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Son descendientes de armenios y emprendieron para compartir la pasión por las tradiciones de su pueblo

Empezó siendo una vieja casona donde se congregaban a los primeros armenios. Marcelo y Tomás, dos descendientes de inmigrantes, decidieron reabrirlo y continuar compartiendo su cultura y cocina milenaria

Marcelo Agop Dicranian (55) y Tomás “Tommy” Alejandro Tzeranian (58) se conocieron años atrás en el barrio de Once. Ambos eran comerciantes y de tanto compartir almuerzos se formó una gran amistad. A pesar de que ninguno de los dos es gastrónomo, hace 9 años empezaron a soñar en revivir un antiguo bar-restaurante en el corazón de Palermo.

Juntos relanzaron el Viejo Agump  que, después de sobrevivir a la pandemia, sigue difundiendo la cultura y la comida armenia a quien elija atravesar sus puertas.

El Karny Yareg es un plato de berenjena rellena con carne picada y base de salsa roja acompañado con guarnición pilav (arroz salteado en manteca con cabellos de ángel)

Aunque comenzaron su tarea hace no mucho tiempo, el restaurante tiene años de historia. “Agump" significa "club" en armenio y el nombre hace referencia a que la antigua casa donde se halla el restaurante solía ser el lugar de encuentro para inmigrantes armenios. Esta zona fue desarrollándose como eje de la comunidad y hoy hay colegios, iglesias e instituciones armenias repartidas por el barrio. En 1992 el club se transformó en un bar-restaurante y conservó el nombre.

La razón por la que varios armenios viajaron, a principios del siglo pasado, a la Argentina tiene una trágica explicación: venían escapando del genocidio armenio. Uno de los dueños del Viejo Agump, Marcelo, nació en Argentina, más precisamente en Villa Crespo, y es nieto de sobrevivientes del genocidio. Cuenta que su abuela vivió hasta los 106 años y que, además de contarle de cómo vivió la época del genocidio, le transmitió las tradiciones de su pueblo y le contagió su amor por la cultura armenia.

Lucin Beredjiklian de Khatcherian, una de las últimas sobrevivientes del Genocidio Armenio, falleció a los 106 a principios del 2019.

Tomás, otro de los dueños, cuenta que sus abuelos fueron refugiados en Grecia en la época de la persecución. Después de la Segunda Guerra Mundial vinieron a la Argentina y se instalaron en el barrio de Lanús, en la provincia de Buenos Aires.

“Las primeras migraciones fueron a países límites, luego empezaron a irse más lejos, incluso algunos habrán llegado equivocados a la Argentina, pensando que toda América era como Estados Unidos”, cuenta Marcelo. La primera corriente migratoria armenia fue de 1915 hasta 1929, en la etapa más dura del genocidio. La segunda oleada fue después de la Segunda Guerra, junto con varios inmigrantes de otros países que escaparon de la guerra. Para ese momento ya había una comunidad formada en Buenos Aires.

 Sarmá, niños envueltos rellenos de arroz.

“Mi abuela viajó en el año 1927 con dos hermanos ya viviendo en el país. Vivían en un conventillo en Palermo. Este barrio fue un destino que eligieron muchos armenios”, cuenta Marcelo. En cada habitación había una familia, y a medida que se desarrollaron se fueron expandiendo por el barrio. “Mi abuela siempre estuvo eternamente agradecida de la Argentina. Amaba este país que le permitió formar su familia, trabajar y desarrollarse”, recuerda con nostalgia Marcelo. 

Tomás narra una situación similar con sus padres: “Me decían a mí y a mis hermanos que no sabíamos lo que era pasar hambre, que teníamos que agradecer el pan de todos los días. Ellos también estaban muy agradecidos por cómo los recibió el país”.

Para estos inmigrantes que escaparon del genocidio fue muy importante transmitir legados a las generaciones que nacieron fuera de Armenia. “Mi abuela particularmente transmitía la cultura armenia con la cocina. El armenio es muy buen anfitrión, te agasaja, incluso pueden ofenderse si no se quedan a comer”, se ríe Marcelo. Pero también cuenta que a su abuela le encantaba aprender de otras comunidades. También preparaba comida italiana o española y cocinaba según lo que le pedían los vecinos.

El Mahmara es un pure´ de morro´n rojo

Esta comida típica es la que se prepara en el Viejo Agump. “Nosotros crecimos con estos olores, no es algo que adoptamos. Para nosotros era la comida de todos los días”, explica Tomás.

También son conscientes de que la lengua es otra forma de transmitir la cultura armenia. “Si bien es difícil mantener un idioma que es completamente distinto al español, nuestros abuelos insistieron mucho en no perderlo”, cuenta Marcelo.

Tomás, además de dirigir el restaurante, tiene una banda de música armenia, también griega, pero es capaz de interpretar a Sandro si el público lo pide. “Tocamos en casamientos y eventos de la colectividad. Nuestra base siempre fue mantener la cultura armenia a través de la música, así como nosotros lo hacemos a través de la comida y otros a través de la danza”, explica.

"Nor Arax", banda a la que pertenece Tomás desde 1972.

En la Argentina hay alrededor de 150 mil armenios quienes se fueron aglutinando en diversos barrios. Gran parte de ellos se instalaron en Valentín Alsina, otros tantos en los barrios de Flores, Belgrano o Vicente López, pero Palermo es -si duda- el corazón de la comunidad donde construyeron la catedral armenia. Y es precisamente en ese barrio, sobre la calle Armenia, donde se encuentra hoy Viejo Agump.

“La pandemia nos enseñó mucho y estamos en un buen momento. Es un trabajo de muchas horas y dedicación, y agradezco que esté Tommy para compartirlo. Ambos tenemos los mismos valores, la forma de tratar a la gente, como nos gusta que sea el lugar y querer transmitir esta cultura milenaria que compartimos”, agradece Marcelo.