La crisis de motivación en la escuela secundaria
Un estudio nacional revela las principales preocupaciones de docentes y directivos y expone consensos y límites para transformar la escuela secundaria.
La escuela secundaria argentina atraviesa un momento de profundos debates sobre su futuro.
Archivo.La escuela secundaria argentina atraviesa un momento de profundos debates sobre su futuro, marcado por una expansión del acceso que no ha logrado resolver tensiones estructurales en el día a día escolar. Un exhaustivo estudio nacional titulado "Repensar la escuela secundaria: Problemas, resistencias y reformas posibles desde la mirada de docentes y directivos", elaborado en conjunto por la Asociación Conciencia y el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, revela de manera inédita qué piensan quienes sostienen el sistema educativo en las aulas cotidianas.
A partir de una encuesta a nivel federal aplicada a docentes y directivos, la investigación expone una cruda radiografía de las carencias del sistema, pero también traza una hoja de ruta con importantes consensos y tajantes resistencias frente a las reformas en agenda.
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La "paradoja educativa" se traslada a los docentes
Uno de los hallazgos más singulares del informe es la confirmación de la "paradoja educativa" entre los propios profesionales de la educación. Históricamente asociada a las familias, esta contradicción muestra que los educadores proyectan una mirada significativamente más crítica sobre el sistema nacional en general que sobre su propia institución. En una escala del 1 (muy desfavorable) al 5 (muy favorable), la situación de la escuela secundaria en la Argentina obtiene una nota promedio de 2,5 puntos. Sin embargo, al evaluar la realidad de su escuela particular, la calificación asciende a 3 puntos. Esta brecha de 0,5 puntos se estira de manera drástica en el sector de la gestión privada, alcanzando una distancia de un punto completo (2,4 nacional frente a 3,4 en la escuela propia). En la otra vereda, las escuelas situadas en contextos de nivel socioeconómico (NSE) bajo registran la evaluación institucional más deprimida de todo el estudio, con apenas 2,7 puntos.
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Desmotivación y ausentismo: las alarmas del aula
Al indagar sobre las problemáticas cotidianas que afectan la vida institucional, la desmotivación estudiantil emerge como el diagnóstico más alarmante y transversal. No distingue entre escuelas ricas o pobres, urbanas o rurales: el 82,3% de los encuestados afirma que la falta de interés de los alumnos frente a las propuestas de enseñanza es un problema de peso.
El podio de las preocupaciones que integran el "ranking de gravedad" nacional se compone por:
- Falta de motivación e interés en los estudiantes (56,8%).
- Inasistencias de los estudiantes (41,6%).
- Falta de exigencia académica en las propuestas de enseñanza (40,7%).
El ausentismo no golpea a todos por igual. El problema de las inasistencias de los alumnos trepa al 79% en las escuelas de gestión estatal y alcanza su pico más dramático en los sectores de NSE bajo, con un 84,3% de menciones problemáticas. Por otro lado, casi uno de cada dos educadores (43,9%) señala que el ausentismo del personal docente representa un escollo para la continuidad pedagógica, una cifra que asciende al 49,5% en las instituciones estatales.
Consensos: metodologías activas y evaluación nacional
Frente a este escenario de desencanto estudiantil, existe un contundente consenso a favor de la renovación pedagógica. El 74,2% de los educadores respalda la necesidad de profundizar el uso de metodologías activas (como el Aprendizaje Basado en Proyectos). Esta demanda de flexibilidad dialoga de forma directa con otra crítica: el 62,1% sostiene que la rigidez de la currícula oficial opera hoy como una limitación para introducir innovaciones en las aulas. Respecto a uno de los debates más ruidosos del último tiempo —el uso de dispositivos digitales—, los docentes descartan la prohibición total. La opción mayoritaria, con un 41,6% de apoyo, es la integración pedagógica planificada del celular en las actividades de clase, una postura que se profundiza en las escuelas rurales (55,8%) y en los entornos de NSE bajo (51,4%).
Asimismo, otra de las sorpresas del informe es el robusto apoyo a la cultura de la evaluación. El 65,2% del personal educativo se declaró a favor de implementar una prueba nacional estandarizada y opcional al finalizar la secundaria para medir aprendizajes en áreas troncales como Lengua, Matemática y Ciencias. Este respaldo es especialmente alto en los sectores de NSE medio-alto y alto (72%) y en los colegios privados (72,7%).
Autonomía institucional: una oportunidad bajo la lupa
La posibilidad de dotar a los establecimientos de mayor margen de decisión propia despierta grandes expectativas. El 91% de los encuestados identifica al menos un área escolar que se vería beneficiada por una mayor autonomía institucional. El área más aclamada es la organización de las prácticas educativas vinculadas al mundo del trabajo, donde el 72% augura un impacto positivo. No obstante, los educadores marcan un límite claro frente al poder discrecional de las autoridades : dimensiones de índole laboral o contractual generan severos reparos. Por ejemplo, la posibilidad de que los equipos directivos tengan autonomía para la suspensión o separación del personal educativo registra la mayor tasa de rechazo y cautela, reuniendo un 23,9% de opiniones que prevén un empeoramiento de las condiciones escolares.
La repitencia no se toca y límites a las familias
El informe deja en claro que el debate sobre el régimen académico sigue abierto y despierta tensiones insoslayables. El 60,8% de los educadores manifestó su rotundo desacuerdo con reemplazar la repitencia tradicional por un sistema de aprobación por materias. Esta resistencia a modificar las reglas históricas de promoción se endurece en las escuelas privadas (71,4%) y en el AMBA (68,2%). En contraste, en las escuelas rurales ( 47,8%) y entre los cargos directivos (48,5%), se registra una mayor apertura a flexibilizar este mecanismo. Por último, el rol de los padres en el gobierno escolar traza otra línea divisoria insuperable. Aunque el 58,2% de los docentes lamenta un bajo involucramiento actual de las familias en las trayectorias de los jóvenes, rechazan de plano otorgarles poder político dentro de la escuela. El 47,5% se opone a que un Consejo de Padres y Madres intervenga en las decisiones del Proyecto Educativo Institucional (PEI) , y un tajante 70,6% rechaza cualquier tipo de participación de las familias en la selección de los equipos directivos, considerándolo una competencia estrictamente profesional.
Una advertencia para las políticas públicas conlleva a que estudio concluya con una reflexión indispensable para las autoridades políticas y legislativas: la comunidad educativa argentina no es un bloque homogéneo. El tamaño de la matrícula —donde las escuelas de menos de 100 alumnos muestran mejor resiliencia y adaptabilidad a los cambios —, la región geográfica y las realidades socioeconómicas fragmentan las miradas. Cualquier intento de reforma uniforme y "enlatada" desde los ministerios estará, advierte el reporte, estructuralmente destinada al fracaso.
* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.



