El ranking que Argentina lidera y la paradoja de las leyes no cumplidas

El ranking que Argentina lidera y la paradoja de las leyes no cumplidas

Hoy es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. El país figura en América Latina como el que presenta la mayor cantidad de leyes y normas tendientes a la inclusión social y a la garantía de los derechos humanos, pero la realidad muestra que esto aún no se traduce en lo concreto.

Zulema Usach

Zulema Usach

Desde la ventana de la sala donde hace las tareas, Marcos (nombre ficticio) mira hacia afuera pensativo. Aún no comprende por qué ya puede ir a la escuela y compartir el aprendizaje y los juegos junto a su seño y compañeros de quinto grado. Su mamá ya golpeó todas las puertas posibles para que su hijo recientemente diagnosticado con asperger pueda seguir asistiendo a clases. Mientras, en una oficina pública, una joven hace lo posible para hacerse entender. Nadie en el lugar aprendió a expresarse con lenguaje de señas. En simultáneo, un joven intenta subir al colectivo para llegar a su trabajo en una parada del centro. Debe esperar el siguiente: la rampa del vehículo está trabada. Hace ya muchos años que no funciona. En el mismo día, Rogelio, que depende de la pensión que otorga el Estado, sale a pedir a sus vecinos un poco de azúcar y unos saquitos de yerbeado. No le alcanza para comer y sus hermanos este mes, no llegaron con la ayuda que habitualmente le dan a su hermano con síndrome de down. Escenas de este tipo, vividas por personas con discapacidad, pueden ser descriptas de manera infinita, apuntando a cualquier punto cardinal de Argentina. 

Solo con atender a las situaciones que a diario deben afrontar millones de personas y sus familias, es posible advertir que el país está aún muy lejos aún de lograr que las normas establecidas para garantizar sus derechos humanos fundamentales se traduzcan en términos reales. En un informe dado a conocer por el Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos de la Unesco, Argentina aparece en el mapa Latinoamericano como el Estado que cuenta con más leyes y normativas tendientes a la inclusión de las personas con discapacidad.

Se trata del marco legislativo más abarcativo de la región y en suma, establece la regulación en todas las áreas (salud, educación, vivienda, transporte, acceso a las pensiones y cupo laboral, entre otras) para hacer real esa garantía de acceso a una vida plena, con igualdad de posibilidades. Aquí la paradoja, pues justamente este jueves en el Obelisco, miles de personas y sus familias se concentraron para marchar hacia el Congreso. Buscaron, una vez más, hacerse oír. Asistieron con banderas argentinas en mano. Quieren que la lista de esos derechos citados en leyes y normas internacionales sean un hecho.

Una lucha que durante este año que finaliza resonó en todos los rincones del país a lo largo de los meses: niños, adultos y adultos mayores se estaban quedando sin la cobertura necesaria para sus tratamientos y sobre ellos pesaba el recorte más duro de un país que no logra salir de una crisis que parece haberse enquistado. En otras provincias, como Mendoza, las entidades que luchan por la defensa de los derechos de miles de personas y sus familias también buscarán llegar a la sociedad y a los legisladores con un mensaje de visibilización, con una jornada tendrá lugar este lunes desde las 10 horas en la Legislatura Provincial.

Este lunes a las 10 en la Legislatura Provincial se realizará una jornada de visibilización sobre las problemáticas que hoy afrontan las personas con discapacidad.

Hoy es el Día Mundial de las Personas con Discapacidad. Desde 1992. La fecha fue declarada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Este año, el lema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es: "Soluciones transformadoras para un desarrollo inclusivo: el papel de la innovación para impulsar un mundo accesible y equitativo". Sin embargo, el camino hacia ese objetivo está por lo menos en Argentina, aún muy difuso. "El otro día me dijeron en una reunión: lo que pasa es ustedes pasan desapercibidos para la sociedad. Y yo le respondí: ¡Qué raro! Porque en realidad somos justamente las personas con discapacidad las que salimos a la calle para reclamar por nuestros derechos y tenemos que movilizarnos con bombos, banderas y pancartas para que nos escuchen. En realidad, cuando nuestros derechos humanos se respeten, entonces ahí vamos a pasar desapercibidos. Porque no tendremos que aclarar lo obvio: que somos personas ".

