Primera mesa navideña y la ley de la vida
Es increíble cómo las generaciones anteriores nos nuclean: ¡qué importantes son los abuelos!! Los ocho hermanos nos encontramos este año sin los referentes de arriba, nos toca experimentar la orfandad y ya dejar de mirar para arriba para ver para los costados, como si nos hubieran sacado el techo o el paraguas protector. Y es un sentimiento extraño…
Acercándose estas fechas, un hermano mío se animó a hacer la pregunta que no nos atrevíamos a hacer en voz alta: “¿Y esta navidad… qué hacemos?”. Sólo unos instantes bastaron para que brotara la respuesta unánime: “¡Nos juntamos igual!”. Esto me dejó pensando en papá y mamá, en que toda su vida trabajaron para que exista verdadero cariño, respeto y unión entre hermanos.
Quizás por historias familiares complicadas, ellos siempre entendieron que el regalo más grande que nos daban era una familia unida y fuerte. Ya desde chiquitos, en nuestras naturales peleas, nos enseñaron a reconocer nuestra parte de responsabilidad, a pedir perdón y a perdonar de corazón. Su mensaje fue claro: nada es tan importante que pueda justificar perder la unión familiar.
Esto no quiere decir que no haya desacuerdos, o que pensemos todos igual, sino que nos respetamos y queremos por encima de todo. Me atrevo a proponerles algo: pararnos a pensar en estos días y ver si no hay algo de lo que tengamos que pedir perdón, si no hay un rencorcito guardado de alguna ofensa que debamos perdonar, y aunque no nos perdonen o ya no podamos hacerlo verbalmente, que lleguemos con el corazón liberado a estas fiestas.
Me alegra pensar que estar Navidad nos juntamos, pero no sólo para compartir la mesa navideña, sino en una unión más profunda, de cariño sincero, a pesar de que alguno (por las distancias) no pueda estar físicamente. Y sé que, de esta manera, mi papá y mi mamá van a estar reunidos con nosotros frente al Pesebre.
¡Muy feliz navidad para todos!
* Clara Vacarezza esposa y madre de 5 hijos.