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Dejémonos de joder con Lionel Messi

Estamos ante lo que puede ser la última función de Lionel Andrés Messi con la Selección argentina, a pesar de que muchos se cansaron de decir "dejémonos de joder con Messi".
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Cuántas veces escuchamos en la tele, la radio o en charlas de amigos la frase "dejémonos de joder con Messi". Seguramente fueron infinitas y en más de una oportunidad se generaron debates acalorados entre los detractores y los defensores del rosarino.

"Messi no le ha dado nada a la Selección argentina", "Messi es un pecho frío", "Messi se esconde en los partidos importantes", "Messi solo juega bien en el Barcelona (en su época de mayor brillo)". Frases que nos taladraron la cabeza una y otra vez. Frases que por estas horas vuelven para, a los defensores del 10, hacernos relamer de felicidad por cada vez que las escuchamos.

Lionel Andrés Messi, aquel pibito que se fue de Rosario con un destino incierto como lo era Barcelona, hoy nos ha hecho ilusionar, y eso que ya tiene 35 años, una edad en la que muchos colgaron sus botines. Pero, de la ilusión vivimos y hacia la ilusión vamos. Y esa ilusión tiene 5 letras, las del apellido del jugador más grande de la historia del fútbol.

Ganador de todo lo que jugó, salvo el Mundial de mayores (claro, tiene uno de juveniles), quiere más y su obsesión por la Copa del Mundo es la de todos nosotros, hasta la del que, desde la comodidad del sillón de su casa, se cansó de repetir "dejémonos de joder con Messi". Entonces, ¿por qué no ilusionarnos junto a él?

No es tan difícil hacerlo. Sus números en este Mundial de Qatar 2022 nos invitan a abrir la puerta al menos por un partido más, el del próximo viernes ante Países Bajos (iba a escribir Holanda, por una cuestión de costumbre). Desde que comenzó la cita mundialista, el astro de la Selección argentina es el único jugador nacional en disputar 5 mundiales; es el jugador albiceleste que más partidos ha jugado en esta competencia con 23 actuaciones; ante Australia igualó a Diego Maradona con 16 partidos como capitán del seleccionado en copas del mundo; es el argentino con más minutos jugados en mundiales, superando, ante los Socceros, a Javier Mascherano; y, no conforme con todo eso, es el único jugador de la historia en tener al menos una asistencia de gol en 5 campeonatos.

Nada mal, ¿no? Aparte, Lionel Messi, que ante Australia alcanzó su partido número 1000 como jugador profesional, está a solo un gol de igualar a Gabriel Omar Batistuta como máximo artillero argentino en copas del mundo. Leo tiene 9 pepas, una menos que el Bati. ¿Se dará ante Países Bajos? Ojalá que sí, no solo por el récord, sino porque un gol de Messi en cuartos puede significar un pasaje a semifinales.

Cómo no ilusionarnos si Messi lo está. El crack nos ha hecho volver a sentir la pasión por la camiseta. Ante Australia fue puro potrero y por eso nos ha hecho, como aquel primer amor, sentir mariposas en la panza. Nos ha hecho emocionar con cada gambeta, con cada pase. Nos ha hecho sufrir con cada patada recibida porque si le pegan a él, nos pegan a más de 40 millones de argentinos. Y nos ha hecho desgarrar la garganta con sus, hasta ahora, tres goles en el Mundial de Qatar.

"Messi se esconde en las difíciles". Permitime decirte, a vos, que lo criticabas mientras tenías en control remoto en la mano, que Messi no se esconde, que Messi con 35 años está dando una cátedra de fútbol, que Messi siempre sintió la camiseta más que ninguno, a pesar de que la suerte con la Selección argentina muy pocas veces estuvo de su lado.

Varias finales de Copa América; un subcampeonato del Mundo; recuerdos que ya quedaron atrás, porque hoy Messi está jugando sin presión, pero por sobre toda las cosas porque tuvo la posibilidad de hacer callar a esos que decían "dejémonos de joder con Messi".

Y sí, el exitismo argentino es cruel. Y lo es con los que no tiene que serlo. De todas formas, la Copa América del año pasado y la Finalissima sirvieron para renovar la ilusión de Messi quien está cerca de cumplir el mayor sueño de su vida, el que quiere todo jugador de fútbol.

Ante Australia, Messi fue maradoniano. Abrió el partido con un gol de antología; buscó la pelota; gambeteó rivales; sirvió dos o tres claras de gol; se divirtió. Y nosotros con él, ahí metidos adentro de la cancha, sufriendo, gritando, mordiéndonos las uñas, divirtiéndonos como el 10.

Ahora se viene Países Bajos. Messi mira para atrás y ve los recuerdos de Alemania 2006; Sudáfrica 2010; Brasil 2014 y Rusia 2018. Y seguramente ve a sus viejos compañeros. Ve su crecimiento personal. Ve que esta puede ser su oportunidad, no solo por su nivel, sino porque ve que detrás de él hay un equipo sólido y que, al menos hasta Australia, y sin contar el cachetazo ante Arabia Saudita, da garantías.

Desde el Dibu Martínez abajo de los tres palos; la solvencia de Nicolás Otamendi y los defensores; pasando por la calidad de Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y el Huevo Acuña; el cuidado de espalda que hace Rodrigo de Paul; hasta la picardía de Julián Álvarez; Leo sabe que tiene espalda para ilusionarse con lo que nos ilusionamos todos: verlo el 18 levantar la Copa del Mundo.

Podría seguir escribiendo razones, pero me quedo con la frase con la que comencé: "dejémonos de joder con Messi", disfrutemos de lo que puede ser su último gran concierto con la celeste y blanca.