La situación que describió una referente que trabaja en defensa de los derechos humanos, se postula como la síntesis de todo aquello que falta en el país. No para estar a la vanguardia de la región. Sino, básicamente, para que el acceso a esos derechos sea para todas las personas por igual. Hoy, son miles las familias que deben afrontar las trabas de un sistema que no responde en tiempo y forma a todas las necesidades. Nacer con una discapacidad (de tipo sensorial, motriz, intelectual o sensorial) o desarrollarla a lo largo de la vida (como consecuencia de un accidente o como consecuencia de un cuadro desencadenante de discapacidad), implica hoy en Argentina una lucha diaria en la que las familias suelen verse inmersas en situaciones de cansancio extremo; de angustia y frustración frente a las trabas diarias, impuestas en una sociedad que se sabe "inclusiva" pero que todavía mira con ojos de sorpresa o pena al joven que habla fuerte en el banco porque está intentando que entiendan su pedido. En realidad, la pregunta de fondo, sería si todas las personas por igual deben incluirse en esa posibilidad latente de vivir con una discapacidad. Por en realidad, hay que decir que nadie queda exento de ello.

Pobreza, discriminación y exclusión

Las barreras existen pese a los aislados avances logrados. Madres y padres, con angustia, pero también con esperanza, dejan su corazón para dar lo mejor a sus niños y niñas, que requieren de terapias y atención médica concreta. La plata para esos abordajes muchas veces se paga en forma privada, en el mejor de los casos. Otro tanto, tal vez miles de personas, se quedan fuera de esa posibilidad. Son pobres e indigentes. En los barrios más vulnerables, las personas que trabajan para paliar el hambre y las necesidades cotidianas (desde falta de agua y comida hasta camas, colchones y condiciones adecuadas para vivir) aseguran que los adultos mayores que por diferentes motivos no pueden caminar o movilizarse, están en peligro de muerte de manera constante. ¿La causa? El abandono extremo. Las pensiones destinadas a las personas con discapacidad otorgadas por el Estado, tampoco alcanzar a cubrir necesidades básicas: están muy por debajo de lo que indica la línea actual de la indigencia.

Las personas que viven con una discapacidad en Argentina experimentan una gran cantidad de obstáculos para desarrollarse. 

Hoy, miles de mujeres con discapacidad son maltratadas por su entorno de manera silenciada y casi sin posibilidades de defensa: forman parte de las trágicas listas de femicidios, pero esa situación casi no trasciende. Solo por citar un ejemplo, solo en Mendoza, en 2022 ocurrieron cuatro asesinatos contra mujeres con discapacidad. Mujeres vulnerables y vulneradas en todos sus derechos humanos fundamentales. Olvidadas y abandonadas en manos de sus agresores. Hoy, en las escuelas cuesta escuchar que la inclusión es una posibilidad para todos los niños, niñas y adolescentes por igual. Hay todavía pequeños que se quedan fuera del sistema, haciendo las tareas desde casa y alejados de su posibilidad de socialización. ¿Por qué? Porque aún falta capacitación y mecanismos de respuesta concretos en las instituciones. Porque existen demoras para que por ejemplo, las obras sociales den por autorizada las prestaciones a los acompañantes terapéuticos. La burocracia y las demoras en los destinos de los fondos complejizan el acceso a este derecho clave.

Palabras y actitudes que agudizan brechas

Hoy, aún hoy, las personas con discapacidad sufren de actitudes discriminatorias con solo transitar por la calle, intentar hablar con alguien, sentarse a tomar un café o tomar un colectivo. La posibilidad de acceder al mercado laboral, pese a la existencia del cupo establecido en la Ley Nacional N° 25.689, todavía sigue siendo algo así como una utopía: a las personas con discapacidad se las deja aún limitadas a trabajos precarios, inestables y mal pagos, en los que implícitamente el mensaje es de por sí, limitante. Hoy Argentina no sabe con exactitud cuántas personas con discapacidad hay. En realidad, se estima que son 5 millones, pero en el último censo no se las incluyó. 

Pero hay mucho más. Los eufemismos, las descalificaciones, los malos tratos siguen pesando sobre las personas con discapacidad. Y siguen marcando distancias, aumentando brechas. Porque las palabras, claro está, transforman, definen. Las palabras cambian realidades desde el discurso. La palabra discapacidad, aún hoy, sigue siendo un término al que muchos observan con temor, como "eso" que no se debe pronunciar que todavía en estos tiempos hasta es motivo de incomodidad. Tener una discapacidad, de hecho, no implica que el resto de las capacidades no estén potenciadas. Todo lo contrario. 

Reza textual el inciso 23 del artículo N°75 de la Constitución Nacional. "Legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos, en particular respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad". Hoy y mañana, así como sucedió a lo largo de todo este año que finaliza, serán millones las personas que seguirán abogando para que la palaba "real" pronunciada en ese artículo de nuestra Ley Madre adquiera todas sus dimensiones posibles. ¿Tendrán que volver a salir a la calle para mostrar que las limitaciones están impuestas por el propio sistema? Ojalá que no. 

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