No es una sentencia, es falta de amor
Quizás hemos perdido referencia, como un velero cuando en el mar no tiene brújula ni tierra cerca. El traicionar la confianza genera una injusticia. Esa injusticia implica un desorden. El desorden va a contramano de la paz. Quien debiera buscar el bien, genera injusticia, confrontación y falta de paz.
Cuando se asume tal responsabilidad de representación, de conducción, donde se influye en la vida de tantas y tantas personas, su visión “personal” debiera casi desaparecer. Diluirse en el proyecto común, en el bien común.
La idea de crecimiento propio debe transformarse en puro servicio, en herramienta para que otros, quienes han confiado, mejoren su vida y sus perspectivas. Si por el contrario, solo hay autorreferencialidad y un proyecto casi idolátrico de la propia persona, se está faltando a la naturaleza misma de lo que debe ser un político.
En rigor no lo es, es un usurpador de título y de esperanza. Un mercenario del poder. Esto es más grave que ser un mero ladrón de bienes materiales.
Lo que mueve o deja de mover el mundo es el amor. Que puede ser ordenado o desordenado. Ocurre que cuando el amor es a uno mismo pierde su esencia. El amor verdadero siempre requiere de otro primero en mi vida. Adquiere una altura muy elevada cuando un político cumple su deber de entrega y por el contrario, una bajeza difícil de medir, de mezquindad imperdonable cuando teniendo la oportunidad de hacer el bien se utiliza un lugar de poder para propio provecho en detrimento de quien debe ser servido.
Los frutos de esta postura son de veneno y amargura. Como se ve en esta señora, se divisa en ella una frenética ambición y búsqueda de sostenimiento de poder. Ojalá que esta sentencia sirva en algún sentido de despertador, para no acostumbrarnos a esta perversión normalizada, donde el político se sirve de los ciudadanos. Todos hemos escuchado “roba pero hace”, cuidado con la responsabilidad nuestra, donde si transitamos esa línea de pensamiento, también nos hacemos parcialmente corresponsables. El deber nuestro es no acostumbrarnos y hacer valer nuestras voces y nuestro voto.
Recordemos al gran General José de San Martín: ” Hace más ruido un hombre gritando que cien mil que están callados”.
* Felipe Manuel Yofre es abogado y escribano. Padre de 8 hijos.