¡Qué gran decisión, que nunca olvidaré!
Nos enrolamos ambos solicitando las entradas FIFA para primera fase y octavos pero no salimos sorteados (no conozco a nadie que haya sido favorecido). Por tanto, compramos vía la empresa comercializadora no sólo tickets sino las noches de alojamiento (si no, no podías comprar los tickets). Adquirimos los aéreos, pudimos pagar antes del “dólar qatar” y así pacientemente fuimos esperando a que llegara noviembre.
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Fue muy oneroso, costó mucho pagarlo. Sin embargo, no fue un gasto, fue una inversión. Llegamos a Doha el lunes 21 de noviembre, y el martes 22, presenciamos la maldición saudita. Cortamos clavos hasta el sábado 26 cuando, después de un primer tiempo para el olvido, en el que nos dolían los ojos, derrotamos a México en un segundo tiempo en el que definitivamente despertamos.
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Fueron pasando los días y además de ver los triunfos frente a Polonia y Australia, pudimos ver varios partidos de otros seleccionados. Estuvimos 3 semanas y aprendimos mucho, disfrutamos más. En primer lugar, disfrutamos la alegría de estar juntos, padre e hijo, en una fiesta mundial, donde interactuamos con distintas nacionalidades, razas, culturas, religiones, estilos, colores.
En fin, la universalidad humana en una sola ciudad. Hermoso, enriquecedor, valioso, formativo. Qué lindo es interactuar, dialogar, compartir con tantos otros con quienes muy difícilmente nos cruzaríamos en Buenos Aires. Anécdotas, a montones, desde ver a 10 hinchas de Argentina haciendo la cola detrás nuestro para ingresar al estadio 974 que de argentinos nada tenían porque eran de Bangladesh, hasta cruzarme con un médico indio viviendo en Doha por 8 años con su familia quien me dice, “te voy a sorprender” y me muestra en su celular las fotos de su camioneta japonesa blanca plotteeada por doquier con la selección argentina, con Messi, el Dibu, la bandera, etc.
Luego, disfrutar de la selección argentina y de la magia de Lio Messi y todo el equipo. Cuánto orgullo, sano orgullo. La hinchada que más alienta, que más sufre, que más vibra, que más vive. Maravilloso, espectacular, inolvidable. Y llegó Países Bajos. Qué manera de sufrir! Si no, no somos argentinos, no? Ganamos y decidimos volver.
Ya era mucho, mejor volver a los pagos. Aterrizamos el domingo 11 por la noche después de 24 horas de viaje portando la Celeste y Blanca que generaba felicitaciones y saludos por doquier. Una experiencia única. Indescriptible. Inigualable. Tomamos una gran decisión al optar por ir.
Una gran inversión: en relación padre-hijo, en cultura, en aprendizaje, en deporte, en seguir creciendo y madurando, en participar de un evento de clase mundial. Ayer derrotamos a Croacia y ahora nos espera la final. Dios nos permita ganar la tercera,
quiero ser campeón mundial.
Luego de ver los 5 primeros partidos de la Scaloneta, el domingo 11 regresamos a Argentina Si podés, andá a un mundial con tus hijos…harás una gran inversión.
* Alfredo Confalonieri