigación social, Rodríguez Espínola arriesga que lo que se ve no es tanto una estigmatización como una "negación social respecto al consumo". "Hay una idea de que si yo consumo no va a pasar nada, hay una resistencia a reconocer el consumo como tal. Se nota menos en las clases bajas, donde hay una posición más sincera, por decirlo de alguna manera, de mencionar o hacer frente a una situación de consumo problemático o adicción", dice.
Y agrega que hay algo social que es muy impactante y que tiene que ver con cierto individualismo o liberalismo. "Estamos en una sociedad en la que cada vez es más fuerte la idea de que lo que vos hacés con tu vida es problema tuyo. Y esto atraviesa tanto al Estado como a lo social que es donde más se repite esta idea de que los consumos no son problemáticos sino sociales. Creo que ese es el mayor problema", declara. Acota que en Argentina no hay una mirada negativa del consumo sino que "somos un país en el que el consumo está vinculado a una cuestión personal o individual".
Insiste en que urge hacer algo y que es mucho el camino que hay que recorrer en prevención y lucha contra las drogas porque "son muchos los años en los que no se ha hecho nada". Coincide con el llamado de la Iglesia Católica Argentina: "Sí, la droga mata: no podemos permitirnos pasar por alto esta tragedia y tantas otras que transcurren todos los días. Hay que hacer memoria y aprender juntos a convivir con este dolor, allí donde hay heridas, que no van a cerrar nunca", empieza diciendo el comunicado del Episcopado.
En esa carta, llaman la atención sobre cómo el consumo que muchas veces comienza siendo recreativo se convierte en problemático: "Podemos escuchar o también nos podemos 'hacer los sordos'. Podemos oír tantas noticias en torno a este gravísimo hecho, así llamado 'caso de la droga adulterada', como si existiera una 'droga legítima'. Muchos alzan sus opiniones diciendo que se legalice la droga. Escuchando a tantos pibes y pibas de nuestros barrios, lo que comenzó como un pasatiempo, una probada, termina siendo un espiral de violencia, abandono escolar, situación de calle, muerte. La despenalización del consumo, la legalización de las sustancias, solo traerá más consumo y marginalidad. Seguramente se instalará en la sociedad que las drogas legales no hacen daño: las drogas matan siempre", reflexionan los sacerdotes con la sabiduría de quien está, muchas veces, en la primera línea de acción.