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¿Por qué los argentinos tienen que pagar los hoteles tan caros?

En estas vacaciones, una de las principales quejas de los turistas es el alto valor de las tarifas hoteleras. Un informe destaca que el aumento en este rubro fue el mayor en una comparación con otros 35 países. Las causas de esta situación tiene que ver con cuestiones económicas y políticas.

Un informe publicado hoy por MDZ revela que los precios de restaurantes y hoteles de la Argentina son los que más aumentaron en el mundo. Según el estudio, que se basa en un relevamiento entre 35 países, el incremento interanual nominal fue de 106,3%. En segundo lugar quedó Turquía con 80,3%. 

Si se mide en base a los precios relativos (es decir, cuánto de más se requiere de otros bienes o servicios para pagar, por ejemplo, la misma habitación de hotel) la suba fue de 7,2%, en el último año, mientras que en otros países el alza fue de sólo 0,5%. 

Esto confirma los datos que vino dando el Indec en los últimos meses que ponía al rubro hotelería – junto con indumentaria – a la cabeza de los que más aumentan mes a mes. Incluso, por encima del índice de costo de vida. 

Esto significa que la inflación en hotelería, impulsada por una fuerte demanda turística, es mayor al promedio general y hace que los consumidores sientan que las tarifas de los hoteles resulten caras. 

La explicación de esta situación tiene que ver con una distorsión que hay en el mercado y que es impulsada por diferentes medidas del Gobierno nacional. 

Tal vez, la más importante tenga que ver con el valor del dólar y el exceso de impuestos para quienes viajan al exterior. Las causas de este escenario se encuentran en cuestiones económicas, pero también políticas. 

Desde que asumió el presidente Alberto Fernández, su gestión estuvo marcada por la falta de divisas. La balanza cambiaria en materia turística es deficitaria por lo que la salida de argentinos del país es un dolor de cabeza para el Banco Central. 

Por este motivo, se fueron disponiendo distintas medidas para desalentar el turismo emisivo. El impuesto “PAÍS”, la percepción anticipada a cuenta del Impuesto a las Ganancias y el más reciente “dólar Qatar” fueron encareciendo los viajes al exterior. 

Otra medida en ese sentido fue la prohibición de la venta de pasajes o servicios al exterior a través del pago en cuota con tarjetas de crédito. 

Con un peso que se devalúa constantemente y el fuerte recargo impositivo, viajar fuera del país queda limitado para muy pocos. 

Esto hace que un gran sector de la sociedad, que solía hacer turismo en otros países, deban optar por destinos nacionales. Así, la demanda interna está artificialmente  estimulada lo que permite a los empresarios del sector aprovecharse de esta situación aumentando sus precios por arriba de niveles razonables. Una buena figura que se utiliza para definir lo que sucede en este rubro es la de “cazar en el zoológico”. 

A esto hay que sumarle que, como consecuencia de la pandemia y las dificultades del mercado argentino, varías líneas aéreas extranjeras dejaron de volar desde la Argentina lo que hace que haya menor oferta de asientos y, por consecuencia, precios más altos. 

Si se compara con 2019 – período previo a la crisis del covid y a la asunción del actual gobierno – la actividad aérea internacional está 24% por debajo del nivel de aquel año. 

Gran parte de los argentinos que no está viajando fuera del país, presiona sobre el turismo interno con mayor demanda ante una oferta que no crece. 

Paralelamente, el valor del dólar y la amplia brecha cambiaria con el “blue” es un estímulo para los turistas extranjeros que ven baratos los precios internos. En los destinos más visitados por estos turistas, las tarifas hoteleras que ajustan a los bolsillos de los extranjeros y se fijan directamente en dólares. Para los argentinos que cobran en pesos esos valores se hacen inalcanzables. 

A estos factores económicos, se suman otros de carácter político. 

Desde el inicio de la actual gestión hubo un enfrentamiento contra sectores de la sociedad de clase media y alta. Apenas desatada la pandemia, se señaló a los argentinos que viajaban como los culpables de los contagios, se persiguió a surfers y a los porteños que corrían por las plazas. 

Esta visión ideologizada también explica el castigo fiscal que se aplica sobre el turismo al exterior que excede las razones económicas. 

En contracara se ponen las políticas activas que se dispusieron para alentar el turismo interno. El caso más notorio es el programa de PreViaje en sus distintas etapas. 

Si bien, en un principio, podía entenderse como una medida ayuda a un sector muy golpeado por la cuarentena, desde hace más de un año carece de sentido. Para colmo, se prometió hacer una nueva edición de este programa en 2023. 

Mientras desde funcionarios nacionales se resaltaban los altos niveles de ocupación hotelera en vacaciones o en los promocionados fines de semana largo, se seguía estimulando al consumo con subsidios que agravan el déficit fiscal. 

En el caso puntual del sector hotelero, lo que generó esta política es una mayor inflación por esa demanda estimulada. Eso es lo que refleja el estudio publicado hoy en MDZ. 

Un público cautivo y la falta de competencia, más subsidios innecesarios, hacen que los precios suban por arriba del promedio y que los consumidores sean los que se perjudiquen.